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Felipe Malo Mozo | Donostia

La ley del voto retroactivo

Algunos intentaron cambiar el disfraz de lobo por el de cordero. El pueblo vasco, pacífico, los rechazó de inmediato, y de controladores pasaron a incontrolados

Mi respeto por aquellas personas de bien que sufrieron la traumática mudanza de abandonar esta tierra, pero también existieron personas de mal.

El PSOE creó la Ley de la Memoria Histórica con el rechazo del PP. Ahora el PP crea la Ley Electoral de la Memoria Histórica (segunda parte).

Después del exilio a la eternidad del Generalísimo y el nacimiento de la mal llamada democracia actual, los antide- mócratas, fascistas y simpatizantes del antiguo régimen, que estaban instalados en sus cargos y poltronas en Euskal Herria, vieron cómo sus poderes y privilegios, incluso su integridad física peligraba, -algunos llevaron su camisa azul a la tintorería, y no cambiaron su rostro porque el botox no existía-, incluso el palio del clero ya no se sujetaba por la carcoma de la dictadura. Camparon a sus anchas por tierras vascas, y viendo que su empadronamiento tenía caducidad optaron por el autoexilio y se autoamenazaron.

Existió un amplio abanico de afectados, desde los industriales amenazados por el impuesto revolucionario, hasta políticos, policías, jueces, periodis- tas, militares, confidentes..., que al sentirse algunos huérfanos del Caudillo, en un país al que sometieron y humillaron, vieron que la democracia los dejaba en pañales, y entonces algunos intentaron cambiar el disfraz de lobo por el de cordero. El pueblo vasco, pacífico, los rechazó de inmediato, y de controladores pasaron a incontrolados.

Curiosamente, en esa misma época otros muchos vinieron del sur para buscar trabajo y ayudarnos en el desarrollo de nuestra tierra, sin sentirse afectados por la tan mencionada diáspora. Hoy están integrados y sus hijos y nietos tienen nombres y apellidos vascos. Fue un período en el que muchas historias fueron un drama, ya que muchas personas sufrieron un exilio obligado, e intuyo que la mayoría no quiere recordar, y ahora se recurre a ellos para sumar votos en unas elecciones autonómicas y forales para beneficio de algunos.

No me extrañaría que en las próximas elecciones propongan que también tienen derecho al voto los hijos y nietos de los exiliados, muchos de los cuales nunca tuvieron que marcharse. Y no olvidemos que también es violencia de Estado empujar al destierro a miles de andaluces, que para poder comer tuvieron que emigrar a otras comunidades, así que aplicando la misma lógica, para las próximas elecciones andaluzas podrían votar «los exiliados del hambre» sin estar empadronados en su comunidad de origen.

Por lo tanto, en este trasvase de «votos retroactivos», si el «decretazo» cuajase con el fin de adulterar el voto real, sería imposible controlar que solo votasen los perjudicados y reales exiliados, y que se no se colase el votante tramposo y consentido. Si esto ocurriese se daría «el pucherazo pepenero», que es lo que se pretende en el País Vasco.

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