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«Café de Flore» une dos historias en lugares y épocas diferentes

Cada vez que se habla de Jean-Marc Vallée hay que invocar a «C.R.A.Z.Y.», porque el resto de su filmografía resulta muy dispersa, con rodajes indistintos en francés y en inglés, dentro y fuera de su Quebec natal. En su nuevo largometraje cruza dos historias de amor reencarnadas.

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Mikel INSAUSTI | DONOSTIA

Llegar a tener una opinión formada sobre el cine de Jean-Marc Vallée es bastante defícil, debido a que por aquí se desconocen las películas de su primera etapa. El interés por su obra no surgió hasta el éxito internacional de «C.R.A.Z.Y.», tan sólo hace siete años. Nada más ser descubierto en su vertiente qébécois, sorprendió a propios y extraños rodando en inglés el drama de época «La Reina Victoria». Ahora ha vuelto a rodar en francés «Café de Flore», con localizaciones en París y Montreal, pero lo siguiente que prepara es su salto a Hollywood, donde dirigirá a Matthew McConaughey e Hilary Swank en «The Dallas Buyer's Club», sobre los inicios de la lucha contra el SIDA.

Pero el desoncierto también puede estar dentro de «Café de Flore», siempre y cuando el espectador no se deje llevar por el lado fantástico de su propuesta, mediante el cual pretende sublimar sendas historias de amor y unirlas espiritualmente por encima del tiempo y la distancia. Para encajarlas necesita de fenómenos metafísicos como el de la reencarnación.

La primera historia transcurre en el París de 1.969 y tiene como protagonista a Vanessa Paradis, que es la madre soltera de un niño con síndrome de Down. Se siente unida al pequeño hasta extremos posesivos, lo que provocará sus celos cuando el niño se enamore en la escuela especial de otra niña de sus características.

La segunda acontece en la actualidad y se desarrolla en Montreal, donde un DJ de moda se acaba de separar de la mujer con la que formara una familia, al conocer un nuevo amor. Avanza en paralelo a la anterior, de tal modo que el montaje se encarga de ir cruzándolas.

La música funciona igual que en «C.R.A.Z.Y», donde los artistas de diferentes periodos servían para ilustrar el paso del tiempo, empezando por las canciones de Carles Aznavour que oía el padre y siguiendo por las de David Bowie, con las que se identificaba el hijo, con «Space Oddity» como tema central. En «Café de Flore» ese cometido lo desempeña la canción del título interpretada por Matthew Herbert, aunque Pink Floyd se llevan el mayor protagonismo con «Time», «Breath» y «Speak to Me». También suena el «Just Like a Heaven» de los Cure y «Walking on the Water» de la Creedence.

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