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proceso de paz en Irlanda

Un proceso político, dos alto el fuego y la cuestión del decomiso

El alto el fuego declarado por el IRA el 31 de agosto de 1994 fue una de las piezas centrales del puzzle del proceso de paz y quizás por ello ha pasado al calendario de fechas claves en la historia reciente irlandesa. Sin embargo, en el día de hoy se celebra el décimo aniversario de la que fue realmente la declaración de alto el fuego definitivo de la organización republicana, después de que reanudara su campaña en febrero de 1996.

Soledad GALIANA | DUBLÍN

Fue el 9 de febrero de 1996 cuando, dieciocho meses después de su declaración de alto el fuego, el Ejército Republicano Irlandés (IRA) anunció su intención de reiniciar su campaña militar. Ese mismo día, el IRA detonó un camión con media tonelada de explosivos en Canary Wharf, en el centro financiero de Londres, que causó la muerte de dos personas, 39 heridos y daños estimados en 85 millones de libras esterlinas.

La decisión del IRA de reanudar su campaña militar era una expresión de la frustración republicana ante el bloqueo impuesto por los unionistas norirlandeses y el Gobierno conservador británico en el inicio de la negociación entre los partidos políticos norirlandeses, Londres y Dublín. Esa frustración era evidente en la declaración en la que la organización anunciaba el final de los diecisiete meses de alto el fuego, en la que se recordaba que la decisión de declararlo se había basado en sudeseo de «reforzar un proceso de paz democrático y subrayar nuestro compromiso definitivo con el éxito de éste» y apuntaba a que el fracaso de esta iniciativa se debía a la actitud del entonces primer ministro británico, el conservador John Major.

«En lugar de abrazar la oportunidad del proceso de paz, el Gobierno británico ha actuado de mala fe, con el sr. Major y los líderes unionistas malgastando una oportunidad sin precedentes para la resolución del conflicto», denunciaba la declaración del IRA.

En su comunicado, la organización armada dejaba una puerta abierta al proceso, con la condición de que éste fuera inclu- yente, permitiendo la participación de Sinn Féin. Mientras tanto, el primer ministro británico, John Major, aseguraba que «el IRA amenazaba con rudeza el deseo de paz».

No obstante, el Gobierno británico nunca abandonó la negociación, aunque el último año de Major como primer ministro británico se caracterizó por un frenazo en el proceso. Debido a sus intereses partidistas, ya que ya veía amenazado su liderazgo en el partido conservador, y la dependencia del primer ministro de los votos unionistas, más que de los de su partido, para evitar la caída de su Gobierno.

Esa dependencia de los unionistas forzó el paso de la cuestión del decomiso de armamento del IRA a primera línea del proceso de paz. Cuando éste daba sus primeros pasos, la lista de preferencias de Londres y Dublín la encabezaba la obtención de un alto el fuego de las organizaciones armadas y, especialmente del IRA, así como la discusión en torno a un acuerdo marco para las negociaciones. Así pues, la relación entre negociaciones y decomiso de armas no había sido establecido públicamente por ambos gobiernos.

La situación comienza a cambiar a partir del alto el fuego del IRA de 1994 y del de los paramilitares lealistas en octubre de ese año. Durante este periodo se inician las negociaciones sobre las futuras estructuras políticas en el norte de Irlanda y fue entonces cuando el Gobierno británico decidió excluir a Sinn Féin de la negociación en base a la exigencia del decomiso del IRA. La decisión de Londres tuvo dos efectos inmediatos: las negociaciones perdieron todo sentido, ya que sin la presencia de Sinn Féin un acuerdo era imposible, e hizo del decomiso un eje del proceso.

Para romper el bloqueo se fijó un doble proceso en noviembre de 1995. El primero establecía negociaciones con participación de todos los partidos sobre el contexto de las negociaciones -«negociaciones sobre las negociaciones»-. El segundo, encabezado por el senador estadounidense George Mitchell, examina la cuestión del desarme y para enero de 1996 propone Seis Principios de «democracia y no violencia», cuya aceptación por parte de los partidos Mitchell considera debe ser la única precondición para la negociación. Este informe también establece la necesidad de que las organizaciones armadas inicien sus propias negociaciones -en paralelo a las políticas- respecto ametodologías de decomiso como muestra de su compromiso para el proceso.

