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CRTICA: Una vida nueva

La nia coreana adoptada que se hizo cineasta

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Mikel INSAUSTI

Fuí muy crítico en su día con la película de Bertrand Tavernier «La pequeña Lola», porque sólo mostraba el punto de vista de los padres adoptivos occidentales, y no el de la niña asiática sacada de su país. Sentí un gran vacío al salir de la proyección, preguntándome por los sentimientos de esa criatura a la que le cambian el nombre, negándole sus orígenes y raíces culturales. Por fin, he encontrado la respuesta en otra realización encargada de dar la voz a quien entonces no la tuvo.

«Una vida nueva» es la ópera prima de Ounie Lacomte, la primera mujer de procedencia oriental que cuenta la experiencia de la adopción a través del cine. Fue adpotada en los años 70 por una familia francesa, justo antes de que en Corea se prohibiera definitivamente este tipo de prácticas, que en la actualidad han disminuido por culpa de la crisis económica en Europa. Lo más doloroso para ella ha sido tener que rodar en Corea con traductor, porque ya ha olvidado su idioma materno.

Las vivencias del orfanato son descritas con una capacidad de detalle asombrosa, lo que las hace aún si cabe más sentidas. Impresiona ver a una niña tan pequeña totalmente indefensa, sin recurso alguno para la adpatación a un mundo carente de referentes familiares, aferrada hasta donde le es posible al recuerdo del padre que la abandonó a la puerta de una institución católica de Seúl. Ella sigue esperando su regreso, negándose a competir con los otros niños por ganarse el favor de los padres que acuden para elegir a su retoño, rechazando los regalos navideños anónimos.

El impacto de la evocación lo motiva la realista actuación de Kim Sae-ron, la mejor actriz infantil de todos los tiempos. Esta niña tiene algo diferente, ya que, sin ser guapa, cautiva a la cámara. Aquí, la hemos descubierto tardíamente en «El hombre sin pasado» de Lee Jeong-beom, donde le robaba las escenas al estelar Won Bin. En «Una vida nueva» protagoniza momentos inolvidables, sobretodo aquel en que se entierra como antes había enterrado a la muñeca.

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