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ASTEKO ELKARRIZKETA | Jose Luis Korta, el azote del salitre

«He peleado en primera fila; eso es lo que da confianza a la gente»

Parece escapado de un cuadro de Aurelio Arteta. Creció a orillas de una ría donde remar era la única diversión para los niños antes de hacerse a la mar. Y bogó. Como remero, como patrón y como entrenador. Es el deportista que más banderas de La Concha ha ganado: quince. Y en la televisión se hizo espectáculo. En el pontón o ante la cámara, sus señas de identidad son el genio y una boca sin censuras. Y la polémica. Vocifera contra lo que cree injusticia y apunta al dopaje como la carcoma que corroe las cuadernas de este deporte. Y como los santos –o el diablo–, tiene devotos y fustigadores.

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Amado u odiado. No deja indiferente a nadie. ¿Qué les da?

Para unos soy muy bueno y para otros muy malo. Yo doy lo que tengo, no escondo nada. A veces tengo dudas: qué parte tengo buena y qué parte mala...

Se lamenta muchas veces de que todos están en su contra. ¿Es por polemizar o realmente cree que le acosan en el remo o en la televisión? ¿Por qué razón le iban a perseguir?

Yo, si hay una injusticia, reclamo. A mí nunca me ha gustado rendirme, pero tampoco quiero matar a la tripulación cuando no va a ganar. Prefiero rendirme y levantar las manos cuando sé que me van a matar. Quizás las maneras... Creo que eso es lo que buscan. ¿Qué se busca de un toro? Que ataque. Es lo que hacen conmigo muchas veces. El toro, por sí, no embiste. Si está solo se queda tranquilo. Yo soy un poco parecido.

¿Pero por qué tiene tantos enemigos en el mundo del remo?

Pues por la envidia y porque mucha gente tiene mucho que esconder...

¿Le tienen miedo a usted?

¿Miedo? No, no creo. ¿Por lo que pueda decir? Si una persona no ha hecho nada, no puede tener miedo por lo que puedan decir de él. Por lo que digan de mí, por ejemplo, yo duermo fenomenal. Sería al revés; si yo estuviera hablando mal de los demás y escondiera algo, entonces sí que no dormiría... Si Korta ha ladrado es porque hay alguien robando o haciendo algo raro al lado. Es como un perro cuando está de guardia, si ladra no es porque está soñando, no...

En algo sí coinciden amigos y enemigos: su capacidad para conducir equipos. ¿En qué se debe sustentar un liderazgo?

Lo mejor es que los que trabajan para ti tengan confianza en el líder. Cuando han confiado en mí hemos conseguido cosas. Hay que demostrar que lo que digo es válido y hacer así las cosas. Si yo he triunfado en el deporte es porque he sido ejemplo; antes de pedir a los demás lo he hecho yo. He sido un general pero yendo delante, no un general que está detrás mandando las tropas para adelante... He peleado en primera fila; eso es lo que da confianza a la gente .

¿De niño o de adolescente era usted líder?

Yo no he tenido cuadrilla de amigos. En el barrio teníamos una lancha... y a remar, a ver quién ganaba al otro, a ver quién cogía más quisquillas, más lubinas o más cangrejos, o a ver quién tiraba más lejos la piedra o quién levantaba más peso, quién corría más... Yo creo que para ser líder hay que destacar en algo para que los demás crean que es bueno, que se puede confiar en él. Yo empecé a remar en competición con 18 años; y cuando empiezas a ganar a los que en ese momento eran mejores, la gente te mira a ti y piensa que eres un líder. No creo que a mí me hayan mirado por guapo.

Está acostumbrado a ganar. ¿Qué tal encaja la derrota?

Yo, muchas veces, encajo mejor la derrota que la victoria. Ganar mal me sienta peor que perder haciéndolo bien. Yo he felicitado a mi tripulación después de perder porque sé que hemos hecho lo que hemos podido. También he echado una bronca increíble después de ganar porque no hemos rebajado lo que debíamos... Hay gente que dice que no sé perder. En el deporte yo soy el que más ha perdido, pero también tengo la suerte de que he estado muchos años y he ganado mucho.

Polémico, indomable, en ocasiones genial... A algunos les recuerda a un paisano suyo y, salvando las distancias, dicen que es usted el Oteiza del deporte vasco...

Con Oteiza tuve la oportunidad de estar ya muy tarde. Fue un día clave para mí, cuando dejé Orio para venir a Castro. Fue el año 1998. Un día me llamó y me dijo que hacía como 25 años que no había pasado el puente de Orio y quería estar conmigo. Yo no le conocía; al principio, cuando le vi, me asusté. Me dijo que teníamos que montar una regata para desactivar minas [antipersona] en el mundo. Dos guerrilleros... A ver qué podía hacer yo para sacar dinero. Y le dije: pues me gustaría hacer una regata de noche porque no se ha hecho nunca... Y ese mismo día es cuando dije que dejaba Orio y venía a Castro. Fue un día de esos que... Luego tuve alguna relación posterior.

