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Floren Aoiz | www.elomendia.com

Lo alto y lo bajo, caridad, credibilidad y odio a la chusma

En el PNV de Gipuzkoa parece molar el papel de Pitufo Gruñón. Uno diría que tienen una indigestión muy seria, como si la mayoría lograda por Bildu les siguiera dando vueltas en el estómago

Unos tuits de Markel Olano, exdiputado general de Gipuzkoa, han encendido las redes sociales. Decía Olano que mientras se celebraba el aniversario de la muerte por parte de ETA del empresario Korta, Bildu aplaudía los robos a supermercados. Y, no contento con semejante genialidad, se preguntaba cuánto donaban a Cáritas los que realizaban acciones de protesta de esas características. Entre tanto, Joseba Egibar cuestionaba la credibilidad de Garitano al asistir al homenaje a Korta. Si no van porque no van, si van porque van; la cosa es criticar y poner en duda la «credibilidad».

En el PNV de Gipuzkoa parece molar el papel de Pitufo Gruñón. Uno diría que tienen una indigestión muy seria, como si la mayoría lograda por Bildu les siguiera dando vueltas en el estómago, sin terminar de asimilarla. Y, para colmo, el colapso institucional que auguraban no llega por ninguna parte. Debe ser duro descubrir que otras y otros pueden hacerlo mejor que tú cuando creías que por haber nacido martillo siempre te iban a caer del cielo los clavos.

Porque de eso es de lo que estamos hablando, de una mentalidad de club selecto del que la chusma está excluida. La gestión de las instituciones ha sido concebida como una responsabilidad limitada a ciertas élites. Solo a ellos correspondía repartirse con más o menos deportividad los puestos, pero quedaba estipulado que esas instituciones no se habían creado para caer en manos de gente «no preparada»; el pueblo no está preparado para gobernar, la dicotomía alto-bajo aplicada a la política.

El historiador Carlo Ginzburg, en un artículo titulado «Lo alto y lo bajo. El tema del conocimiento vedado en los siglos XVI y XVII» parte de un texto de San Plablo contra la soberbia moral, para señalar cómo se han construido interpretaciones destinadas a desautorizar la curiosidad intelectual y, mucho más allá, «conservar la jerarquía social y política existente, condenando a los pensadores políticos subversivos que intentaban penetrar en los arcanos del Estado». Recuerda Ginzburg cómo se ha usado, en diferentes ámbitos, la llamada a no ocuparnos de lo que está por encima de nosotros. En el fondo, «la necesidad de impedir la intervención de la gente común en la toma de decisiones políticas».

El malestar en la clase política por la irrupción de Bildu en las instituciones y el rechazo a las expropiaciones de supermercados nos recuerdan esa obsesión por mantener el orden establecido y evitar que la gente común pueda convertirse en sujeto político, sea en la calle o en las instituciones. Es la defensa del predominio de lo alto frente al prota- gonismo creciente de lo bajo. Algunos creen que el papel de lo alto es señalar quién tiene o no credibilidad, del mismo modo que la caridad es la expresión de la buena voluntad de quienes habitan lo alto hacia los que moran en lo bajo. Otros creemos que no debe haber alto ni bajo, que es el pueblo quien reparte la credibilidad y que la caridad es un pésimo sucedáneo de la justicia.

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