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Eszenak

Herir la sensibilidad

Josu Montero escritor y crítico

Como una de esas raras conjunciones planetarias, coinciden hoy a orillas del Cantábrico tres pequeños soles del firmamento teatral, o quizá lunas, ya que se trata de mujeres. En el Teatro de la Laboral de Gijón estrena Angélica Lidell su nuevo trabajo, «La Casa de la fuerza». «Descubrí que el agotamiento físico me ayudaba a soportar el agotamiento espiritual», dice Lidell refiriéndose a un momento de desánimo extremo que atravesó hace un año y del que surgió este espectáculo. A pesar de que siempre había echado pestes de ellos, se apuntó a un gimnasio. «Me encontraba asustada, triste, furiosa. Hacía ejercicio de no sentimientos para compensar el exceso de sentimientos. Me agotaba. Eran ejercicios de preparación para la soledad». Casi cuatro horas de espectáculo a cargo de la propia Lidell y otros tres actores de su compañía Atra Bilis ¡más un campeón de strongman o un mariachi!

En Santander no estará Sarah Kane, pues la dramaturga británica se mató en 1999 a los 28 años, pero sí estará una de las cinco brutales obras que nos dejó. «Cleansed», a cargo del rumano Teatro Nacional de Cluj, abre la Muestra Internacional de Teatro Contemporáneo. Como casi todo en Kane el título es contundente y polisémico: purificado, depurado, pringado, redimido... Un puñado de personajes recluido en el interior de la valla de una extraña institución en la que habitan todos los horrores. Hay quien tiene la sartén por el mango y quien es golpeado, humillado, violado, mutilado... Todo un hermético y ritual retablo de crueldades y miserias amplificadas hasta lo insoportable en un universo paradójicamente regido por el amor; un mundo que se detesta y se autodestruye y que busca, sin embargo, desesperadamente salvarse a través del amor. La violencia extrema y explícita es omnipresente en las obras de Kane: «He elegido representarla, porque a veces tenemos que bajar al infierno mediante la imaginación para evitar acabar allí de verdad». A pesar de sus tragedias, ella no lo consiguió. «Era como un caracol sin su concha. Era tan delicada y estaba tan desnuda frente a este mundo, que al final éste la mató», afirmó de ella el Nobel Harold Pinter. En Santander avisan que la obra puede herir la sensibilidad del espectador. Se equivocan, las obras de Kane no son sino potentes descargas para hacer revivir nuestra sensibilidad moribunda.

Ana Vallés tiene poco en común con Lidell y con Kane. La directora de la veterana compañía gallega Matarile presenta en Barakaldo su «Animales artificiales», iniciando una pequeña gira por varios teatros vascos. Lleva ya bastantes años Ana Vallés ajustando cuentas con el teatro previsible, el teatro entendido como una forma de ficción obediente a la lógica narrativa. Ella trabaja buscando vida real, autenticidad, no representación, y lo logra con esa vitalista amalgama de lenguajes cruzados y tan sabiamente medidos; por eso, cada espectáculo de Matarile es una fiesta y un pequeño milagro.

Y la semana que viene overbooking argentino en el Festival Les Translatines de Baiona y Biarritz. ¡Redoble de tambor!: Pavlovsky y su legendaria «Potestad»; los dos nuevos montajes de Veronese, a partir de obras de Ibsen; la segunda y calentita creación del teatrero porteño del momento, Claudio Tolcachir y su grupo Timbre 4; el «Buenos Aires» de R. Spregelburd; o Copi llevado a escena por el Théâtre des Chimeres...

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