Y tengo pena porque estuvimos los dos hablando y discutiendo de remo; me hizo unos dibujos y luego la mujer me echó una bronca porque no los había recogido. Pero en aquel momento... Nos acordamos siempre tarde.

Dicen que es su carácter enrabietado lo que le da estrella televisiva. ¿En la pantalla vemos al personaje o al auténtico Korta?

Algunos venden en la televisión por guapo, otros porque dicen tonterías y yo porque estoy cabreado. Es la leche... Me cabreo muchas veces a cuenta de eso. Cuando yo hago algo mal no lo esconden. ¡Que me saquen también de vez en cuando cosas bonitas que van a gustar a la gente! A mí me ven jurando un día y regalando escapularios otro. ¿Con qué Korta nos quedamos?

¿Cuál es el de verdad?

Los dos.

¿Qué es lo que más le enfada en la vida?

La injusticia, la gente que no va de verdad y engaña. Hay gente a la que miras a los ojos y sabes si te va a mentir o no. Con la gente que piensa antes de decir, cuidado, cuidado... Es como el periodismo actual: ¡taca! No podéis hablar. Ahora me voy a meter con los periodistas: el periodista bueno es el que escribe lo que ha visto, no lo que le dice el jefe.

De acuerdo. ¿Está satisfecho de su experiencia en la televisión?

No sé por qué me llaman, será por las broncas. Si me hubieran cogido hace treinta años, habrían conocido al Korta verdadero.

Es usted uno de los deportistas más conocidos y mediáticos de Euskal Herria. ¿Qué tal lleva la popularidad?

Con lo de «El conquistador» es increíble... ¡Si no puedo salir a la calle! Me dicen «Joder, Korta, si eres más guapo y más alto que en la televisión». «Claro, es que allí me maquillan mal», les digo [risas]. En la televisión se ve lo que se quiere; yo veo lo que quiero, y si no quiero, la apago.

En su carrera profesional también ha dejado antipatías... ¿Visita los pueblos donde podría encontrarse con adversarios?

¿Por qué no? No me han cerrado la frontera en ningún sitio. Todavía se puede andar sin pasaporte...

¿En su Orio natal también tiene amigos y enemigos?

Eso no es de ahora... Es la envidia. Eso viene de antes de marcharme a Castro, de antes de empezar a remar. Ya cuando empecé en el barco a los 14 años apostaba contra todo el barco y siempre perdía porque era Lasarte-Michelín contra Orio. Y los del barrio Ortzaika de Orio somos de Berlín Este. Pero ¿quién es más oriotarra que yo? ¿Los que están dirigiendo ahora el club? Pero si hay muchos dirigiendo el club a los que la primera camiseta amarilla se la he regalado yo.... ¿Han peleado con lo que he peleado yo? ¿Han limpiado tantos váteres en el club de Orio? ¿Han arreglado tantos botes como yo? ¿Han remado tanto como yo? Claro, ahora soy malo porque estoy en contra de ellos... Yo allí me siento oriotarra como el que más; ahora, si estoy en otro sitio defenderé mis colores y mi familia.

Yo tengo la certeza de que no hecho mal a nadie. Alguna vez habré dicho alguna tontería o me habré cagado en él, pero todo lo que escupen ellos... Pero si este mundo fuera sólo de palabras sería un paraíso. No habría ni paro, ni hambre, ni violadores, ni ladrones... Aquí son los hechos lo que valen.

¿Cómo llegó al remo? ¿Cómo fueron sus comienzos?

Tenía un río al lado y una lancha para robar al abuelo, que hacía barcos en Orio. El primer barco en el que anduve en la mar en el año 1964 lo había construido mi abuelo y también yo tuve parte. Allá gané mi primer jornal, en el astillero; fue el primer dinero que me pagaron por hacer algo; me acuerdo que era un billete de cien pesetas en un sobre azul pequeñito por recoger los tornillos y clavos del suelo. Era tan pequeño que no tenía que agacharme para cogerlos debajo del casco. Y en ese mismo barco arrantzale empecé a trabajar como txo, desde 1964 hasta 1968.

Al remo llegué porque no teníamos otra cosa entonces, no había otro deporte. Una vez al año pasaba la Vuelta a España; allá estábamos esperando a ver a Loroño y a Bahamontes. Disfrutábamos más antes, cuando llegaba la caravana, porque los ciclistas pasaban en diez segundos. Y del remo recuerdo la trainera de Orio. Oíamos el ruido a dos kilómetros cuando subía del puente, aquel ruido de la madera crujiendo que hemos perdido en el remo. Ahora hemos ido al plástico... A veces pienso que voy a poner toletes de acacia a la trainera.

