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Final de la Copa

Del Centenariazo al Mourinhazo

El Madrid cierra el curso con un sonoro fracaso, sin títulos, ante un Atlético que rompió con una racha de 14 años sin ganar al vecino.

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REAL MADRID 1

AT. MADRID 2

Joseba VIVANCO

El Cholo Simeone, de pie todo el partido, el jugador número 12. José Mourinho, sentado hasta el minuto 75, como si la fiesta no fuera con él, hasta que sobre ese minuto, Clos Gómez le mandó a vestuarios antes de tiempo, cuarta expulsión en su etapa en el banquillo blanco. Solo faltó que los colchoneros le cantaran aquello de «tonto, tonto». Igualdad, intensidad, mayor posesión de la pelota del Madrid, el partido llegó a su epílogo con tablas y se decidió en la prórroga.

No ganaba el Atlético a su vecino merengue desde hacía nada menos que 14 años. Y con el ánimo de revertir esa situación se plantaron los del Manzanares en territorio enemigo, en el Bernabéu, planteando un partido de toma y daca, de presión constante, intenso, fiero, con una primera mitad en la que ninguno de los dos equipos dio concesiones a su rival. Juego directo, balón largo, pronto se adelantó el Madrid con un nuevo gol de cabeza de Ronaldo, al minuto 13, al saque de un córner, su tanto 55 de este curso. Estratosférico.

Un disparo lejano de Gabi fue todo lo que inquietó el Atlético hasta la llegada del empate, en el 34, en un balón robado, aguantado, jugado y proyectado por un enorme Falcao, que Diego Costa, olvidándose ayer de marrullerías y guerra de guerrillas, se dedicó a jugar y anotó así el empate de tiro cruzado.

El Madrid no conectaba con Benzema, Ronaldo iniciaba jugada desde demasiado lejos, Modric tomaba los mandos, la banda de Essien no existía. Derroche físico, sin concesión de espacios que crearan peligro, un trallazo aislado de un intermitente Özil al poste fue lo más relevante antes de irse a vestuarios. A la vuelta, era evidente que la gasolina de cada cual podía ser determinante. Dos disparos de Filipe Luis metían miedo al Madrid, un poste de Benzema y Juanfran sacando el chut de Özil bajo palos en la misma jugada era la respuesta de los blancos. Ninguno cedía.

Los espacios ganaban sitio, los minutos pesaban y el partido se enredaba. El Mono Burgos sujetaba a Simeone, que ya es decir. Faltas, cartulinas. Una de ellas al borde del área rojiblanca. Ronaldo la pega rasa por debajo de labarrera y tercer poste. Clama el luso al cielo. Partido abierto. Resultado incierto. Tres córners sobre Diego López en el descuento. Pitido y empate.

Prórroga. Aitor Karanka hacía tres cambios. Y de Diego a Diego, López le ganaba un mano a mano providencial a Costa, Essien cortaba otra pelota de gol y a la tercera la vencida, Miranda, de cabeza -también marcó en la Supercopa de Europa ante el Chelsea- anotaba el 1-2. Los `indios' cantaban victoria. Los `vikingos' se mesaban los cabellos.

Los merengues habían ido de más a menos. Higüaín la tuvo pero Courtois sacó el chut a bocajarro, para convertirse en el héroe del descuento. Iker Casillas, en el banquillo, no se lo creía. A Ronaldo le entraba su vena más artística con cada choque con el rival. En la grada, la afición blanca se agarraba al «sí se puede». El Madrid pasaba a defensa de tres con solo quince minutos por delante para nivelar el luminoso.

El partido estaba roto. El Madrid con todo. Courtois volvía a salvar la igualada en una parada de mérito a tiro de Özil. Si no eran los postes era el portero belga. El Madrid mordía el polvo en Chamartín. Como aquella Copa perdida ante el Depor en el año de su Centenario. Tanto que Ronaldo, desquiciado, ido, vio la roja por sacar la bota a pasear, tangana, Simeone salido, Courtois recibiendo un impacto en la cabeza... Al final, 1-2. Todo quedó en casa, que diría la alcaldesa madrileña Ana Botella. La marca `España' cogió aire.

 

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