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Euskal Herria marca la diferencia en un escrutinio que se ajustó al guión en los estados

La jornada electoral vivida ayer en Euskal Herria fue excepcional por muchos motivos. Por ir al más cercano, a la cita con las urnas se llegó después de que ETA matara, diez horas antes del cierre de la campaña electoral, al ex concejal del PSE en Arrasate Isaías Carrasco. El atentado dio lugar a un llamamiento generalizado de los partidos políticos que han podido concurrir a los comicios para que la ciudadanía respondiera en las urnas. En algunos casos ese llamamiento fue más allá, con aseveraciones tan graves como las realizadas por el representante de Aralar, Patxi Zabaleta, que directamente ensangrentó la opción de la abstención activa preconizada por quienes no han podido presentarse.

A la vista de los resultados arrojados por estos comicios en Hego Euskal Herria, los vascos y las vascas no han secundado la campaña contra la abstención -o, en caso contrario, el resultado de los que algunos políticos planteaban como un «plebiscito» da unos datos aún menos comprensibles dentro del análisis oficial-. Es posible que haya quienes traten de ocultar su error de diagnóstico sobre la situación de Euskal Herria con lecturas interesadas, pero ello no puede ocultar que el escrutinio refleja que en Euskal Herria hay una cuestión pendiente que no se dirimirá con estigmatizaciones, exclusiones, amenazas y usurpación de derechos, sino mediante la búsqueda de acuerdos políticos inclusivos y estables. Para no abundar en el error de cara al futuro es imperativo que se tome constancia de que un porcentaje importante de esta sociedad ha dicho «no» a un sistema que veta a un sector social que, ni siquiera en las peores condiciones posibles, puede ser empujado a la marginalidad o a la clandestinidad. Y otra parte nada desdeñable no ha secundado la campaña contra la abstención a pesar de que los medios y los partidos les han situado nada menos que ante el dilema de «votar o situarse al lado de ETA».

Las elecciones españolas, por lo que afecta a Euskal Herria, han estado marcadas por una situación de excepcionalidad que para algunos comienza con el atentado de ETA, pero que es imposible de entender aislando ese hecho de tantos otros que le preceden. A la luz de los resultados cabe inferir que una parte importante del electorado vasco interpreta de forma bastante más amplia lo que ocurre en este país. Los electores de los cuatro herrialdes vascos concernidos por los comicios a Cortes votaron mucho menos que los electores del Estado, y también se abstuvieron mucho más que hace cuatro años, cuando los comicios se produjeron tres días después de que Madrid fuera escenario del ataque armado más sangriento cometido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

El «hecho diferencial vasco» es hoy más evidente, si cabe, porque en los dos estados en que se divide Euskal Herria el escrutinio se ajustó casi miméticamente al guión, sin que hubiera lugar para la sorpresa. Así ocurrió con la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en Madrid y con el fuerte revés encajado en París por Nicolas Sarkozy, que a diez meses de su elección ha recibido una fuerte bofetada del electorado en unos comicios municipales y cantonales que también reflejaron diferencias en Euskal Herria. En Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa se votó más, y el logro en primera vuelta en las municipales por la derecha de plazas fuertes como Hazparne o Donibane Lohitzune no resta dimensión al avance global de las listas de izquierda y al impulso experimentado por la alianza Euskal Herria Bai, que logra un avance espectacular en las cantonales respecto a hace siete años. A la espera de las alianzas cara al próximo domingo, el mapa que dibuja esta primera vuelta es bien diferente al de los precedentes comicios.

Zapatero y «los vascos en Madrid»

El guión en el Estado español se cumplió con una victoria holgada de Rodríguez Zapatero que no alcanza, sin embargo, la dimensión de derrota absoluta para el PP. Euskal Herria también fue diferente. El PSOE logró derrotar por goleada al PNV y no acusó el «agostazo» en Nafarroa, sino más bien al contrario. La polarización de la campaña y el factor emocional introducido por el atentado en Arrasate pueden explicar en parte la amplitud de esa victoria en Hego Euskal Herria del PSOE. Pero no lo explica todo ni mucho menos para un PNV que suma la tercera elección con fuertes pérdidas.

A la vista de lo ocurrido con otras formaciones vascas, el 9-M devalúa la cotización del «voto vasco en Madrid», ya que las cuentas hacen a Zapatero mirar más a la derecha catalana. Un eventual acuerdo con el PNV pierde interés a ojos del PSOE. Máxime cuando Sabin Etxea no puede vender la piel de la izquierda independentista, que ha sido capaz de estabilizar sus votos pese a la feroz escalada represiva. A 30 años de las primeras elecciones a Cortes, los defensores de aquella transición -PNV e IU, en tanto que heredera de PCE- son víctimas de sus propias renuncias en aquel proceso -a los regionalistas y a los progres les basta y sobra con el PSOE-, mientras que la demanda de una ruptura democrática, de un verdadero proceso de paz y normalización política cotiza al alza en Euskal Herria.

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