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M. Carmen Basterretxea Doctora en Filosofía, Ciencias de la Educación y Antopología Social

«Sorgina» y transmisión cultural

En la cultura vasca, desde épocas pasadas, la figura femenina es la transmisora de su propia cultura y por lo tanto también es la que transmitió, en aquella época oscura de represión siglo XV-XVII, las creencias de su religión a sus hijos.

En el modelo femenino se establecen los trabajos domésticos, los trabajos relacionados con el del sistema productivo: agricultura, pesca, responsabilidades familiares, y la transmisión de: vínculos afectivos, rituales ante el nacimiento, enfermedad, muerte en la familia, lengua, el ámbito de las percepciones, mitos, leyendas, historias, sucesos, celebración de fiestas, creencias religiosas o creencias mágicas.

Esta transmisión se da en la socialización familiar y social. La mujer vasca enseña a sus hijos e hijas cómo se realizan y se transmiten todas estas cuestiones y las actitudes que conllevan en la convivencia diaria.

Hay que señalar que, en esta época y hasta hace bien poco, la estructura familiar vasca era de familia extensa; por lo que convivían varias generaciones de mujeres en la misma casa: abuela, madre e hijas. Esta convivencia es la que establece la transmisión de las actitudes en el modelo femenino vasco a lo largo del proyecto de vida en la cual se dan todas las etapas del ciclo vida de la mujer: nacimiento, niñez, juventud, madurez y vejez.

Con relación a las creencias, la figura principal y su representación social estaba establecida en la figura de Sorgina: mujer que mantiene la conexión con los espíritus, veneración de los antepasados y con conocimientos de hierbas para la protección de los males, enfermedades, purificación, predicciones, etc. Era una figura institucionalizada en la cultura vasca.

Ante la represión que ejerció la Santa Inquisición hacia dicha figura y en el País Vasco en la constitución y asentamiento del nuevo estado, cuya acción represiva se recrudeció en el siglo XV, es en este proceso cuando, desde el poder, se le arrebata a la palabra «sorgina» su propio significado. El significado de «creadora» o «hacedora», y se le atribuye el significado, que elaboró e inventó en este caso la Iglesia Católica, de bruja, la cual en los tratados de brujería es una persona que pacta con el Diablo. Esta labor se realizó desde la Inquisición, púlpitos, y por las propias autoridades de la época.

En este proceso, los vascos realizan un sincretismo con la religión institucionalizada: su «bien» depositan en el bien de la Iglesia y su concepto de «mal», cuyo significado es más próximo a dañar en defensa de la propia persona y colectivo en el cual no existía ni el Diablo ni Satán, lo depositan en su propia religión y en concreto en la figura de Sorgina, como dictó la Iglesia.

Esta figura, en dicho proceso, se ocultó de forma individual en el curanderismo intentando sobrevivir a «las acusaciones de brujería», entendiendo esta individualidad como figura no institucionalizada pasando a la clandestinidad; su actuación se mantenía en la ayuda mutua: curar las enfermedades de personas, animales, rituales para las cosechas, y protección frente al foráneo.

Esta actuación también fue perseguida; había que eliminar dicha figura para consolidar la institución Iglesia. Esto significaba eliminar toda creencia religiosa perteneciente a la cultura vasca, la represión fue brutal (Inquisición). En esta época, de constantes «acusaciones de brujería» presente en la legislación como delito, los curanderos se incorporaron a la Iglesia, en la cual realizaron el sincretismo señalado; por la que su figura pudo mantenerse pero con una transmisión cultural sesgada.

Este curanderismo vinculado al sincretismo fue la cobertura bajo la cual algunas personas mantuvieron la adivinación y la conexión con los muertos.

En la socialización familiar, ante la represión brutal, se transmite aquello que no va a atentar contra la persona por lo que en algunas familias y pequeños colectivos se transmitieron algunos remedios. Esta transmisión sesgada es la que da lugar a diferentes clasificaciones: curanderos, adivinos, herbolarios, y también a la pérdida de las creencias y rituales de la religión de la cultura vasca.

Así, la figura de Sorgina y la creencia religiosa vasca desaparece como tal, quedando pequeños vestigios o reductos de esta figura y de su creencia en los carnavales, leyendas, o en algunos rituales de solsticio, los cuales llegan hasta la sociedad actual.

La cristianización de los vascos es tardía; la época en la cual comienza este proceso de forma colectiva es el siglo XV y termina aproximadamente en el siglo XVIII, y para ello se utilizó la represión brutal contra las mujeres por ser las transmisoras de la cultura, y con relevancia social. Por lo que consiguieron su objetivo eliminar la religión de un pueblo, sus estructuras sociales, su forma de pensar, obligando a la mujer vasca a transmitir la ideología de la Iglesia a sus hijos e hijas.

A través de los datos etnográficos actuales, ese sincretismo, que se realizó en esa época oscura, llega hasta nuestros días a través de oraciones que transmiten algunas madres (euskaldunes) a sus hijos e hijas a la hora de acostarlos. Un ejemplo de ello es esta oración cuya función es la de aliviar el sueño, el de protegerlos de las pesadillas o de los malos espíritus:

«Bart Santa Inés, bart ein ddot amets/ Ona bada bixon partez/ Txarra bada dule bere bidez».

(«Esta noche Santa Inés, esta noche, he tenido un sueño/ Si es bueno es para los dos/ Si es malo que vaya por su camino»).

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