La propuesta de Mitchell es rechazada por los unionistas, que exigían el desarme como precondición.

Major decide convocar elecciones para la creación de un foro de negociación en un intento de minar la iniciativa de Mitchell, y para los republicanos, ésta es la muestra final de que Major ha dado marcha atrás en sus compromisos de negociación en el contexto del cese de violencia entendido como un alto el fuego del IRA. De ahí Canary Wharf.

A finales de 1996, todo apuntaba a un proceso agonizante. Major estaba más preocupado por las luchas internas de los tories y la campaña electoral que por la resolución del conflicto. En el verano de 1997 un nuevo Gobierno, encabezado por Tony Blair, accedió al poder en Londres, y las negociaciones se reabrieron en junio, centradas en el tema de decomiso.

Londres y Dublín aceptaron las recomendaciones de Mitchell y la creación de una comisión independiente que supervise el desar- me. El IRA decide entonces que el planteamiento de negociaciones paralelas es el adecuado y reinstaura su alto el fuego. Sinn Féin acepta los Principios de Mitchell en setiembre de 1997 y siete meses después se firma el Acuerdo de Viernes Santo.

comunicado

«En lugar de abrazar la oportunidad del proceso de paz, el Gobierno británico ha actuado de mala fe, con Major y los líderes unionistas malgastando una oportunidad sin precedentes para la resolución del conflicto», denunció el IRA.

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El senador estadounidense George Mitchell estableció la necesidad de negociar sobre metodologías de decomiso -desmilitarización- en paralelo con las negociaciones políticas con presencia de todos los partidos políticos norirlandeses.

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Los intereses partidistas de John Major, que veía amenazado su liderazgo en el partido conservador, y su dependencia de los votos unionistas para evitar la caída de su Gobierno son las claves que explican la actitud de Londres entre 1994 y 1997.

El principio del fin para el conflicto irlandés

En el inicio del proceso negociador irlandés se vislumbraban más los miedos que las diferencias políticas.

Los unionistas temían el impacto que una negociación multipartidista, en la que todas las partes partían de cero, podría tener en su tradición de poder. La tradición democrática unionista siempre había sido la de un Gobierno de mayoría, pero desde la perspectiva de la negación de la minoría.

El Gobierno del conservador John Major, que con tanto valor se lanzó al proceso con la Declaración de Downing Street y el reconocimiento del derecho de autodeterminación para el norte de Irlanda, se encontró con las dificultades de las divisiones de su partido, y el temor a una crisis de Gobierno.

Su miedo frenó el proceso, y fue ese frenazo en el proceso una manifestación de la debilidad que le costó las elecciones de 1997 -recordemos el «(Major) va detrás de su partido, yo lidero el mío», de Tony Blair.

En su miedo, Major y los unionistas se aferraron a la cuestión del desarme para forzar una «derrota» por imposición política que no habían conseguido policial o militarmente, pero también con pleno conocimiento que su exigencia de decomiso previo a las negociaciones sería rechazado por los republicanos y ello les proveería de una excusa perfecta para la exclusión de Sinn Féin, y la paralización, si no oficial sí de hecho, de unas negociaciones que sin los republicanos no iban a ninguna parte.

Sin embargo, John Major también sabía que no quería que su legado fuera la destrucción de una oportunidad histórica para conseguir la paz en el norte de Irlanda.

La única arma que poseía era la de intentar ralentizar y obstaculizar un cambio político que ya se auguraba irreversible.

Fue la decidida apuesta del Gobierno que lideró Tony Blair la que cambió las cosas.

S.G.

preferencias

A principios de los 90, las preferencias de Londres y Dublín eran lograr un alto el fuego de las organizaciones armadas, especialmente del IRA, y el establecimiento de negociaciones para establecer un acuerdo marco para el proceso político.

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