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Helène Mendiboure jefa de empresa «La ventaja es que no tienes que seguir las directrices de nadie»

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El mundo empresarial siempre ha sido presentado como algo serio y frío; por ello, la primera idea que nos viene a la mente al citar a una empresaria es la de una mujer seria, recta, extremadamente organizada… Helène Mendiboure destaca, sin embargo, por su simpatía, su incesante sonrisa y su disponibilidad y amabilidad a la hora de recibirnos. A sus 36 años, esta vecina de Itsasu está al frente de la empresa Pub Factory, situada en Angelu.

Tras culminar sus estudios universitarios, sus primeros pasos en el mundo laboral los dio en un empresa de considerable magnitud de la zona. «Comencé a trabajar en un taller de serigrafía textil donde estuve durante tres años; posteriormente, trabajé en una agencia de comunicación y publicidad, tras lo cual me quedé sin trabajo». Fue entonces cuando se propuso crear su propia empresa. «Pensé que si quería optar a un trabajo interesante debía  trasladarme a otra región o a la capital francesa. Otra opción era crear mi propia empresa. La idea me atrajo y comencé a trabajar en un proyecto personal que tenía desde hace tiempo, y lancé una marca de camisetas llamada ‘Biper Gorri’».

Tras este primer paso, que resultó exitoso, se puso a trabajar en una idea de mayor magnitud, y compró su propio equipo de rótulos y serigrafía. Hoy en día, aquella pequeña idea se ha materializado en «una empresa de seis trabajadores con clientes locales, regionales y nacionales».

Recuerda Mendiboure que cuando se planteó comenzar por su propia cuenta, su madre, por ejemplo, le aconsejó que actuase con cautela. «Me decía ‘¿qué vas a hacer? ¿Cómo vas a trabajar por tu cuenta? Déjalo, elige otra cosa más tranquila’. Tenía miedo de que fracasase. Mi padre en cambio, me animó a emprender este camino y me dijo que sin arriesgarse no se alcanza nada en esta vida».

El hecho de ser mujer nunca lo planteó como un obstáculo en su camino. «La verdad es que nunca pensé si el hecho de ser mujer podría ser un freno. Reconozco que, por ejemplo, en otros sectores sí puede ser un impedimento mayor. Aunque el de las artes gráficas también es un sector técnico, nunca tuve miedo de lanzarme a llevar a cabo este proyecto». Sin embargo, afirma que al comienzo tuvo que demostrar que, además de la creadora de la idea, controlaba el área técnica: «Los mismos trabajadores me pedían que asumiese los aspectos técnicos del sector. Afortunadamente, tuve unos buenos profesores que me enseñaron mucho. Aún hoy, todo los días aprendo algo más sobre el sector, pero ya no ponen a prueba mis conocimientos, no tengo que demostrar lo que sé cada día». Reconoce que «esa presión» en cierto modo le ha beneficiado. «Mi objetivo no era estar en una oficina realizando proyectos y presupuestos, quería participar en el taller para ver cómo se fabrica, entender cada paso de la producción. Además, estos conocimientos resultan muy importantes a la hora de vender el producto a los clientes».

Dedicarse a la labor empresarial no es fácil. «Es complicado  organizarse, dejar las tareas de casa y, si es el caso, dejar tus hijos y dedicarte a tu profesión. De alguna manera hay que realizar dos papeles simultáneos. Por eso, una mujer jefe de empresa debe de ser una superwoman y muy organizada para tener tiempo y poder unir los dos papeles». ¿Y los hombres? Pues su respuesta es una sonrisa que lo dice todo.

Anima a todas las mujeres a trabajar para conseguir sus objetivos: «Yo no me planteé el ser mujer como un obstáculo y espero que otras tampoco lo hagan». «Cuando a mí me toca emplear– explica– no miro si los candidatos son mujeres u hombres, reparo en sus competencias.  Yo no empleo a una persona porque parezca maja, lo hago porque responde a las necesidades del puesto de trabajo; no miro si son mujeres u hombres, jóvenes o mayores».

Reconoce, sin embargo, que no todo el mundo piensa igual, pero si ha elegido ser empresaria es, entre otras cosas, para poder actuar de acuerdo con sus ideales: «No tengo que contestar a las directrices que se marcan desde fuera, y puedo responder así a mis propios objetivos e ideales».

No obstante, reconoce que le ha tocado vivir circunstancias un tanto embarazosas. «Recuerdo una ocasión que al presentarme a un cliente, éste me dijo que no quería hablar con la secretaria sino con el jefe. El hombre se quedó bloqueadísimo cuando le dije que iba a tener que negociar conmigo, porque era la jefa de la empresa».

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