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Fenerbahše-Ulker, el enÚsimo saco de dinero del basket otomano arrojado por el sumidero

La Euroliga parece haber dicho adiós al Fenerbahçe-Ulker. Su desastrosa actuación en el Top 16, con una derrota por 39 puntos en casa ante el Barcelona y la salida por la puerta falsa de Simone Pianigiani ha terminado de borrar el brillo de su talentosa y cara plantilla.

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Arnaitz GORRITI

El jueves 21, hace una semana, se le acabaron de ver las costuras al Fenerbahçe-Ulker. En su cancha, ante 6.100 leales espectadores que acabaron pitando a sus propios jugadores, caían por un escandaloso 60-99 ante el Barcelona. Los gualdinegros sucumbían por sexta ocasión en ocho partidos en el grupo F del Top 16, cayendo así a la penúltima plaza, únicamente por delante de su equipo compatriota, el Besiktas, que ha sido incapaz de ganar un partido en esta segunda fase. Triste consuelo para un equipo que al inicio de la campaña se postulaba a imponerse en la Euroliga.

Una vez más, un representante del basket otomano echaba la casa por la ventana, sin reparar en nombres, ni mucho menos en gastos. Al Fenerbahçe llegaba la columna vertebral del Montepaschi Siena, con Simone Pianigiani, Bo McCalebb y David Andersen; Romain Sato y Mike Batiste aterrizaban del Panathinaikos. Un lujo asiático para unirse a los Omer Onan, Oguz Savas, Preldzic y Bogdanovic. Hasta las páginas especializadas hacían cábalas sobre un juego en el que «los jugadores actúan al servicio del colectivo, liderado por el base Bo McCalebb, seguramente el mejor en su posición en Europa junto al griego Diamantidis. Ofensivamente sacarán mucho partido a la creatividad del base macedonio y a su capacidad de jugar el bloqueo y continuación con compañeros como Batiste o Andersen, que dominan a la perfección este aspecto, con diversidad de opciones. Y si las defensas se cierran ante el poderío interior, el lanzamiento de 3 puntos de Onan y Bogdanovic puede ser letal, junto a la versatilidad de Sato y Preldzic. Un equipo a temer en la competición europea y que se prepara para el que, se presupone, será un gran año».

Su puesta en escena no estuvo nada mal, tanto en el fondo como en la forma. En primer lugar, con un Romain Sato espectacular, los de Pianigiani ganaban por 97-91 a los Boston Celtics, en el marco de los partidos del European Tour de la NBA. Asimismo, la primera jornada de la Euroliga terminaba con una victoria por 92-80 sobre el Khimki, con el MVP de la jornada para Emir Preldzic.

Mediocridad y adiós

Pero ahí se agotó el brillo europeo de los gualdinegros. La primera fase se acabó con cinco victorias y otras tantas derrotas, entre ellas una sonrojante 82-58 ante el Mapooro Cantú. De hecho, los turcos lograron la cuarta plaza del grupo A, y gracias, después de imponerse por 77-69 al propio equipo italiano, en un match ball claro que hubiera supuesto su eliminación en caso de derrota. Entre medias, derrotas claras ante el Real Madrid y escasas victorias solventes; tal vez un 85-68 al Union Olimpija o un 73-64 frente al Panathinaikos. Con todo, una única victoria fuera de casa y mediocridad absoluta jugando en su feudo.

El Top 16 suponía un borrón y cuenta nueva. Pero ya caer por 100-78 en la primera jornada ante el Barcelona presagiaba que esta segunda fase iba a resultar muy larga. A la semana siguiente, el Montepaschi Siena presentaba sus respetos a Pianigiani, McCalebb y Andersen ganando en Estambul por 92-98, con 41 puntos de Bobby Brown. Después vendrían las derrotas en Tel Aviv por 91-73 y en casa ante el Baskonia por 75-97. Con 0-4 en su balance, Simone Pianigiani pedía perdón a sus aficionados.

Las victorias al Khimki y al Besiktas, junto con el triunfo en la Copa turca, ganando al Anadolu Efes por 63-57 y con David Andersen como MVP al firmar 21 puntos y 5 rebotes, parecían advertir cierto despertar de un equipo que, además, lidera la Liga turca, la TBL. En medio, solo una lógica derrota ante el Olympiacos en El Pireo. Pero llegó el pasado día 21, y todo se echó a perder. El Barcelona, adelantándose 19-50 al descanso, daba la paliza más grave de la campaña a un Fenerbahçe que, definitivamente, tocaba fondo. «Lo único que podemos hacer es pedir perdón -una vez más- a nuestros seguidores», declaraba el base otomano Baris Ermis.

Y por si faltaba algo, el pasado domingo Simone Pianigiani se iba de la escuadra gualdinegra alegando «motivos personales», dejando el «marrón» a su ayudante Ertugrul Erdogan. Otro montón de dinero mandado por el cubo de la basura.

 

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