GARA > Idatzia > Kultura

«El nuestro es un teatro muy comprometido, buscamos remover las conciencias»

RAÚL CANCELO

DIRECTOR DEl espectáculo TEATRAL «CÓNSULES DE LA CALLE»

Raúl Cancelo dirige el último espectáculo callejero del grupo teatral Hortzmuga. Esta compañía lleva veinte años trabajando en el mundo de las artes escénicas. Su último montaje, «Cónsules de la calle», es una propuesta que quiere ser rupturista respecto al teatro de calle que se hace hoy en día.

Arrate ETXEBARRIA | BILBO

Ayer tarde, Hortzmuga presentó su último trabajo, «Cónsules de la calle», en el festival de teatro Kalealdia de Bilbo. Concretamente, la primera versión de esta obra, que se llama «Momentos». La calle es el escenario donde se representa el espectáculo, la calle es también el lugar que los personajes de la creación teatral tienen como hogar, por llamarlo de alguna manera.

El recién estrenado espectáculo tiene una duración de noventa minutos en los que cuatro cónsules narran, de una manera conmovedora, diferentes pasajes de sus vidas.

Raúl Cancelo, director de la obra, nos da más detalles sobre este trabajo recién estrenado en el Festival de Villadecans.

¿De qué trata vuestro espectáculo «Cónsules de la calle»?

Cogemos un instante de la vida de unos personajes que viven en la calle. Hemos seleccionado cuatro tipos de personas. Es un trabajo que llevamos haciendo durante años, relacionándonos con la gente que está en la calle, intentando saber realmente por qué están ahí, qué les ha motivado a estar ahí. Elegimos cuatro casos extremos que están basados en historias reales. Éste es el punto de partida de la obra.

Presentamos un espectáculo diurno, dramático, donde hablamos de las miserias y de las desgracias de estos personajes, siempre desde un punto de vista muy poético, porque trabajamos con músicos en directo. Queríamos dotar a la obra de una estética especial, crear un microclima en la calle donde también los músicos darían ambiente a las escenas.

¿Por qué «Momentos»?

El espectáculo consiste en mostrar tres momentos de cada uno de estos personajes. El primero es su locura, la locura que les mueve a vivir. En el segundo mostramos el punto donde estos personajes comenzaron el anti-viaje, es decir, el viaje hacia la muerte. En el tercer momento queremos hacer sentir al espectador que puede ser uno de esos personajes, sería mostrar la parte más humana de éstos.

¿Buscáis, por lo tanto, la reacción del público?

Por supuesto, es un teatro totalmente comprometido, político, en el que buscamos remover las conciencias de la gente, nosotros incluidos. Hasta el punto de que incluso Joe González, el músico que toca el clarinete, me decía el otro día que él no podía seguir porque estaba tocando y veía a los niños. Son unas historias muy duras y los críos lo ven y yo pienso que entienden más de lo que nosotros creemos que pueden entender. Estamos haciendo teatro en la calle para adultos en horario de niños; esto es complicado.

Todo es circo ahora, gente sentada, teatro tipo «dadnos cosas fáciles para que nos divertamos y nos vayamos a casa».

Nosotros jugamos totalmente a la contra, es una forma de hacer teatro rupturista, teniendo en cuenta lo que últimamente estamos acostumbrados a ver.

¿Cómo ha sido el proceso de preparación de la obra?

El proceso ha sido muy interesante, el proyecto lleva tres años desarrollándose. Con los actores hay un trabajo de mesa muy fuerte, ellos han hecho ya suyos los personajes y, a la hora de montar el espectáculo, el trabajo ha sido muy sencillo.

Por otra parte, un espectáculo, para que se haga, necesita de bolos y de público. Nosotros ahora estamos en ese punto. Las primeras sensaciones en Villadecans fueron un fiasco, los ensayos no salieron como nosotros queríamos, pero luego haciendo los cambios pertinentes, todo ha ido bien. En Lekeitio, por ejemplo, hemos probado otra cosa y ha funcionado mucho mejor todavía.

¿Cómo surgió la idea de coproducir con el Festival de Villadecans?

Por un lado, surgió por una falta de credibilidad respecto a nuestros trabajos aquí, por parte de las instituciones. Las compañías siempre tenemos problemas de dinero, arriesgamos mucho en nuestras propuestas. Propuestas que no tienen un largo recorrido de venta. Por lo tanto, no conseguimos recursos para seguir produciendo y como digo yo: qué desgracia que los actores y todos los que trabajamos en esto comemos, y, como comemos, pues hay que cobrar dinero. A veces, parece que la gente no entiende esto.

Villadecans es un festival que lleva una trayectoria de 18 años haciendo teatro de calle y yo fui allí a contarles el proyecto. Al final, ellos, de alguna manera, apadrinaron el proyecto, pero tampoco nos han dado el oro y el moro. Sobre todo nos han ayudado en el tema de comunicación y es un diez por ciento de la producción. Por lo menos, hay un espaldarazo, hay un pequeño empujón, para que un proyecto, una compañía, salga con un sitio donde estrenar.

¿Qué lugar tiene la improvisación en vuestra obra?

Tiene la improvisación que hay en los tránsitos, en cómo el público reacciona frente a los actores. Hay 90 minutos de espectáculo dirigido, tres momentos por cada actor. Pero luego, entre momento y momento, hay tránsitos donde los personajes se encuentran con la gente e interactúan con ellos. Aquí, la improvisación es del 100%.

¿Qué sensaciones habéis recibido hasta ahora por parte del público?

Por ahora las sensaciones que estamos recibiendo por parte del público son realmente buenas. Todo el mundo nos dice lo mismo: que es difícil, que vaya apuesta más arriesgada hemos hecho, pero que gracias por conmovernos. Estamos muy contentos.

 
sin ayuda

«Las instituciones no otorgan credibilidad a nuestros trabajos y las compañías de teatro solemos tener problemas de dinero»

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo