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Dramas y comedias se deciden en el último acto de la temporada

Tras el parón, la Liga entra la próxima semana en su último acto. Nueve jornadas en las que los actores descubrirán si protagonizan un drama o una comedia. Porque las posiciones están tomadas desde hace algunos capítulos, pero el desenlace es todavía incierto.

Amaia U. LASAGABASTER

Los partidos internacionales ejercen estos días de entreacto para la historia de una Liga que el próximo fin de semana comenzará a escribir su desenlace. Sólo quedarán, a partir de ese momento, nueve jornadas, pero los actores no saben todavía si protagonizan un drama o una comedia. Aunque, claro, con tres cuartas partes de la temporada consumidas, alguna pista hay.

Como en las historias de amor, los protagonistas han tomado posiciones desde los primeros capítulos, pero todavía no se sabe si la cosa acabará en boda. Y como en las malas novelas de intriga, han pasado ya unas cuantas páginas desde que los villanos de turno se han delatado. Lamentablemente, habrá que decir, porque en ese grupo se encuentran dos de los nuestros, a los que a este paso sólo va a poder salvar un giro al más puro estilo Agatha Christie.

Porque la lista inicial de invitados al descenso se va reduciendo semana a semana y no hay manera de que los nombres de Real y Athletic sigan el camino de Osasuna y desaparezcan de la misma. Sobre todo el del equipo donostiarra, que empezó mal y siguió peor, hasta caer al farolillo rojo en el que, pese a la mejoría experimentada en las últimas jornadas, se ha quedado empantanado. Y es que el apunte de reacción de la Real ha coincidido con la mejor racha del Nástic, su eterno compañero de penurias. Aunque parezcan tenerlo todo perdido, los catalanes tampoco se resignan y en las últimas jornadas han sido capaces de sacar los colores a Athletic o, lo que parecía más difícil todavía, al mismo Sevilla. Esfuerzo que se agradece aunque, por desgracia, los precedentes dicen que los equipos que, como Real y Nástic, acumulan semejante desventaja a estas alturas -ahora mismo se encuentran a nueve y siete puntos, respectivamente, del 17º puesto-, están condenados.

Como las desgracias nunca vienen solas, el trío de los lamentos lo completa un Athletic con bastantes más posibilidades matemáticas, pero sumido en uno de sus momentos más delicados de la temporada: ha saldado con un solo punto y una imagen nada halagüeña tres finales consecutivas ante rivales directos.

Todo lo contrario sucede con el Betis, pese a que todavía esté lejos de certificar la permanencia. El equipo verdiblanco cayó la semana pasada en su trascendente visita al Mallorca, pero de momento no es más que un tropiezo en una trayectoria que la llegada de Luis Fernández ha enderezado considerablemente: el Betis es, de hecho, el mejor equipo de la segunda vuelta.

Entre los sevillanos y los tres puestos de descenso, Levante y Celta también parecen condenados a sufrir hasta el último momento. La llegada de Abel al banquillo valenciano se dejó notar, pero no lo suficiente como para evitar apreturas a su equipo. También se rondó el relevo en el Celta -el nombre de Javier Clemente sonó en su momento como relevo de Fernando Vázquez-, que sufre, entre otros, el mismo mal que el Athletic, su incapacidad para sacar adelante los partidos en su campo. Un solo partido han ganado los gallegos en Balaídos, frente a las dos victorias rojiblancas en San Mamés.

Miedo al éxito... y al fracaso

El escenario cambia por completo si nos vamos al otro extremo de la clasificación, pero los actores ocupan marcas similares: dos protagonistas en primer plano y otro par de aspirantes a quitarles el puesto. Y las apuestas no están nada fáciles, porque los cuatro rivales se presentan con casi tantas virtudes como defectos.

Por historia, por plantilla, por potencial y también porque es el líder -aunque sólo el golaverage le separe de su perseguidor-, el Barcelona debería partir como favorito. El equipo culé cuenta a su favor, además, con la recuperación de jugadores importantes como Samuel Eto'o o Leo Messi y la sensación de que su bache ya ha pasado. Tampoco hay que olvidar que el Barcelona ya ha dicho adiós a su principal objetivo de la temporada, la Liga de Campeones, lo que, en principio, hará que se dedique a la Liga con más tiempo y con más ganas. En contra de los catalanes, las aparentes desavenencias en el vestuario, aireadas recientemente por Eto'o, aunque el camerunés intentara posteriormente echar tierra encima de su rajada. Los famosos michelines de Ronaldinho o los plantes entre prensa y plantilla tampoco parecen conformar el entorno idóneo.

El entorno no es la mayor preocupación del Sevilla, al menos mientras no incluya a su vecino verdiblanco. De hecho, parece no haber ninguna en un equipo para el que las cosas marchan viento en popa por segunda temporada consecutiva y que parece destinado a vérselas con el Barcelona en todos los frentes -a excepción de la Copa de la UEFA, en la que ya está en cuartos-: comenzó la temporada haciéndose con la Supercopa Europea frente a los azulgranas, se ha clasificado para la semifinal de Copa -en caso de superarla podría verse en la final con los de Rijkaard- y ambos mantienen una lucha cerrada en cabeza de la Liga. Sólo la capacidad realizadora de los catalanes impide que el Sevilla ocupe ahora mismo el primer puesto de la clasificación.

