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Cadena perpetua por delitos de lesa humanidad contra un cura argentino

El sacerdote católico Christian Von Wernich deberá cumplir cadena perpetua por «siete homicidios, 30 casos de tortura y 42 secuestros» cometidos durante la dictadura militar argentina. Un tribunal de la ciudad de La Plata lo condenó a la pena máxima por todos estos delitos «de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio» que tuvo lugar entre 1976 y 1983. La jerarquía eclesiástica dijo sentirse «conmovida», pero sostuvo que el religioso actuó a título personal.

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«Coautor de siete homicidios, partícipe de 30 casos de tortura y 42 secuestros. Todos los hechos referidos son delitos de lesa humanidad cometidos en el marco de un genocidio que tuvo lugar en Argentina entre los años 1976 y 1983», concluye la sentencia del Tribunal Federal Número 1 de La Plata por la que condena a cadena perpetua al sacerdote católico Christian Von Wernich, ex capellán de la Policía de la provincia de Buenos Aires. Integrantes de organismos de derechos humanos acogieron este histórico dictamen con aplausos y gritos de euforia, tanto dentro de la sala como fuera del tribunal, donde se instaló una pantalla gigante para seguir en directo el juicio. Es el primer religioso sentenciado por delitos de lesa humanidad cometidos en la dictadura.

Antes de conocer el contenido del fallo judicial, Von Wernich, con chaleco antibalas y alzacuellos, rompió el silencio para arremeter contra quienes testificaron durante el proceso.

«El testigo falso es el demonio porque está preñado de malicia, concibiendo la maldad y dando luz a la mentira», dijo citando un salmo. «El fin no justifica los medios. Si queremos llegar a la verdad, hagámoslo con paz, con reconciliación, porque un corazón preñado de malicia es un corazón que no entiende lo que Dios quiere y lo que el hombre necesita: reconciliarse», añadió.

Horas antes, su abogado, Juan Cerolini, pidió la libre absolución del sacerdote porque «sólo prestaba servicios sacramentales». En su opinión, además, el proceso judicial «violó el principio de igualdad ante la ley, como lo violaron los juicios de Nuremberg y Tokio».

En las audiencias, numerosos testigos afirmaron que Von Wernich ejerció el rol de «agente de inteligencia». Subrayaron que se ofrecía a confesar a detenidos ilegalmente en centros clandestinos para sacarles información y que, incluso, participó en sesiones de tortura. Más de 70 personas, entre supervivientes de la represión, familiares de desaparecidos y testigos de secuestros declararon en el juicio. También se realizaron inspecciones oculares en cuatro centros de detención del llamado «Circuito Camps», donde los testigos reconocieron los lugares por los que transitaba libremente el sacerdote.

La sentencia generó una cascada de reacciones. Una de las más esperadas era la de la Conferencia Episcopal Argentina, que rechazó cualquier responsabilidad colectiva en los hechos. Si bien la jerarquía eclesiástica se manifestó «conmovida por el dolor que nos causa la participación de un sacerdote en delitos gravísimos», dejó claro que «si algún miembro de la Iglesia hubiera avalado con su recomendación o complicidad algunos de estos actos de represión, habría actuado bajo su responsabilidad personal».

La abogada Miriam Bregman, representante del colectivo Justicia Ya en el juicio, resaltó que ha quedado probado que «era una pieza clave del genocidio. Logramos demostrar la verdad y queremos seguir peleando».

«Es un reconocimiento del genocidio y fruto de 30 años de lucha»

Los padres de Lucía Corsiglia, natural de La Plata, desaparecieron en agosto de 1977. A través de testimonios de sobrevivientes, supo que pasaron por la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA). El martes por la tarde, siguió el desenlace del juicio en la pantalla instalada en el exterior. La sentencia, subraya Corsiglia, es «una lucecita, un reconocimiento del genocidio del que formaron parte militares, religiosos, civiles, funcionarios», y es también «fruto de 30 años de lucha». Más allá de la «algarabía» y las muestras de alegría que se sucedieron tras conocer el fallo, lamenta «la lentitud» con la que avanzan los procesos judiciales.

«Hace ya casi cuatro años que se derogaron la leyes de Punto Final y Obediencia Debida y sólo hay tres condenas por casos muy pequeños. Von Wernich era el capellán de los centros de detención de la provincia de Buenos Aires, por donde pasaron miles de compañeros», resalta. Aunque este tipo de sentencias son «una victoria y un hecho histórico, el ritmo impreso y el formato -analizan casos muy puntuales- no nos permite avanzar». Al igual que la mayoría de organismos de derechos humanos, reclama que «se les juzgue a todos juntos».

Sobre este proceso, recuerda que «ha estado plagado de intimidaciones. Hace poco, una compañera fue secuestrada y, luego liberada en un descampado. La sala del tribunal estaba repleta de pañuelos blancos con la imagen de Jorge Julio López». Para Corsiglia, este juicio demuestra que «pese a la desaparición de López y las intimidaciones se puede seguir avanzando para lograr que estos monstruos dejen de estar amparados y no tengan más poder». Ainara LERTXUNDI

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