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La cuestiůn de las milicias armadas enciende los Šnimos en Libia

La cuestión de la milicias libias surgidas a raíz del conflicto que conllevó la muerte de Gadafi y la desaparición de su régimen sigue encendiendo los ánimos en Libia. La intención de las autoridades de dotar de legitimidad a algunas de ellas sigue generando recelos.

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GARA | BENGASI

Un día después de que habitantes de Bengasi, la segunda ciudad en importancia en Libia, se rebeleran contra las milicias surgidas a raíz del levantamiento contra Muamar al-Gadafi, el presidente de la Asamblea Nacional libia, Mohamed al-Megaryef, anunció el pasado sábado por la noche «la disolución de todas las brigadas y formaciones armadas que no estén bajo la legitimidad del Estado».

En paralelo, el Ejército lanzó un ultimátum a las milicias y grupos armados para evacuar los cuarteles, los edificios públicos y las propiedades de los miembros del antiguo régimen en la capital y sus alrededores.

No obstante, Al-Megaryef instó a la población a no atacar a aquellas milicias que están bajo la autoridad del Estado, dotándolas de legitimidad, hecho que está generando recelos.

La distinción entre milicias «legítimas e ilegítimas» ha encendido los ánimos en Bengasi, donde el viernes, decenas de miles de personas exigieron el desmantelamiento de estos grupos armados y la creación de un Ejército y un cuerpo de Policía profesional. En opinión del profesor de Ciencias Políticas Fathi al-Baaja, al hacer esta diferenciación, las autoridades corren el riesgo de que las principales milicias se conviertan «en el brazo armado de las facciones políticas». «Tenemos ejércitos dentro del Ejército y esto es muy peligroso», estimó. Remarcó que el país necesita un Ejército unificado.

Aunque la Brigada 17 de Febrero o la comandada por Raf Allah al-Sahati se hayan puesto bajo la autoridad del Ministerio de Defensa, Al-Baaja asegura que «no tienen legitimidad. Sus miembros no son parte del Ejército, por tanto, ¿quién les ha dado legitimidad?».

Miftah Bouzeid, redactor jefe del rotativo «Barniq» de Bengasi, comparte la misma inquietud. «No queremos repetir el escenario libanés, con un Ejército débil frente a Hizbullah, con más poder que el Ejército», dijo.

La principal tarea del primer ministro electo, Mustafa Abu Chagur, encargado de formar Gobierno es restablecer la debilitada seguridad en el país, y más aún tras el ataque al consulado estadounidense del pasado 11 de setiembre en el que murieron cuatro ciudadanos estadounidenses, entre ellos el embajador. En este contexto se sitúa el desmantelamiento de las citadas milicias, acusadas por organizaciones no gubernamentales de encarcelar y torturar a la población con total impunidad

Para Sagizli Mustafa, que preside un comité de excombatientes, esta es una estrategia errónea, porque empujará a los miembros de las milicias a la clandestinidad. Los milicianos, por su parte, defienden que sin ellos había un vacío de seguridad y que fueron ellos quienes derrocaron a Gadafi.

protesta

El martes, varios centenares de personas se manifestaron en Trípoli en favor de la disolución de las milicias, surgidas durante la rebelión armada contra Gadafi y que han seguido con su actividad.

Tensión tras la muerte de uno de los que capturó a Gadafi

Uno de los rebeldes libios que ayudó a capturar a Muamar al-Gadafi murió el miércoles en París debido a la gravedad de las heridas que sufrió tras ser secuestrado por hombres armados cerca de Bani Walid -bastión de Gadafi- el pasado julio cuando regresaba a Misrata desde el oeste del país, a donde había ido dentro de un plan gubernamental para calmar enfrentamientos en la zona.

La muerte de Omran Shaban ha vuelto a poner sobre la mesa la dificultad de los nuevos dirigentes libios para controlar a los grupos armados y puede avivar aún más las tensiones entre las localidades de Misrata y Bani Walid, que respaldaron a bandos contrarios en el conflicto para derrocar a Gadafi. Shaban saltó a la fama cuando fue visto en imágenes que dieron la vuelta al mundo agarrando a Gadafi el 20 de octubre de 2011, antes de que lo mataran en su pueblo natal, Sirte.

Cientos de personas asistieron al funeral de Shaban en Misrata. Su hermano Hussein se quejó de que las autoridades no hicieron nada para ayudarlo. El Congreso Nacional libio ordenó a los ministros de Defensa e Interior que encuentren a quienes secuestraron a Shaban, a quien calificaron de «héroe valiente». GARA

denuncia

Esta misma semana, AI ha instado al Gobierno libio a acabar con las violaciones de derechos humanos. Denunció casos de «personas secuestradas por milicias, torturadas, sacadas de sus casas y asesinadas o heridas».

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