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CRÓNICA Semana de la ciencia

Del sueño digital de Nicholas Negroponte al sueño tecnológico de Juan José Ibarretxe

La semana de la ciencia, la tecnología y la innovación arrancó ayer en diferentes localidades vascas. Todo un visionario de la nueva sociedad digital, nicholas negroponte, fue el invitado especial ayer en el palacio euskalduna de bilbo. Explicó su idea de portátiles a cien dólares para todos los niños pobres del mundo. Un ejemplo de que hay que arriesgar. Y arriesgar es innovar.

Juan José Ibarretxe ha tenido un sueño: Que el tercio de Euskal Herria del que es lehendakari lidere un día la innovación tecnológica europea -ahora anda en el puesto 55-. Y el presidente de Innobasque, Pedro Luis Uriarte, le dijo ayer lo que el visionario de Ajuria Enea quería oír: «Yes, we can». Y a mitad de camino entre Martin Luther King y Barak Obama, anda el invitado que ambos trajeron ayer a la capital bilbaina, el considerado desde hace años como gurú de las nuevas tecnologías, el estadounidense Nicholas Negroponte, el cual se ha embarcado en una especie de misión a lo Teresa de Calcuta: dotar de un ordenador a cada niño pobre del mundo; portátiles a cien dólares.

Hace unos días, Ibarretxe logró fotografiarse con el nuevo apóstol del cambio climático, Al Gore; ayer lo hizo con el profeta de los tecnoevangelistas. Invitado a la inauguración de la Semana vasca de la Ciencia, Tecnología e Innovación, han dicho de él en estos años que es un chiflado, un visionario, un altruista, un habilidísimo orador al estilo estadounidense... Pero algo debe de esconder este personaje para convencer a la propia ONU y a distintos gobiernos del mundo para que se sumen a su soñado mundo interconectado.

Desde 1995 su personalidad traspasó fronteras al publicar ``Being digital'' (Mundo Digital), todo un best-seller sobre el futuro tecnológico. Ya entonces, los expertos se rieron de él por afirmar que en una década mil millones de personas estarían conectadas a Internet. Y acertó. Considerado uno de los padres de la tecnología y la cultura digital, no se ve como un visionario, sino como un hombre al que, como resumió al final de su conferencia, la gente le dijo que no se podía y él lo tomó como una invitación a hacerlo.

Dejó su puesto en el prestigioso Media Laboratory de Massachusetts Institute of Technology (MIT), que ayudó a crear, y se embarcó en una aventura que sorprendió al mundo por lo osada. Llevar un ordenador a cada niño y niña de los países más empobrecidos; un portátil , además, barato. Aquel sueño que tuvo Negroponte cumplirá tres años la semana que viene.

Anunció entonces que llegaría a tres millones de niños; que el precio de cada ordenador sería de cien dólares. Recibió el aval del propio Kofi Annan. Y tres años después, ha repartido medio millón de ejemplares -otros 250.000 están ya en camino- y el precio de cada uno ronda los doscientos dólares. Pero las críticas que recibe por no haber cumplido con su anuncio no hacen mella en él, respondió.

Es cierto que el camino emprendido está sembrado de críticas, de enfrentamientos con los fabricantes de ordenadores, de países que se echan atrás -como los de Libia o Rusia-, de países a los que es difícil convencer de que detrás de su iniciativa no hay un interés propio, pero Negroponte dice tenerlo claro: «Los chavales no son un mercado, sino una misión», contesta.

En su haber, argumenta, está el hecho -que otros relativizan- de que los ordenadores sean hoy mucho más baratos que hace unos años. Él, defiende, que sus precios han bajado gracias a su iniciativa. Así que en mayo pasado presentó ya el nuevo ordenador que sacará para 2010. «Nos dimos cuenta de que la industria nos iba a copiar de nuevo, así que lo comunicamos con tiempo y dejamos que nos copien desde ya», ironizó.

Si su empeño llega a buen puerto y vuelve a acertar en sus previsiones de esta sociedad de la que dijo «ha cambiado el átomo por el bit», quién sabe, a lo mejor Nicholas Negroponte es un serio candidadato al Nobel de la Paz. De momento, ayer, ante decenas de invitados en el Palacio Euskalduna, dio algunos consejos de los que, seguro, Juan José Ibarretxe, tomó nota. Entre ellos, escuchar a los jóvenes. En EEUU, dijo, no se estigmatiza el fracaso; aquí, en cambio, en Europa, quien fracasa, está acabado. Y así es imposible arriesgarse. En definitiva, que así es imposible innovar. Arranca la Semana de la Ciencia. «Tenemos un sueño», dijo ayer Pedro Luis Uriarte. «Pero hay que pasar a la acción», recordó.

Joseba VIVANCO

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