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Maite SOROA | msoroa@gara.net

Siguen disgustados

La derechona comenzó hace una semana a mostrar sin disimulo su disgusto con la nueva situación, y en ello continúa.

Isabel San Sebastián volvía ayer a su «casa» de «Abc», «doliéndome profundamente España, pero sin dejar de amarla (...) Ahora que es burlada, engañada, escarnecida por los terroristas que la ensangrentaron con el fin de quebrarla y por quienes se disputan, como hienas, el rédito electoral de esa sangre». No, no es que haya habido ningún atentado. Se refería al cese de la lucha armada de ETA. El caso es que vuelve a casa «para defender desde esta tribuna la verdad, la memoria, la justicia y la dignidad de todos aquellos que, habiéndose dejado jirones de piel y lágrimas de sal en el combate contra la barbarie etarra, tienen todo el derecho a exigir ahora una victoria sin concesiones sobre la serpiente y el hacha». Ahora se comprende por qué aparece tan apenada.

Siguiendo con el disgusto del facherío, en «El Mundo», además de un artículo de su faro, José María Aznar, encontrábamos a Erasmo, que comenzaba así sus Conjeturas: «Solo la hipótesis de una secreta grosse koalition (PP-PSOE) explicará la idiotez mastodóntica del buey volando: ETA renuncia a la violencia `sin concesiones políticas'. Dice. Y Guipúzcoa en sus manos y ayuntamientos innumerables, y oficina de recolocación de extrañados y presos». Y vuelta a la lógica democrática que propugna la prohibición de quienes no están de acuerdo con su proyecto. La Diputación de Gipuzkoa está gobernada por Bildu porque fue la fuerza que, con diferencia, más votos sacó en las pasadas elecciones. Claro que lo que «sabiamente» dictamina Erasmo (el de «El Mundo»), al parecer, vale mucho más que el voto de todos los guipuzcoanos.

Y «Libertad Digital» informaba de una carta del «sector más nacionalista, y también el más proetarra, de los religiosos vascos» en la que mostraban su alegría por el cese de la actividad armada de ETA y, entre otras cosas, se referían «a la detención del jesuita Txema Auzmendi», que «era miembro del Consejo de Redacción de Egunkaria e hizo suyas las tesis etarras al denunciar torturas por parte de la Guardia Civil. Pero tal y como ha podido saber Libertad Digital, los agentes no sólo no torturaron a este fraile sino permitieron incluso que el jesuita detenido pudiera rezar durante un momento en la capilla antes de ser trasladado a dependencias del Instituto Armado». Qué amabilidad... y qué fraile tan malo. Y ustedes ¿a quién creen?

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