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La compañía de 62 niños ucranianos en Navidad, un sueño hecho realidad

Se reúnen cada verano, pero es la primera vez que los niños de Chernóbil viajan a Euskal Herria por Navidad. El deseo se ha cumplido para quien les echa de menos cada día y las puertas están abiertas para otros cien niños que esperan familias de acogida en verano.

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Nerea GOTI

El pasado lunes 20, 62 niños ucranianos llegaron al aeropuerto de Loiu. Sus familias vascas, las mismas que les reciben cada verano, les esperaban esta vez pocos meses después de su partida, con los brazos abiertos y con la emoción añadida de ver cumplido el sueño de poder pasar juntos las Navidades.

Ésta es la primera vez que viajan por estas fechas a Euskal Herria. Se trata de una iniciativa de Chernóbil Elkartea, a la que se han sumado 62 familias de las 260 que cada verano reciben a niños procedentes de Ucrania. «Este viaje es el colofón a los actos de conmemoración del 25 aniversario del desastre nuclear», explica a GARA la presidenta de la asociación, Marian Izagirre, al tiempo que reconoce que ésta es también la respuesta al deseo expresado por muchas familias de poder pasar juntos las Navidades. Probablemente todos los receptores habituales habrían querido tramitar ahora una nueva estancia, pero desde la asociación resaltan que hay que tener en cuenta el esfuerzo económico que supone para muchos hogares -620 euros por cada receptor, al margen de la parte que costea la propia asociación- y la falta de tiempo suficiente de dedicación a los niños durante estas fechas.

El caso es que en muchos casos la cuestión económica pasa a segundo plano, porque pesa mucho más la necesidad de establecer contacto. «Se les echa mucho de menos», dicen, y aunque siempre estemos pendientes, «estos son días en los que pensamos mucho en Ucrania», apunta Izagirre al respecto.

Ahora que ya están aquí, no faltan planes para hacer inolvidable el momento. Por ello, la gran familia que conforman los niños ucranianos y sus familiares vascos se hancitado ya en Donostia, coincidiendo con la feria de Santo Tomás, el miércoles volvieron a reunirse en Barakaldo, para participar en las actividades el Parque Infantil de Navidad, ayer tenían previsto disfrutar de la pista de hielo de Gasteiz y el 4 de enero visitarán la casa de Olentzero en Mungia.

«Ellos están encantados», resaltan desde la asociación sobre la impresión que han recibido de los niños. Y eso pese al cansancio inicial del viaje, cuatro horas de vuelo hasta Madrid y una más hasta llegar a Bilbo.

En cada casa, el plan es ahora disfrutar al máximo de cada uno de estos días, aunque como en verano, algunas familias aprovecharán la estancia para realizar algún reconocimiento médico que les pueda venir bien. «El verano pasado fue duro» en lo que a la salud de los pequeños se refiere. «Varios menores presentaron síntomas de debilidad y uno de ellos en particular se encuentra grave por una enfermedad poco común en la infancia», resaltan desde la asociación.

Fue un único caso, pero las madres y padres de acogida han respondido como una piña, como una gran familia preocupada por la salud de uno de sus miembros, que no pudo partir con el resto en agosto, aunque sí lo hizo meses más tarde.

100 niños esperan familia de acogida

Ahora los esfuerzos de Chernóbil Elkartea están concentrados en buena medida en la campaña 2012, con especial atención a un centenar de niños y niñas de las regiones de Irpen y Ivankiv, que necesitan salir de Ucrania el próximo verano. Viven en zonas habitables, pero afectadas por la radiación. Tienen edades comprendidas entre 6 y 17 años y la mayoría no supera los 11 años.

Algunas familias se han interesado ya por recibir a estos pequeños. Desde la asociación resaltan que el aprendizaje en las relaciones, como el beneficio de la acogida, es recíproco para familias y niños. Ellos ganan en salud y quienes les acogen sólo tienen palabras de reconocimiento para todo lo que representan esas pequeñas personas en nuevos valores y aprendizaje de otras culturas. Por ello, insisten en que no hay que cumplir unas condiciones específicas para acoger a un niño de Chernóbil, más allá de poder costear su viaje, cumplir las normas que establece la asociación y disponer de tiempo que dedicarle. Familias sin hijos, con ellos, o unidades monoparentales cualquiera que sea su sexo pueden estar en disposición de acoger. Lo importante, apunta Izagirre, es «que se pongan en contacto con la asociación, que nos oigan y que luego decidan, sin ningún compromiso».

«En general la experiencia es muy buena», indica, al tiempo que matiza que aun cuando las cosas no salen como se esperaban, «no les puedes olvidar».

 

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