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«Toda mi vida me ha acompañado el sentimiento de no estar en mi lugar»

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Juan José Millás

Escritor. Premio Planeta por «el mundo».

Pocas veces un autor se desnuda anímicamente como lo ha hecho Juan José Millás en «El mundo». Pese a su singularidad, esta «autobiografía novelada» le ha reportado el millonario Premio Planeta, con lo que el escritor valenciano pasa automáticamente a ser un escritor de masas. Y él, ni oculta su satisfacción, ni piensa quejarse de la gira de promoción, cuya segunda parada ha sido Bilbo.

Karolina ALMAGIA | BILBO

En la infancia de Juan José Millás (Valencia, 1946) hacía mucho frío. Los profesores se hartaban de pegar, las familias eran numerosas de verdad y el sentimiento de culpa era tan omnipresente como el deseo de escapar. Millás nos habla de sus angustias en su niñez y de sus angustias en la madurez y lo hace con humor, narrando unas vivencias que rozan el absurdo. «El mundo» le ha reportado el Premio Planeta y ahora se encuentra inmerso en la gira de promoción junto al autor finalista, el televisivo Boris Izaguirre. «Estoy encantado con el premio y con la promoción. Al contrario que otros escritores, yo no pienso quejarme del éxito porque sé que esto me permite llegar a gente a la que no acostumbro. Pero sé que la vida no es esto y que cuando todo pase volveré a una situación normal, aunque tengo la esperanza de que muchos de estos lectores se queden, tal y como me sucedió con el premio Nadal», señaló ayer en Bilbo.

¿No ha sentido pudor al contar sus angustias al público?

Pues la verdad es que no. Yo siempre he pensado que el pudor es nefasto para un escritor. Mi primer libro era muy autobiográfico y cuando se fue a publicar tuve un ataque de pánico porque de repente me di cuenta de que lo iban a leer mis padres y toda mi gente. Pero se publicó y no ocurrió nada, así que esa experiencia sirvió para quitarme el pudor para siempre.

Pero entonces siempre podía decir que aquello era ficción, mientras que aquí el protagonista es usted y supongo que el resto de personajes también son reales.

Bueno, los personajes están ficcionados, no va a haber problemas con los que salen; en todo caso, habrá problemas con los que se busquen y no se encuentren. Digamos que aquí he mezclado dos géneros, la autobiografía y la novela, de tal forma que ni a mí mismo me sería posible ahora diseccionar qué es lo real y qué lo irreal.

Quizás los que no salen en el libro le pidan ahora una segunda parte. Además, algunos nos hemos quedado con ganas de saber qué más le sucedió en determinados momentos.

Ya me lo han pedido, sí. La verdad es que no sé si lo haré, de momento no tengo esa necesidad. El origen de esta novela está en una época en la que, después de convertirme en la sombra de algunos personajes, contaba la experiencia en un periódico. El responsable del dominical en el que publicaba, me propuso convertirme en mi sombra y escribir sobre ello. Al principio lo tomé como una broma, pero luego empecé a observarme. Y, como hacía con los otros personajes, indagué en mi infancia para saber cómo he llegado hasta aquí. Y entonces apareció en mi cabeza una frase: «Mi padre tenía un taller de aparatos de electromedicina». A partir de ahí se me apareció todo el paisaje de mi infancia con una nitidez extraordinaria y comprendí que era materia para una novela que tenía que escribir aunque no lo quisiera. La primera escritura fue como si se rompiera un dique, todo salió como un torrente, sin control alguno. Ese primer borrador era excesivo, pero en el segundo se impuso la razón y el oficio.

Usted sostiene que la autobiografía es un género de ficción.

Así es. No puede ser de otro modo, porque es una construcción. Cuando uno empieza a escribir su autobiografía lo primero que hace es adoptar un punto de vista; es decir, va a dejar fuera determinados materiales. Y eso hace que una autobiografía muy larga pueda ser mala y una corta pueda ser buena. Lo importante no es meterlo todo, sino meter lo que tuvo significado. A partir de ahí, el narrador se convierte en un personaje de ficción, lo quiera o no.

Volviendo a sus angustias. ¿Se pueden resumir todas ellas en ese sentimiento de descubrir que `yo no soy uno de ellos'?

Sí, incluso de adulto, en alguna medida, lo he seguido sintiendo, aunque lo disimule. Esa sensación de no estar nunca en tu sitio, de no ser uno de ellos, me ha acompañado siempre. En mis primeros años era espantoso, ahora lo tolero porque tengo recursos para ello.

«El mundo» no es una novela al uso, y mucho menos un Premio Planeta al uso. ¿Sabía que la iba a presentar mientras la estaba escribiendo?

No, qué va. Presentarla al Planeta fue en cierto modo una huida hacia adelante. Yo terminé la novela, vi que era muy personal y la metí en un cajón. Después de año y medio, la volví a leer con más distancia. Me gustó. Cuando una cosa me da miedo, me reacción es ir hacia ella, abrazarla. El pudor me podía haber llevado a no publicarla, pero precisamente ese miedo fue el que me hizo decir: al Planeta.

 
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