Su marcha de Orio a Castro en 1998 fue considerada una locura. Había ganado todo, tenía la vida organizada... ¿Le pasó una factura grande?

Una persona normal no habría hecho eso. Tenía un puesto fijo en el ayuntamiento y hacía de entrenador en el club. Cuando llegué en 1991 era como un equipo de tercera división, le quedaba el nombre de Orio pero era un desastre. Había que traer una bomba atómica para ganar esa guerra y me llamaron a mí. Hicimos un trabajo muy bueno. En pocos años conseguimos ser una tripulación. Luego la salida no fue normal... Castro andaba detrás mía dos años antes. Y ese día que estuve con Oteiza, no sé si me abrió los ojos. Después de estar con él, bajé al club, hablé con el presidente y me dio la impresión de que yo sobraba.

Para mí siempre ha sido más fácil marcharme de los sitios de los que me han echado. Los momentos más duros fueron cuando dejé Zierbena para ir a Orio y cuando dejé Orio para ir a Castro. Cuando eres deportista crees que has ganado las cosas para ti solo, pero luego, cuando te haces entrenador, te das cuenta de que has ganado para mucha gente.

Lleva ya 42 años en el remo.. ¿Cómo ha evolucionado este deporte desde sus comienzos?

Ahora los clubes de remo son selecciones. Como en el fútbol, hace años sólo tenían fichajes los grandes y ahora, todos. En el remo también ha pasado eso. Antes los remeros eran del lugar y alguno que venía de al lado. Era gente muy fuerte, pero ahora es gente escogida, con materiales mejores... Son fichajes.

Usted ha acusado muy duramente a la clase directiva del remo por su gestión...

Hemos descojonado todo. Las leyes que había antes estaban bien hechas. Ahora siempre que hay una ley es para perjudicar a uno u otro porque no puede hacer lo que sí está haciendo éste. ¿Hay alguna ley buena para el pueblo? Ninguna, que sepa yo. Me gustaría conocer una ley buena para el pueblo, no para los políticos. Porque lo que en este mundo está claro es que los políticos no están para servir al pueblo; están para servirse del pueblo. Alguno habrá, pero no será en primera fila...

¿Sigue la actualidad política?

No, cada vez menos... No sé cómo todavía la gente va a votar. A mí que me digan de dónde soy yo: de izquierda, de derecha...

Se lo pregunto: ¿De dónde es usted?

No tengo sitio ni en la mesa. Me pongo donde hay para comer. En mi casa. Eso de izquierda o derecha... Yo estoy en contra de las injusticias. Quiero justicia, aunque no me guste, para todos...

¿Y este país, Euskal Herria, sufre alguna injusticia?

Que no mandamos el pueblo. Entonces no es democracia.

¿Y cómo se arregla?

¿Arreglar esto? Poniéndome a mí de lehendakari... Tenemos que arreglarnos, sentarnos y hablar. Queremos que la gente que no es culpable no esté en la cárcel y que la gente no ande con escolta por la calle, que hagamos algo mejor de lo que hay porque estamos descojonando todo.

Ahora se están moviendo ciertas cosas y puede ir cambiando la situación. ¿No es optimista tampoco en eso?

Tienen que dar un paso los políticos; nosotros no podemos cambiar. Para cambiar tendríamos que mandarles a casa y empezar de nuevo. ¿Por qué vivimos en el único sitio del mundo en que no dimite nadie de los que nos mandan? Se acusan uno al otro de que nos están robando. Esto es el antiguo Oeste. ¿Quién pagaba al sheriff? El que más dinero tenía en el pueblo, el más fuerte... La realidad de este país es triste.

Tengo la impresión de que de política no habla tan claro...

Yo creo que soy igual para todos. Tenemos que arreglar este país. Que la gente tenga juerga, que no haya escoltas, que no haya en la cárcel tanta gente que no tiene delito de sangre. Es que solamente por ideales nos meten a la cárcel... Tenemos que arreglarlo, no para nosotros, sino para los que vienen detrás. Nosotros vamos de paso. A la gente que viene detrás tenemos que dejarle algo mejor, más ilusión... No tenemos más que paro, gente en la cárcel, gente con escolta... ¿No hay gente con huevos para arreglar esto? Porque no quieren moverse del sillón.

Usted ha denunciado trampas, favoritismos... ¿Tan sucio es el mundo del remo?

