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Hiriz hiri | Verano en Rímini

La fábrica italiana del divertimiento

La Emilia-Romagna es una región peculiar. Del artificio administrativo que supone la unión de dos provincias casi se diría que antitéticas, surge una de las comarcas italianas con una singularidad más acusada. Frente al carácter adusto y a la serena belleza de Emilia, enclave privilegiado entre la Toscana, Lombardía y el Véneto, con la culta y docta Bolonia como capital y referencia, a los romagnescos se les considera «los meridionales del norte», con todas las connotaciones que conlleva semejante denominación.

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Jaime IGLESIAS

A falta de una gran ciudad que fije el carácter romagnesco, acaso sea Rímini, sobre todo en época estival, el centro neurálgico de una región que en su extensión a lo largo de la costa adriática es conocida como «la fábrica nacional del divertimiento». Claro que la noción de divertimiento ha evolucionado mucho desde que Rímini comenzase a acoger, en los albores del siglo XX, las primeras oleadas de «veraneantes», concepto que define mucho mejor que el de «turistas» a la población flotante que durante estos meses prácticamente quintuplica la parroquia local.

De su carácter primigenio de ciudad-balneario para solaz de la burguesía provinciana (evocado en las novelas del ferrarés Giorgio Bassani y, sobre todo, en el cine de Federico Fellini, quien da nombre al aeropuerto local en su calidad de hijo pródigo del lugar), Rímini, con el paso de los años, se ha convertido en un centro de ocio al por mayor.

En él tienen cabida todos los excesos que le son propios a aquellos lugares que sirven de refugio a quienes buscan vivir intensamente sus quince días de vacaciones sin tener que preocuparse por lo que no sea bañarse, tomar el sol, comer, beber, bailar y dormir.

Proletarización turística

La ingente cantidad de tumbonas que se alinean (sin que a veces medie un centímetro de distancia entre una y otra) en la sucesión de playas del municipio y el colorido de las sombrillas sobre las mismas, ofrecen una imagen inmejorable de un lugar donde los italianos acuden en tropel, dado que, en muchos casos, les resulta mucho más barato que quedarse en sus propias casas. En régimen de pensión completa se pueden encontrar hoteles que por 500 euros ofrecen una semana de ocio a cuerpo de rey.

Sin embargo, a pesar de esta proletarización turística que, así descrita, puede retrotraernos a las conocidas apocalípticas masificaciones estivales, Rímini conserva parte de su encanto primigenio. Más allá del esplendor que luce su «Gran Hotel» y de la calma provinciana que transmite su pequeño, pero deslumbrante, casco histórico (con algunos restos arqueológicos notables), las autoridades locales llevan años trabajando en una oferta de actividades culturales veraniegas que calme el ánimo «destroyer» de algunos turistas y atraiga la atención de otro tipo de visitantes.

Citas musicales

Al concierto que el 25 de este mes ofrecerá el maestro Ennio Morricone en el Parque Federico Fellini, frente al puerto de la ciudad, hay que sumar el «Meeting per l'amicizia fra i popoli», el Festival de verano de música y espectáculos más frecuentado del mundo, según sus organizadores, que este año alcanzará su XXXIII edición.

Mientras que del 28 de agosto al 14 de septiembre será la música de cámara la que adquiera protagonismo en otra cita con solera, la «Sagra Musicale Malatestiana», un ciclo de conciertos de gran prestigio.

Lugar de encuentro entre lo culto y lo popular, lo refinado y lo vulgar, Rímini fabrica divertimiento para todos los públicos, consagrándose como uno de los centros de referencia vacacionales del Mediterráneo.

 

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