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CRíTICA arte

El collage artístico del Museo Efímero bilbaino de Pablo Milicua

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Txema AGIRIANO

Pablo Milicua (Bilbo, 1960) ha utilizado su exposición en Windsor Kulturgintza de Bilbo para crear algo inusual. Es lo que él ha llamado «El Museo Efímero de Bilbao» del que se ha erigido director y donde han participado más de veinte creadores.

El artista es conocido especialmente por sus meticulosos collages de extraños paisajes imaginarios que entroncan con El Bosco y Brueguel, su pasión por lo kitsch y sus esculturas realizadas a partir de pequeños objetos rescatados de la basura en cercanía estética con Kippenberger, Franz West y, especialmente, Mike Kelley, en su serie «Memory Ware Flat».

Pablo Milicua hace aquí un doble juego. Por un lado, en su papel de comisario de una colectiva y, por otro, como director y artista creador, ha utilizado las obras de los artistas participantes como si fueran las piezas con las que compone sus collages y sus esculturas. Material de trabajo con el que construir la obra que ahora nos ofrece.

Actualmente residiendo en Madrid, Milicua tuvo ya dilatada experiencia en la creación y comisariado de exposiciones cuando dirigió su propia galería en la calle Correría de Gasteiz. Se llamó Casa Ubu, en evidente homenaje al padre del teatro del absurdo Alfred Jarry, precursor también del surrealismo y el dadaísmo. Quienes la conocieron la recuerdan con nostalgia.

En 1998 comisarió la exposición colectiva «Mutantes del Paraíso», en la Sala Amárica del Museo de Bellas Artes de Gasteiz. Planteada como una feria de las maravillas (o de los horrores), fluctuaba entre formas de wunderkammer, freak show y circo, teniendo como eje las ideas de objeto, colección y autorretrato. El «Museo Efímero de Bilbao» tiene en aquella su semilla, con la diferencia notable de que ahora el estribillo es la ciudad de Bilbo.

Para su proyecto Folk Archive, los británicos Jeremy Deller y Alan Kane, coleccionan arte popular británico, obras realizadas por artistas no profesionales. Mediante su archivo popular realizan una visión crítica hacia su país y el mundo del arte cargada de humor e ironía a través de objetos que, de no ser por Deller y Kane, jamás habrían entrado en los museos y galerías. «El Museo Efímero de Bilbao» posee grandes nexos con Folk Archive. A diferencia de Deller y Kane, Milicua trabaja mayoritariamente desde el arte «oficial», ya que, para crear con ironía y humor su visión escéptica del Bilbo post-Guggenheim, ha utilizado obras que sí están en el mercado del arte, pero que quedan totalmente a merced de su idea. De esta manera, mediante su disposición, una escultura de Oteiza ha cambiado su papel de escultura venerable a objeto decorativo.

Se podría visitar la exposición como una colectiva en homenaje a Bilbo. Podemos sorprendernos con las fotografías de personajes anónimos del Bilbo de los ochenta de Uribarri, seguir con interés el vídeo de la recreación del ascensor de Begoña de Txuspo Poyo o admirar la obra de reconocidos artistas como Carmelo Camacho, Morquillas, Roscubas, Sonia Rueda, Mabi Revuelta, etc. Aún así, el bacalao seco que preside el fondo de la sala, como si de un cristo se tratara, no ayudará a volver a la realidad de este museo bilbaino.

Ficha

Título: «El Museo Efímero de Bilbao».

Artista: Pablo Milicua, con las aportaciones de más de veinte artistas.

Fecha: Hasta el 27 de mayo.

Lugar: Windsor Kulturgintza, Bilbo.

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