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La izquierda abertzale sale reforzada y el proceso legitimado

Las elecciones municipales y forales celebradas ayer en los cuatro territorios del sur de Euskal Herria arrojan un mensaje que destaca por encima de los datos de votos y de reparto de cargos. La izquierda abertzale, que había convertido estas elecciones en un reto político cara a legitimar el proceso hacia una solución dialogada en Euskal Herria, ha superado su examen con éxito. A falta de una lectura más pormenorizada, y también más sosegada de los datos globales obtenidos por la papeleta de ANV -tanto donde ésta era legal como donde quedó anulada- lo que ya puede afirmarse sin temor a equivocarse es que la opción independentista mejora con creces los resultados obtenidos por EHAK. De hecho, el voto de ANV anulado a las Juntas Generales de Gipuzkoa se consagra como la segunda fuerza del herrialde. En municipales, la izquierda abertzale logra posiciones de liderazgo -gana en una treintena larga de localidades- en un herrialde en el que el PSE se alza como fuerza más votada tanto en Juntas como en la capital.

El PSOE obtiene unos correctos resultados «a cuatro», mientras que el PNV experimenta un retroceso que no puede ocultar ni con su primacía en Bizkaia, donde también retrocede posiciones. En JJGG de Gipuzkoa es tercera fuerza, tras el PSE y el «nulo» de ANV, y en Araba, pese a la supremacia en voto municipal, suspende con claridad en Juntas Generales y en Gasteiz.

El deseo de cambio en Nafarroa

Los resultados en Nafarroa han puesto de manifiesto la distancia entre el deseo de cambio y las posibilidades reales de arbitrar una alternativa real, en un escenario en el que la ilegalización de la izquierda abertzale ha pesado y mucho. Aunque por lo ajustado de los números es muy difícil predecir cómo se conformarán las mayorías, se confirma un retroceso de la coalición UPN-CDN, que se desgasta, pero más por la parte que toca a Alli. Los electores navarros han amonestado, es indudable, a una derecha antivasquista y fuertemente reaccionaria. El resultado cosechado por UPN cobra especial significado si lo medimos con el termómetro del proceso: no hay que olvidar la utilización que el PP ha hecho de la «cuestión navarra» desde meses antes de que se iniciara oficialmente la campaña. El paseo de banderas españolas orquestado por el partido de Rajoy y al que se prestó el dúo UPN-CDN no parece haber cuajado, o no como querrían sus impulsores, en las urnas. El PSN se salva de la quema con unos resultados que le permiten a su jefe de filas, Fernando Puras, olvidarse de las manifestaciones de campaña, cuando decía que siendo tercera fuerza no sería presidente de Nafarroa. El codo con codo con Nafarroa Bai deja a PSN el camino más que abierto para ponerse al frente del gobierno del herrialde, lo que, dicho sea de paso, es una necesidad para el PSOE, que sale de la liza general estatal con un mapa que no da precisamente para cantar victoria frente al PP.

En un escenario particularmente marcado por la ilegalización de candidaturas, NaBai se ha convertido en la «opción refugio» y ha capitalizado el descontento que genera una forma monopolística de entender el ejercio del poder y una visión excluyente de la identidad del herrialde. A partir de ahí, dependerá de las opciones que haga la coalición el que NaBai se muestre como la fuerza de cambio que dice representar. De entrada, no debería olvidar que una parte nada desdeñable de su presencia se basa en la ilegalización de una izquierda abertzale con una fuerza muy importante en el herrialde, como muestran sus casi 30.000 votos en los ayuntamientos.

Los electores navarros han desgastado al principal valedor del no proceso en Nafarroa, a Miguel Sanz, y quieren un cambio. Sin embargo, mucho debe cambiar la posición política de Puras para que se pueda afirmar que, si es aupado al Palacio de Navarra con los votos de NaBai, estaremos ante la materialización de un cambio real. La ilegalización ofrece una imagen trucada de Nafarroa y de su Parlamento. Un gobierno alternativo en Nafarroa puede servir para salvar la cuenta de resultados a Moncloa, pero cosa distinta es que implique, de partida, una puerta abierta a una nueva actitud política.

En todo caso, a la vista de los resultados, Zapatero haría bien en mirar más lejos, siquiera hasta sus próximas elecciones generales: la izquierda abertzale que sobrevivió al franquismo, a la UCD, al PSOE y los GAL, al PP y ahora a la ilegalización, sigue viva y cotiza al alza. Y, por descontado, sigue siendo un actor clave en el proceso político que ayer salió legitimado de las urnas. No hay excusas. Toca actuar en respeto a esa mayoría social.

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