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«Vivir para contarlo», mensaje de Aspanovas en su aniversario

Aspanovas-Bizkaia cumple veinte años trabajando con las familias con niños y niñas con cáncer. Una enfermedad de la que las estadísticas dicen que hoy se sale en tres de cada cuatro casos. Pero como quedó ayer de manifiesto en la jornada celebrada en Bilbo, más allá de las repercusiones más o menos físicas, quien ha pasado por esa experiencia está «condenado» a aprender a vivir con ese recuerdo, incluidos los temores a una posible recaída.

Joseba VIVANCO |

David Rivera es médico residente de Pediatría del Hospital de Cruces. En ese mismo centro sanitario, hace algo más de 16 años, le diagnosticaron un linfoma de Burkitt. Contaba por entonces diez años y fue la primera vez que oyó hablar de la palabra cáncer. Ayer, ante familiares de niños y niñas que como él han pasado o pasan por esta dura experiencia, habló de su vivencia personal. Lo hizo en el marco de la jornada que la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Bizkaia-Aspanovas programó en el marco de su vigésimo aniversario.

Todo comenzó para él con aquel dolor en el lado izquierdo de la cara y aquel bulto posterior en el paladar, que le llevaron del dentista al otorrino, hasta acabar un día en Urgencias. «Parece preocupante», le evaluó la doctora. A partir de ahí, los acontecimientos se sucedieron. Lágrimas cuando oyó del médico que podía perder un ojo en la operación. Optimismo inicial tras la primera biopsia, el temible diagnóstico se confirmó con la segunda. Su traslado a la sexta planta, «donde había niños que estaban calvos y a uno le faltaba un brazo», fue el inicio de seis duros meses entrando y saliendo del hospital.

A finales de aquel año, 1993, le dieron el alta. «Me dijeron que ya no pintaba nada allí», sonríe, aunque el seguimiento continuó hasta cumplir los 18 años. «No sé si la enfermedad me marcó tanto como para decidirme luego a estudiar Medicina, pero de alguna manera ha influido en mi persona». David, hoy, sigue mirando atrás. No hay secuales físicas, pero «siempre he tenido momentos de miedo a recaer y sí que le das vueltas a la cabeza», reconocía ante el auditorio. «Lo que viene después de todo el tratamiento hay que trabajarlo», respondía él a una pregunta sobre esos miedos.

Entre el público, la doctora Aurora Navajas, de la Unidad de Hematología y Oncología Pediátrica de Cruces y todo un referente para estas familias. «Vivir para contarlo es por lo que todos luchamos», le recordó a David tras sus palabras. «Todos tenemos vivencias y ésas son las que nos hacen seguir. No eres un `agonías' por pensar en la recaída -le dijo-; la razón de esos miedos está en esas vivencias».

La doctora reconoció que «nadie puede ponerse en la piel del que lo está viviendo, pero tampoco hay que estar rememorando siempre lo malo». A juicio de esta profesional, «a David ni a nadie se le olvida lo que ha vivido, pero también hay que aprender a vivir con ello. Insisto, vivir para contarlo».

Lágrimas en familiares

El testimonio de este, hoy, médico en prácticas fue uno de los momentos emotivos de la jornada, en la que los socios de Aspanovas asistentes expresaron también sus dudas a los profesionales médicos que intervinieron y evidenciaron que cualquier cáncer, pero sobre todo el que sufre un hijo o una hija, sigue derramando muchas lágrimas cuando uno se desahoga o escucha a los demás hacerlo.

Aspanovas cumple veinte años en Bizkaia y sumando, porque la ciencia médica no va tan aprisa como se quisiera. Pero como recordó la sicóloga de la asociación, María Jesús Nicuesa, «nadie se ahoga por caerse al agua; lo que ahoga es quedarse dentro». Y del cáncer se sale.

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