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Las centrales eólicas, cementerio de miles de aves protegidas en Nafarroa

Las aspas de los gigantes aerogeneradores que pueblan los montes vascos alcanzan velocidades de 230 kilómetros por hora en sus extremos. Esas aspas se cobran cada año la vida de miles y miles de aves, muchas de ellas de especies protegidas. Las aves de mayor envergadura, como buitres, águilas y otras rapaces planeadoras, quedan literalmente destrozadas a causa del brutal impacto. Este es uno de los aspectos abordados en las Jornadas Eólicas de Gasteiz.

Iñaki VIGOR |

El desarrollo de la energía eólica en Nafarroa supone, en su conjunto, «el mayor impacto ambiental que está sufriendo la naturaleza» en este herrialde, y sobre todo la avifauna. Así lo ha expuesto Toño Munilla, portavoz de Gurelur, durante las Jornadas Eólicas celebradas en Gasteiz este fin de semana.

Estas jornadas han sido organizadas por la Mesa Estatal para el Emplazamiento Racional de la Energía Eólica, coordinadora que agrupa a muchos grupos que en sus respectivos territorios intentan que la energía eólica se desarrolle de acuerdo a principios de respeto a la naturaleza y a los valores culturales y estéticos de las áreas rurales.

Dentro de Euskal Herria, Nafarroa es el herrialde más afectado, tal como señalaba el portavoz de Gurelur. Cuando en 1994 esta organización ecologista empezó a estudiar los distintos proyectos de energía eólica que se estaban empezando a poner en marcha, ya advirtió que iba a tener un «impacto tremendo».

«Las centrales eólicas están instaladas generalmente en zonas elevadas, y eso supone la industrialización de los montes. Hay que hacer caminos y carreteras de acceso, desbrozar miles y miles de árboles y arbustos, construir los edificios que van anejos a las centrales eólicas, instalar los aerogeneradores y los tendidos de evacuación de la energía. Hay que tener en cuenta que estas centrales se están ubicando en zonas donde antes no había ningún tipo de infraestructura, y las afecciones son tremendas», afirma Munilla.

Aquel año de 1994 los miembros de Gurelur ya sospechaban que los grandes molinos de viento que comenzaban a poblar algunos montes de Nafarroa también tendrían afecciones importantes en las aves, y sus sospechas no tardaron en convertirse en evidencias. «Nos hubiera gustado equivocarnos, pero, desgraciadamente, el tiempo nos ha dado la razón», lamenta Toño Munilla.

8.000 ejemplares cada año

Según estudios del propio Gobierno de Nafarroa, recogidos y analizados por Gurelur, en 11 de las 31 centrales eólicas que en estos momentos existen en el herrialde, cada año mueren cerca de 8.000 ejemplares de especies protegidas.

«Son datos escalofriantes recogidos por un grupo de científicos pagados por el Gobierno, que ahora se está esforzando por ocultarlos. De hecho, nosotros conseguimos esos datos fuera de Navarra», recuerda Toño Munilla.

También advierte que «parte de la rica fauna de Navarra está en peligro de extinción», y que ya hay especies que están desapareciendo. Como ejemplo, apunta que en la central eólica de Izko ha muerto una pareja de águila culebrera, una especie de población muy reducida, y que en el mismo parque han muerto ejemplares de águilas reales, milanos, azores, gavilanes y muchos buitres y murciélagos.

El portavoz de Gurelur califica de «ilegales» los estudios de impacto ambiental de las centrales eólicas en Nafarroa, y acusa al Departamento de Medio Ambiente de «permitir la presentación de estudios de impacto ambiental que se han realizado en los despachos, sin tener en cuenta las afecciones que esas centrales eólicas iban a tener».

«El que paga la flauta elige la melodía, y los que pagan los estudios de impacto ambiental -añade Munilla- son los que al final ponen los resultados que a la empresa le interesa. Una de las consecuencias de esta forma de actuar es la elevadísima mortandad de aves que causan los aerogeneradores».

Una de las circunstancias que explican esta mortandad es que Nafarroa se encuentra en la principal vía de migración de aves de Europa occidental. «Por aquí pasan millones de pajarillos y miles y miles de aves de gran tamaño. En esta época del año empiezan a emigrar ansarones, grullas y otras especies, pero como muchas cumbres están cubiertas por nubes bajas y nieblas, no ven los aerogeneradores y mueren golpeadas por sus aspas», constata Munilla .

Uno de sus temores es que puedan estar muriendo muchos pequeños pajarillos que están en peligro de extinción. «Los pájaros pequeños que mueren en las centrales eólicas son muy difíciles de detectar, porque en cuanto caen muertos -explica-, son devorados por hambrientos depredadores».

«Es mentira que evita CO2»

Uno de los argumentos que utilizan algunas administraciones y grupos con tienen intereses económicos en estos proyectos es que con las centrales eólicas se están evitando emisiones de CO2 a la atmósfera.

«Eso es mentira -responde tajante Toño Munilla-. Al mismo tiempo que en Navarra se están desarrollando energías que llaman renovables, se han construido dos centrales térmicas y ahora quieren duplicarlas. En ningún momento se ha dejado de producir ningún kilowatio por los métodos tradicionales. Lo que ocurre es que el capital ha visto en estas otras energías un auténtico chollo».

Otro dato que aporta es que los aerogeneradores «necesitan estar trabajando quince años» para recuperar la energía consumida en la producción de la torre, las palas y otros elementos. «Es decir -remarca- la energía que producen no compensa el gasto energético que supone su puesta en marcha».