El único pero podría llegar del vértigo que ha parecido producirle al equipo de Juande Ramos la posibilidad de convertirse en el equipo a batir. Ya ha pasado por la primera plaza, pero ha desaprovechado más de una ocasión, a priori asequible, para adelantar e incluso dejar atrás al Barcelona, coincidiendo con los peores momentos del equipo blaugrana. No sería de extrañar que en junio acabase lamentado derrotas como las sufridas ante Nástic o Mallorca.

Del miedo al éxito, al miedo al fracaso, agravado además por repetición, en el caso del Real Madrid. El enésimo proyecto galáctico puede convertirse también en un nuevo hundimiento para el equipo madrileño que, de momento, ya está apeado de Copa y Liga de Campeones. Y a cinco puntos de su eterno rival -y del Sevilla, lógicamente- en una Liga que, si acaba gananado, pasará a la historia por tener el campeón más gris que se recuerda. Los merengues confiaban en Fabio Capello para que dirigiese su regreso a la senda de los éxitos, pero lo único que, de momento, ha llevado el italiano a Madrid ha sido aburrimiento, disgustos y polémicas -veto a Beckham, peinetas al público del Bernabéu...-. Algo de lo que siempre anda sobrado un Real Madrid, cuyo presidente incluso puede verse obligado a volver a las urnas apenas un año después de haber accedido al cargo.

Pero nunca se puede descartar al equipo blanco. Por calidad y experiencia de sus jugadores, porque los sobresaltos extradeportivos son cosa harto conocida por aquellos lares y, sobre todo, porque parece reaccionar coincidiendo con la parte más decisiva de la temporada. O al menos así lo creen en el propio Real Madrid, lo que puede ser suficiente. La escuadra de Fabio Capello sólo ha brillado en su visita al Camp Nou, pero acumula seis jornadas consecutivas sin conocer la derrota -aunque cuatro se hayan saldado con empate- y ese empate frente al Barcelona parece haberle convencido de que vuelve a ser un aspirante más que serio a hacerse con el título.

Aspiración que comparte con el Valencia. Aunque no racha porque, el equipo de Quique Sánchez Flores se dedica últimamente a desaprovechar ocasiones de acortar distancias con sus predecesores en la tabla. El empate en Tarragona o las derrotas frente a Betis o Racing restan credibilidad a un equipo que, de hecho, puede acabar apostando por dedicar sus esfuerzos a la Liga de Campeones, en la que sobrevive como único representante de la Liga.

Claro que tampoco puede descuidarse demasiado, porque el Zaragoza acecha su cuarta plaza. No tanto un Atlético de Madrid que pierde fuelle y al que, a este paso, el carácter de Javier Agirre tampoco va a poder salvar de su enésima desilusión.

LA TIERRA DE NADIE, PUNTO DE ENCUENTRO ENTRE REVELACIONES Y DESILUSIONES

Aunque deban disputarse 27 puntos todavía, uno de los «títulos» de la temporada parece decidido: el de equipo revelación que, sin duda alguna, ya se ha adjudicado el Recreativo, por mucho que el Barcelona le hiciese cuatro goles en la última jornada.

En su regreso a Primera, el equipo onubense no ha bajado en ningún momento de la zona media de la tabla. Tanto que ahora mismo amenaza la sexta plaza del Atlético de Madrid.

Así que si la cosa no se le hace demasiado larga, el Recre puede pasar de Segunda a Europa en apenas dos temporadas. En caso contrario, acabará compartiendo tierra de nadie con algunas de las desilusiones de la Liga. Aunque con un sabor de boca, desde luego, bien diferente al de Villarreal o, sobre todo, Deportivo. Definitivamente, el proyecto de Joaquín Caparrós no ha funcionado y, de hecho, hasta la 12ª plaza que ocupa ahora puede saberle a gloria viendo lo mal que ha llegado a pasarlo durante buena parte del año.

También parecen destinados a repartirse los puestos intermedios el Racing -que ha pasado de buscar sustituto a Miguel Angel Portugal, a asegurarse ya su mejor puntuación de las siete últimas décadas-, un Getafe que se asienta definitivamente en la categoría de la mano del solicitadísimo Bernd Schuster, Osasuna o Espanyol.

Dos equipos, estos últimos, que, una vez alejado el peligro del descenso de manera casi definitiva y con las alegrías ligueras lógicamente descartadas por esta temporada, van a tener que buscar la ilusión en otras competiciones. Concretamente en la Copa de la UEFA, en la que dos buenos amigos como José Angel Ziganda y Ernesto Valverde ya han clasificado a sus equipos para los cuartos de final. A.U.L.

TOCA SUFRIR

Los papeles de villano parecen estar repartidos. Lamentablemente, habrá que decir, porque en ese grupo se encuentran dos de los nuestros a los que, a este paso, sólo va a poder salvar un giro al más puro estilo Agatha Christie.

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