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Maite SOROA

La democracia según Pedro J.

No cabía esperar más que lo que hemos oído y visto en las últimas horas. Su carácter -como la naturaleza del escorpión- les puede y cuando se ponen a escribir les sale desde lo más profundo la verdadera esencia de su pensamiento fascistoide.

Ayer, el editorialista de «El Mundo» -otro tipo histérico como su director- nos aseguraba que «a los muchos motivos que tienen los españoles para estar indignados, hoy se añade otro extraordinariamente preocupante». Imaginarán que se trata de la continuidad al frente del PP de la mano derecha de Franco. Pues no. No es eso lo que atenaza el ánimo de Pedro J. y su escriba sentado. Lo que le lleva a la desesperación es que «ayer Bildu se convirtió en la primera fuerza en número de concejales en el País Vasco, se quedó al borde de la mayoría absoluta en las Juntas de Gipuzkoa y fue la más votada en municipios como San Sebastián». Pues mirado así es para que se preocupen los que tiemblan ante la posibilidad de que las ciudadanas y ciudadanos voten. Ellos, claro, son de otra tradición, la de la «democracia orgánica». No nos llamemos a engaño. Son franquistas y punto pelota.

La angustia se torna desesperación cuando caen en la cuenta de que «España se enfrentará a un problema político terrible porque PNV y Bildu constituyen ya una clara mayoría independentista». Bueno, si la democracia es cuestión de mayorías, Pedro J. debería estar más que satisfecho, pero ya sabemos que la democracia es a Pedro J. lo que la música militar a la música. O sea, una birria muy birriosa.

La desesperación da paso a un estadio agónico: «al desafío etarra se uniría ahora la terrible presión institucional y el desahogo económico de sus secuaces. Y lo peor es que este gran daño al sistema tiene, entre sus responsables, a los jueces del TC que, en contra del Supremo y los fiscales y por un sólo voto permitieron a Bildu presentarse a las elecciones». Lo que está claro es que a Pedro J. lo que le pone -entre otras cosas, qué duda cabe- es la democracia censitaria. O sea, que voten él y los suyos y que a las vascas y a los vascos nos reconduzcan al redil que construyó con mimo Francisco Franco. Para mí que lo lleva claro el hombrecillo de los tirantes horteras.

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