En cualquier caso, deja claro que Gurelur está a favor de la energía eólica, «pero no de esta forma, no a costa de la muerte de miles de animales».

«Algunos ecologistas se están planteando -apunta como ejemplo ilustrativo- si no sería mejor instalar una central térmica que no llenar los montes de aerogeneradores, llenar los ríos de centrales hidráulicas, llenar las zonas esteparias de centrales solares o instalar centrales de biodiésel».

De momento, la situación es muy diferente en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, ya que hay muchas menos centrales eólicas que en Nafarroa y además la respuesta por parte de montañeros y organizaciones ecologistas está siendo más contundente.

Una de las personas que mejor conoce la situación es Nacho García, representante de la Plataforma para la Implantación Racional de la Energía Eólica en Euskadi, integrada por la Sociedad de Ciencias Naturales Ontzat, Izate, el Grupo Ornitológico Lanius, el Instituto Alavés de la Naturaleza y Adena-Bizkaia.

El propio Nacho García expuso el sábado la primera comunicación de las Jornadas Eólicas celebradas en Gasteiz, precisamente la que analizaba la situación en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. «No estamos en contra del desarrollo de la energía eólica como alternativa que puede ayudar a combatir el cambio climático, pero no nos gusta nada la forma en que se está llevando a cabo», declaró a GARA.

Aunque admite la necesidad de reemplazar las energías basadas en combustibles fósiles por energías alternativas, Nacho García constata que las grandes centrales eólicas están controladas «por las mismas empresas eléctricas de siempre».

Un dato que le preocupa es que, de todos los emplazamientos previstos para parques eólicos hasta al año 2010, hay cinco que están en espacios protegidos, total o parcialmente, y son precisamente los emplazamientos donde se conseguiría una mayor potencia energética. Estos cinco emplazamientos sería los Montes de Iturrieta, Cruz de Alda, Kolometa, Sierra de Arkamo y Gazume.

Tras indicar que algunos aerogeneradores tienen dimensiones descomunales, como los instalados en Badaia, que tienen más de cien metros de altura, Nacho García constata que sus impactos se multiplican cuando se ponen en zonas naturales y protegidas.

García señala que todavía no está cuantificado «si es mucho o muchísimo» el impacto que los aerogeneradores tienen sobre las aves rapaces, pero no duda de que cuando se obtengan datos «va a salir una cifra impresionante».

Estudios

«Han permitido la presentación de estudios de impacto ambiental realizados en los despachos, sin tener en cuenta las afecciones que esas centrales eólicas iban a tener», afirma del portavoz de la asociación Gurelur.

Migración

«En esta época del año empiezan a emigrar ansarones, grullas y otras especies. Pero como muchas cumbres están cubiertas por nubes bajas, no ven los aerogeneradores y mueren golpeadas por sus aspas».

Alternativa

«No estamos en contra del desarrollo de la energía eólica como alternativa que puede ayudar a combatir el cambio climático, pero no nos gusta nada la forma en que se está llevando a cabo», aclara Nacho García.

35 centrales

En Euskal Herria están funcionando en la actualidad 35 centrales eólicas, de las que 31 se encuentran en Nafarroa y cuatro en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. En Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa no existe ninguna.

Es el territorio vasco más afectado, con más de mil aerogeneradores distribuidos en 31 zonas

Con casi 1.100 aerogeneradores distribuidos en 31 parques eólicos, Nafarroa es el territorio vasco más afectado por la «industria del viento». La «saturación» denunciada por algunos colectivos llevó al Gobierno de Nafarroa a promulgar un decreto para que no se pudieran instalar más centrales eólicas en el herrialde, pero posteriormente promulgó otro decreto mediante el que permite lo que denomina «áreas experimentales».

«Con esta excusa, están llenando Navarra de estas plantas experimentales -critica Toño Munilla-. Empresas como EHN o Acciona, que tienen muchas centrales eólicas, todavía están destrozando más zonas para instalar unos pocos aerogeneradores. El propio decreto dice claramente que los cinco aerogeneradores tienen que ser técnicamente diferenciados para justificar que haya cinco, en lugar de uno solo, pero hemos visto que son todos iguales, lo que significa que lo único que buscan es producir más energía».

Según sus datos, en la actualidad existen en Nafarroa más de una docena de estas plantas experimentales, «que están causando las mismas afecciones y el mismo problema de mortandad de aves que las grandes plantas eólicas».

Toño Munilla propone abrir un debate en la sociedad para decidir si se quiere o no centrales eólicas. «Si optamos por el sí, debemos ser conscientes de que están muriendo 8.000 ejemplares de especies protegidas cada año, y por tanto esto nos va a llevar a un desastre ecológico sin precedentes. Hay que plantear a la sociedad los supuestos beneficios ambientales de la energía eólica, pero también sus afecciones», matiza.

En Araba, Bizkaia y Gipuzkoa no se ha desarrollado la energía eólica de forma tan «desmesurada» como en Nafarroa. En estos momentos hay funcionando cuatro centrales eólicas, ubicadas en Puntalucero, que es un miniparque de menos de 10 megawatios de potencia, el monte Oiz, Badaia y Elgea-Urkilla, que es la mayor.

Debido a que Nafarroa se encuentra en la principal ruta migratoria de aves de Europa occidental, «tiene muchas más aves que el resto de Euskal Herria y la mortandad es muchísimo mayor», constata el portavoz de Gurelur.

Iñaki VIGOR

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