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El diablo y Daniel Johnston: canciones de dolor y sueños

«The devil and Daniel Johnston» es uno de los mejores documentales con los que me he topado en los últimos tiempos. Su historia, la de una persona atrapada dentro de una mente maniaco-depresiva, ofrece la visión del mundo, de la creatividad artística de una persona que sufre. Además, ubica al individuo en su entorno, aportando las claves que pueden haber colaborado en el desarrollo de su enfermedad

Dicen que no existe una capacidad, una gran fuerza creadora, sin una pizca de locura. Puede ser. Y lo cierto es que la mitología acerca de la relación entre el genio y la locura ha llevado esta creencia popular hasta límites algo absurdos. Y aunque sea cierto que la enfermedad, las vivencias desgarradoras, no resulten deseadas, existe algo más allá de la leyenda que confirma que estos estados proporcionan algún tipo de alimento para la creación y, porqué no, para la lucidez mas allá de la razón.

«The devil and Daniel Johnston» es uno de los mejores documentales con los que me he topado en los últimos tiempos. Su historia, la de una persona atrapada dentro de una mente maniaco-depresiva, ofrece la visión del mundo, de la creatividad artística de una persona que sufre. Además, ubica al individuo en su entorno, aportando las claves que pueden haber colaborado en el desarrollo de su enfermedad: una familia cristiana radical, el LSD, los amores frustrados... En el documental y gracias a grabaciones caseras de escenas familiares, asistimos a auténticos documentos sobre la vida de un ser que alterna momentos de euforia e hiperactividad creativa con bajones depresivos. Situaciones como la que él recrea en una grabación que deja ver, muy a lo Norman Bates y disfrazado de su madre, las escalofriantes debilidades de su progenitora.

Daniel Johnston comenzó dibujando ojos, admirando al Capitán América y haciendo uso de la música para liberar al diablo que lleva dentro y con el que tanto lucha. Después llegó a grabar algún disco y a ser admirado y versioneado por estrellas del rock como Kurt Cobain, Tom Waits o David Bowie. El documental, a través de distintos momentos emocionales del artista de Sacramento, nos va introduciendo en su universo de creatividad y sufrimiento hasta hacernos apreciar su genialidad. La del artista que pinta, que ofrece recitales imposibles o que se revuelve amargamente. Jeff Feuerzeig, el autor, es un realizador independiente formado en Nueva York y afincado en Los Ángeles que, además de recibir el premio al mejor director en Sundance en 2005 por este hermoso documento, ha sabido combinar lo dulce y lo amargo, el valiosísimo material casero y el filmado por profesionales. Su cinta demuestra, una vez más, que es posible sacarle jugo a la realidad más dura con honestidad y respeto. El cine existe más allá de la idea totalitaria del negocio.

Iratxe FRESNEDA

Periodista y profesora de Comunicación Audiovisual

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