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Sarkofagia

Ines INTXAUSTI

Crítica de televisión

Nada como haber cruzado la espectral muga irunesa e instalarse a este lado del mundo para ver cómo cae el 2008 sobre el 2007 (¡este también rima, sí señor!). La parte francesa que todos llevamos dentro está de enhorabuena. Monsieur le président se encuentra rodeado de cocodrilos del Nilo en brazos de Carla Bruni-Tedeschi, de los Bruni-Tedeschi de toda la vida. ¡Et le peuple, enchanté de la vie! Cecilia Sarkozy no votó a su marido en las últimas elecciones. Ni en la primera ni en la segunda vuelta. Carla Bruni sí ejerció su derecho al voto. Y lo hizo por Ségolène. Lo que evidencia que Nicolás debe tener valores ocultos. Muy ocultos.

Los medios franco-españoles -escritos como el amor, orales como el deseo y visuales como la pasión (el sexo, ¡ah, el sexo!)- de ambos lados se hacen eco en primera de las veleidades amorosas del prémier francés. Las maissons de la presse rebosan escorzos y primerísimo-primeros de ambos. Pero, sobre todo, de ella. Hasta «Le Monde diplomatique» se ha atrevido a enseñar el pentagrama de este canto de sirena. La Bruni también canta. No como la Birkin, la Abril, la Dombasle y otras, sino mucho mejor. «La política no es lo que era», decía un señor muy elegante en Hendaia hace unos días. «Gracias a Zeus no, por supuesto», le respondí. «¿Quién es Zeus? ¿El hijo de Sara Montiel?», me respondió. Le miré como lo hiciera aquella vaca gallega al tren japonés y seguimos hablando de temas de la mayor intrascendencia.

Hoy vuelve a ser Nochevieja. La última noche de este año que ha -¡por fin!- pasado. Podría haber recuperado los 1.000 caracteres escritos para este espacio hace exactamente una semana. Nadie hubiera notado la diferencia y el texto resultaría tan aplicable a aquella estúpida noche comercial como a esta otra. Como tampoco nadie apreciará las diferencias televisivas entre esta programación de fin de periplo y la de año que viene. Ni tampoco la del pasado. No hay que perder las esperanzas de que todo pueda irremisiblemente mejorar. Eso es lo último. Pero está muy claro que aquí y allí el único que puede gritar desde la pirámide de Keops al mundo a las exactas 12 horas de hoy «¡Vive la diference!» es Sarkozy. Y su novia, la Sarkofaga, noski. Urte berri on!

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