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CRÍTICA cine

«Cinco minutos de gloria»

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Mikel INSAUSTI

Es muy sintomático el que Oliver Hirschbiegel haya realizado su mejor película a la vuelta de su mayor fracaso, como si la mala experiencia vivida en Hollywood le sirviese de estímulo para regresar a Europa con ganas de desquitarse. Y, afinando aún más, también es elocuente que haya ido a hacer su obra maestra fuera de Alemania, alejado de las obsesiones derivadas del pasado belicista de su país. El cineasta ha aterrizado en Irlanda para arrojar luz sobre un drama de alcance, porque la mirada neutral del extranjero ayuda a comprender mejor los conflictos internos sin resolver. Está visto que el ser humano no sabe solucionar sus propios problemas, pero es capaz de mediar en los ajenos. “Cinco minutos de gloria” confronta a la víctima y a su verdugo en una experiencia única, en una terapia cinematográfica con resultados catárquicos, válidos como guía psicológica para el necesario cara a cara entre personas de bandos tradicionalmente opuestos.

Lo grande de “Cinco minutos de gloria” es que, incluso aquellos que no estén de acuerdo con su contenido, no podrán ponerle ningún pero a su perfeccionismo narrativo. El empleo del tiempo, marcado desde el prólogo a mediados de los 70 por el tic-tac del reloj, es determinante para describir hasta qué punto el contexto histórico llega a influir en el desarrollo de la vida de los ciudadanos. El unionista y el nacionalista irlandés de la película son como los protagonistas de “El duelo”, de Joseph Conrad, enfrentados a lo largos de los años como si esa rivalidad formara parte de su propia naturaleza. La pelea final en clave de western lleva el enfrentamiento personal hasta sus últimas consecuencias, dejando al descubierto la necesidad de decir basta, de acabar con una espiral de violencia que sólo conduce hacia el intercambio de un dolor insoportable y fuera de control. Liam Neeson está inmenso en su papel de ultra arrepentido y James Nesbitt se sale como el niño que quedó traumatizado al ser testigo del asesinato de su hermano en Lurgan.

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