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Nicolas Xamardo González Profesor de la UPV/EHU

La nueva retórica de Rubalcaba

Recientes declaraciones del ministro de Interior español llaman la atención del autor, ya que observa en ellas un estilo diferente que conlleva una lógica diferente, objeto de análisis en este artículo. Considera significativo que Rubalcaba emplee reiteradamente el dilema «una figura privilegiada del poder para perpetuar un estado de cosas injusto».

Desde hace algún tiempo, dirigentes políticos del PSOE en el Gobierno, Conde Pumpido, Fernández de la Vega y, en especial, el ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, vienen realizando una serie de declaraciones, curiosas y significativas, en un estilo no habitual y al que, al parecer, han cogido gusto, precisamente, por el efecto mediático derivado de lo que acabamos de señalar. Significativas por inusuales y, en consecuencia, dignas de análisis; en un intento de ver lo que un concentrado de ideología de esta naturaleza deja intuir más allá de una simple mirada a lo peculiar de su formulación.

Nos referimos a las manifestaciones dirigidas a la izquierda abertzale y las elecciones y/o al supuesto fin de ETA: «O se está con los votos o con las bombas». «O dejan las armas por las buenas o el Estado acabará obligando a ETA a dejar las armas. Si alguien quiere debatir sobre si dejan las armas o no, ése es un debate pertinente, en el sentido bien entendido de que las dejan o las dejan». «Y si no lo pone ella, lo vamos a poner nosotros». Declaraciones, como decía, marcadas por un estilo y una lógica diferentes.

Reseñemos, en primer lugar, el empleo reiterado de una fórmula retórica, de pensamiento y estilo, que se conoce como dilema. Esta conocida figura, recogida en la Retórica clásica, sustenta, por ejemplo, el llamado mito fundacional de esta disciplina (que pierda o gane, Tisias deberá pagar) y soporta, así mismo, uno de los polos antagónicos en los que radica la tensión trágica de la inmortal obra de Esquilo, «Prometeo encadenado», como veremos a continuación.

En qué consiste este razonamiento? Como es sabido, todo dilema se apoya en una alternativa (no hay término medio entre un elemento y su contrario). Recordemos, por cercano, el conocido «O con el eje del mal o con la democracia», de la era Bush. Lo que el mensaje busca con la amenaza implícita es una división nítida de campos, y que, en consecuencia, la gente se posicione en la dirección buscada para hacer frente al antagonista; no permitiendo salidas intermedias o terceras vías. Como dice la literatura al respecto, su fuerza retórica proviene de que deja la elección (la ilusión de la elección) en manos del adversario, sea este real o potencial.

Veamos algunas de sus implicaciones. En primer lugar, la manifestación de un dilema indica la existencia de un antagonismo; es decir, que lo que hasta ese momento eran simples diferencias se han convertido en contradicciones y éstas se han vuelto irreconciliables, antagónicas, cual sucede en la confrontación Estado/ETA y/o Estado/izquierda abertzale. Y que esta situación se refleja en los comportamientos, en el lenguaje y en el pensamiento, como hemos señalado anteriormente. Sin embargo, lo que la teoría al uso sobre el dilema no dice es que quien formula y actúa en la lógica de éste es quien se considera con fuerza suficiente para tratar de imponérsela al contrario y obligarle a ceder en sus pretensiones, bajo la fórmula engañosa de aparentar dejar en sus manos la ilusión de la elección. O dicho de otra manera, que el dilema es una figura privilegiada del poder para perpetuar un estado de cosas injusto. Los oprimidos, los que luchan por la libertad, los que se rebelan contra la opresión, jamás platean sus demandas en términos de dilema o alternativa, sino de justicia.

Así mismo, es evidente que el antagonismo referido existe desde hace al menos unos cincuenta años y, curiosamente, es ahora cuando aparecen, una y otra vez, este tipo de formulaciones. Y no parece lógico pensar que los políticos mencionados hayan asistido últimamente a clases de Retórica. Por lo tanto, debemos suponer que, además de las señaladas, debe haber otras razones que expliquen la necesidad, en este momento, de tales fórmulas llamativas, cuando menos, por curiosas, y que denotan un estado subjetivo inusual.

Rubalcaba, en su nuevo papel de adivino, llega incluso a anunciar el fin de ETA para antes del 2016. ¿En qué se basa esta nueva modalidad de intoxicación informativa de la que hace gala recientemente el ministro del Interior español? ¿Quién le ha referido la enésima versión de una desaparición mil veces anunciada? En fin, lo evidente es que no se le puede negar cierta originalidad al ministro, que consigue, a la vez, desvelar la esencia del dilema y la suya propia («las dejan o las dejan»).

Además de lo señalado, se percibe una cierta impaciencia en los referidos mensajes, una necesidad de acelerar los tiempos y fases del proceso, como si ante la inminencia de un cambio, el cierre de un ciclo, el Estado se viese en la tesitura de forzar la situación para conseguir un objetivo no alcanzado hasta el momento y al que dirigió toda su estrategia ilegalizadora. Buscan situar al contrario en sus parámetros y que, acuciado por la prisa, ceda en su objetivos y se convierta, como dijo A. Badiou, refiriéndose a Sarkozy, en una rata. Por ello, parafraseando a Bergamín, frente a la impaciente paciencia del Estado, una paciencia impaciente es lo aconsejable.

Reparemos, así mismo, en su intencionalidad, a través de los posibles efectos de las mismas: con tales mensajes de fortaleza, los miembros del Gobierno buscan cohesionar y reforzar el campo estatal, transmitiendo a los suyos que están fuertes, que no ceden, que están ganando, que confíen en el Estado. Que ETA está a punto de entregar las armas.

A los contrarios, con este tipo de mensajes, les dicen que abandonen toda esperanza, que la batalla está perdida; que entreguen las armas, que condenen a ETA y que dejen todo en manos del Estado.

¿Qué sabemos y qué nos dice la Historia al respecto? Cuando escuché por primer vez estas declaraciones, me vino a la mente la conocida obra de Esquilo, «Prometeo encadenado». Parece increíble que veamos reflejado el contencioso vasco en una obra escrita hace unos 2.500 años. Y, sin embargo, esta identificación es posible, ya que su naturaleza de obra maestra universal radica, precisamente, en el análisis que hace de la esencia del Estado y de la política en su inicios, a través de una de sus invariantes: la contradicción entre poder («O me revelas el secreto o seguirás supliciado eternamente», dice Zeus a Prometeo, en forma de dilema) y justicia («Primero, me liberas y luego, te revelo el secreto», le responde Prometeo, el rebelde, saliéndose de la alternativa). O sea, «O se está con los votos o con las bombas», dice Rubalcaba, en nombre del Estado, a la izquierda abertzale. «Derecho de Euskal Herria a la libre determinación», le responde la izquierda abertzale.

Así mismo, este clásico nos habla de los efectos subjetivos de esa contradicción, en forma de un diálogo imposible entre esperanza (esperar algo del poder siempre genera desesperación) y confianza (Prometeo, en la peor de las situaciones imaginables, confía en la justeza de su propuesta); entre elección (escoger lo que el dilema ofrece) y decisión (salir del dilema; primero, me liberas). Es decir, nada esperamos del dilema de Rubalcaba; confiamos en lo que es justo para Euskal Herria. Nada elegimos de su oferta engañosa; seguimos apostando por el derecho a decidir del pueblo vasco.

P.D.-Afectado profundamente por la desaparición de Jon Anza, antiguo alumno y amigo, envío un saludo afectuoso a sus familiares.

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