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La marea negra persiste en el litoral libanés un año después

A punto de cumplirse el primer aniversario del final de la última agresión israelí contra Líbano, uno de sus efectos, la marea negra en la costa de este país mediterráneo, sigue ahí, testigo mudo de los bombardeos. Los ecologistas critican al Gobierno y la inacción de agencias como la estadounidense USAID, que prometió financiar el descontaminado.

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Sylvie GROULT Amchit

Entre los acantilados, un mar de petróleo, denso y viscoso. Un año después de la marea negra que asoló el litoral de Líbano provocado por la agresión israelí, la playa de Amchit, en el norte del país, es uno de los muchos lugares olvidados por los trabajos de descontaminación.

A todo lo largo de la pedregosa línea de playa de Amchit, a una cuarentena de kilómetros al norte de Beirut, los acantilados están plagados de manchas negras. Los detritus que devuelve el mar flotan entre la masa pegajosa.

Cinco kilómetros más al sur, Biblos, joya turística, puerto de pesca tradicional y ciudad histórica declarada patrimonio de la Humanidad. Sus playas, de arena o de guijarros, han sido descontaminadas. Por lo menos en apariencia. Porque sobre una duna artificial, a dos pasos de los bañistas y de los toldos, decenas de bidones repletos de fuel se amontonan en un desagüe, muchos de ellos abiertos, vertiendo al suelo una masa negra y brillante.

«Una treintena de kilómetros de costa al norte de Biblos no han sido limpiados. Los lugares turísticos e históricos han sido privilegiados. Fuera de ellos, nada», denuncia Fifi Kallab, responsable de la asociación de defensa del medio ambiente Biblos Ecología.

En julio de 2006, el bombardeo israelí contra la central eléctrica de Jiyé, 25 kilómetros al sur de Beirut, provocó el vertido de 15.000 toneladas de petróleo al mar, provocando la mayor marea negra jamás conocida en el este del Mediterráneo.

Un año más tarde, el Ministerio de Medio Ambiente del Gobierno de Fuad Siniora asegura que el 70% del petróleo esparcido por los 150 kilómetros de costa del país ha sido recogido, aunque reconoce que 26 «enclaves rocosos» siguen sin ser lavados. Una parte de ellos está situada al norte de Beirut, sobre la treintena de kilómetros que entre Biblos y Enfe. Una zona en la que la agencia estadounidenses para la ayuda y el desarrollo internacional (USAID) comprometió 4,7 millones de dólares.

«El descontaminado de una marea negra no se hace de la noche a la mañana. Precisa de años», justifica una responsable de USAID que pide mantener el anonimato. «Está admitido por la legislación internacional que la naturaleza hace una parte del trabajo; es por ello que decidimos parar los trabajos durante el invierno», insiste, para prometer, eso sí, que «la segunda fase de los trabajos va a empezar de forma inminente».

Críticas ecologistas

Pero los defensores del medio ambiente no ocultan su impaciencia y denuncian los graves daños para el medio ambiente y la salud de los ribereños, que siguen pescando y bañándose en las contaminadas aguas.

«Hay que descontaminar inmediatamente las zonas rocosas con agua caliente a presión y con vapor», emplazó recientemente Richard Steiner, profesor de la Universidad de Alaska, que advirtió de que los residuos no tratados siguen poniendo en peligro el ecosistema.

Pero los ecologistas tienen ya un nuevo frente de batalla con el Gobierno libanés, que proyecta enviar los residuos al extranjero, lo que le supondrá un desembolso de 17.000 dólares por tonelada de crudo.

«Hemos propuesto varias soluciones que permitirían el reciclaje de los residuos en Líbano, pero han sido rechazadas por el Gobierno», lamenta Mohamed Sarji, de la asociación Bar Loubnan (Mar de Líbano).

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