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Jon Odriozola | Periodista

A vueltas con la crisis

Ahora se lamentan -o fingen hacerlo- de la especulación bancaria, de las «burbujas», etc., pero ha sido eso lo que ha estado taponando la crisis durante tres décadas

Ahora va a resultar que Bankia -donde pululan bandidos que no banqueros y, además, chapuceros- tiene la culpa de la crisis. Bankia como exutorio, como emético de las frustraciones populares. Nos quieren miopes y présbitos. Incluso, en un alarde de cinismo sádico, hablan de que Bankia ha sido «nacionalizada». Inyectan dinero público, es decir, de los contribuyentes, para cubrir los socavones de la inepcia gansteril con el beneplácito de no importa qué gobierno de turno. Y, para más inri, llevándoselo crudo en forma de pensiones y jubilaciones burlándose del pueblo. Yo podría preguntar (ingenuamente), ¿por qué nosotros, los trabajadores, no exigimos la nacionalización de todos los medios de producción con el dinero de los oligarcas y la gran burguesía? La palabra correcta sería «expropiación», ya que ellos son los propietarios de esos medios de producción y de nuestra fuerza de trabajo. Pero sucede que, en crisis, el trabajo es un «activo tóxico», un input, para el capitalismo y de ahí el la escandalosa tasa de paro. Y no se olvide que el paro no es un «problema» para el capital -salvo que exceda límites que pongan en peligro la «paz social»-, sino una «solución» para el gran capital que utiliza la fuerza de trabajo asalariada como una mercancía más -de usar y tirar, según convenga-, igual que un martillo o una llave Allen, solo que estos dos instrumentos no generan plusvalía para el capital muerto -eso es el capital- que vive del trabajo vivo, como los vampiros.

No hay que confundir la crisis con sus síntomas externos, confundir los efectos con las causas. Esta crisis no tiene «causas» porque el capitalismo es la crisis, un capitalismo que ha hecho de la crisis su forma natural de existencia. Y, al margen de los parches puntuales, no puede salir de ella sin renunciar a su esencia: la explotación y las guerras. No existió ninguna clase de política capaz de superar la bancarrota de 1929: ni New Deal ni Plan Dawes. La guerra -en frase ya clásica- es la continuación de la política por otros medios. Dicho en argenta: la verdadera política económica anticrisis -y eso lo admiten hasta los economistas burgueses- fue la guerra de 1939-1945, o sea, la II Guerra Mundial. Igual que hoy, pero exportando la «democracia» pretextando autogolpes de falsa «bandera enemiga» como el 11-S o «dictaduras» como en Libia.

Ahora se lamentan -o fingen hacerlo- de la especulación bancaria, de las «burbujas», etc., pero ha sido eso lo que ha estado taponando la crisis durante tres décadas. También es un error hablar de crisis del «sistema financiero» como si este no tuviera que ver con lo que es bajo el imperialismo: estrecha unidad entre el capital bancario y el capital industrial. No se entiende uno sin el otro, son siameses, y si uno estornuda, el otro agarra pulmonía.

¿No hay salida? La hay, igual que hay dinero a manta: que cada país descargue su crisis sobre el país vecino más débil, es decir, la competencia, la rivalidad que es consustancial al capitalismo y es lo que vemos estos años. Y aprovecharse de la «crisis» con «rescates», como hace Alemania en el IV Reich y sin pegar un tiro. Lo mismo que harían los demás buitres, si pudieran.

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