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Maite Ubiria Periodista

La ventana indiscreta

Haití. 12 de enero de 2010. 23:04 horas. Un despacho de la agencia Reuters avanza que un seísmo de fuerza superior a 7 en la escala Richter ha sido registrado en las costas de Haití por el Instituto Geológico Americano.

Mundo occidental. 15 de enero de 2010. La ayuda de emergencia sigue sin llegar a los damnificados -hasta tres millones- por el seísmo más devastador de los dos últimos siglos en el país más pobre de América.

La memoria, afortunadamente, es selectiva. Y ello nos protege de los episodios más dolorosos de nuestra existencia. Sin embargo, esa panacea llamada internet nos permite recuperar los recuerdos con cierta facilidad. Con un somero viaje podemos así recomponer la película del sufrimiento consentido, y también del horror predecible.

La comunidad internacional, con la bandera azul de Naciones Unidas al frente, tiene una larga carrera de fracasos a sus espaldas. De los fiascos protagonizados por la noble institución tienen noticia ciertamente amarga los habitantes de Palestina, de Somalia, de Sahara, de Bosnia, de Ruanda, de Haití...

La amalgama es, por descontado, calculada. Y es que si no evocamos los fracasos políticos, corremos el riesgo de simplificar lo ocurrido, y lo que amenaza con volver a pasar en Haití.

Aferrándonos a la doctrina de la catástrofe, por lo demás incuestionable, podemos caer en la tentación de absolvernos de las responsabilidades que compartimos en la expansión premeditada de la injusticia.

Internet me socorre de nuevo. Pero no hay buscador capaz de dar señas de aquel famoso plan de esperanza para África que Clinton, convertido hoy en buque insignia de la intervención humanitaria en Haití, se sacó un día de la manga y que hoy duerme en un cajón.

Las estrellas del cine y la canción pergeñan quizás a estas horas un nuevo hit parade por Haití. La mirada de los niños de Darfur, a los que los ricos olvidaron al final del primer estribillo, delata sus intenciones.

Tenemos memoria y ello, en ocasiones, resulta aterrador. Porque esta historia la vivimos antes de que existiera google eart, antes de que se inventaran las giga-imágenes, antes de que nos dotáramos de tantos y tan sofisticados útiles con los que mirar, con la misma obscena y fría lejanía de siempre, a los empobrecidos de la tierra.

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