No es el remo; es sucio el mundo. En todos los aspectos. Y el remo no escapa de eso porque la gente sabe pero se calla. Queda más bonito: «Me callo y si puedo hago lo mismo»... No hemos mejorado; hay más nivel, andamos más rápido, somos más altos, más guapos, pero no somos más honrados o más limpios. Nos ponemos más colonia que antes pero olemos a otras cosas... Tenemos que arreglar eso.

¿Hay dopaje en el remo?

En todos los aspectos de la vida hay dopaje. Aquí ha habido casos y se han tapado. Siempre va a haber tramposos. En esta vida siempre va a haber gente que roba, gente que viola... Cuando se le pilla a alguien, tiene que tener castigo. Yo soy en el remo el tío más castigado y nunca me han pillado fuera de juego. «Es que ha dicho, le han oído, es que ha invadido el pontón...» Pero a cuenta de eso hay gente que ha ganado muchas medallas y todavía sigue mandando, mangoneando en el mundo del remo. Están en las últimas, pero...

¿Por qué no hay otras voces que denuncien el dopaje?

¿Y de qué sirve denunciar? Voy a poner un ejemplo: hay una Operación Puerto [de 2006] que todavía sigue abierta. Y gente que entonces salió en aquella lista está ganando carreras... Médicos sospechosos -presuntos, como se dice ahora- siguen ganando dinero y haciendo su trabajo. Operación Galgo: ¿Galgo? Estamos en un mundo de «Operación Mierda». Cuando se pilla a alguien hay que aplicar sanciones. Aquí ha habido muchos casos de más que sospechas: positivos, remando enfermos, haciendo records, ganando regatas... Yo estoy en contra y, mientras tenga salud, pelearé contra eso. Y yo sigo opinando que este año me han robado la regata de La Concha. Más claro no lo puedo decir.

Eso mismo dijo el 13 de septiembre del año pasado, nada más acabar la bandera de La Concha, y tuvo problemas...

Podría decir mucho más, pero es que en este mundo dicen: «Pruebas». Sabemos todos que existe pero hacen falta cadáveres... Hoy en día todo el mundo dice: «No hay positivos». Digo yo: ¿Y todo lo que ha pasado en la Operación Galgo ahora? Toda esta gente ha pasado controles y no les han pillado. O los de los controles son muy malos o los médicos son muy buenos; muy buenos haciendo trampas... Siempre piden pruebas, pero existen: hay denuncias, ingresos, positivos con morfina... y siguen ganando regatas. Yo tengo mis dudas con la tolerancia cero. No entiendo qué quiere decir.

El caso llegó a los tribunales...

Pero yo no dije nada... ¿Qué dije yo aquel día? Que si hubiera sido en Francia habría sido otro resultado. No dije nada de Urdaibai. Entendió eso la gente que quería entender eso. ¿O se quería esconder algo? ¿O castigar al que menos culpa tenía?

Creo que se entendió perfectamente lo que quería decir...

Sí, pero quince días antes de La Concha me acusaban a mí a ver cómo ganaba yo 30 segundos con tres cambios. ¿Cómo se puede entender eso? ¿Qué quería decir aquello? Nadie lo entendió así... ¿Tú sabes lo que yo podía haber dicho el día de La Concha? Si digo todo lo que sé...

¿Y por qué no dice todo lo que sabe?

Te meten a la cárcel... O te fusilan. Te dicen: «No sabes perder». A mi nunca me ha costado felicitar al que me ha ganado. Iré con la cabeza baja pero le felicitaré. Y yo, siendo como soy, le felicitaré al que me gane limpiamente, pero si sé que están trabajando injustamente, seguiré diciéndolo.

¿Ha lamentado alguna vez no haberse mordido la lengua?

Quizás estando callado sería más guapo, pero... En este momento me arrepiento de no haber dicho más, pero ¿de qué te sirve? Si digo todo lo que sé... La gravedad de esto es que hay mucha gente que lo sabe. Yo ya lo denuncié 15 días antes de La Concha. Y hay muchos clubes que me han acribillado: «No sabe perder», «mira qué regata ha hecho»... Si algún día alguien me da una pizca de razón, tengo ganas de ver qué dice esa gente, tengo ganas de ver algunos médicos muy famosos aquí, que son muy malos como médicos -se les podría llamar otro nombre-.

Tiene contrato con Kaiku hasta el año que viene. ¿Y después? ¿Si le llamaran, estaría dispuesto a volver a Orio?

Es muy difícil que me llame Orio; tendría que estar otra vez bajo cero, como antes... Si me llamaran, por qué no iba a volver. Yo estoy dispuesto a trabajar donde me quieren para trabajar. La mayoría de los que han estado conmigo me volverían a llamar. Yo, seguramente, me olvidaría de las putadas que me han hecho. Olvidar, olvidar... no me olvido, pero al final...

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