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Veintinco años de carretera no han conseguido amansar a Dwarves

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Pablo CABEZA | BILBO

Nacidos en Illinois, Chicago, hace veinticinco años, Dwarves no ha sido una formación prolífica en disco, dato que concuerda con su sentido de la vida y el disparate controlado que es la banda, pero, por contra, y gracias a sus explosivos directos, bien parece que hayan grabado cincuenta discos.

Discográficamente lo llevan tranquilo, cierto, pero que ningún aficionado al rock se pierda su bullicioso directo donde Blag Dahlia, vocal, y «He who cannot be named», su guitarrista pelotero (habitualmente toca desnudo), conocen todos los recursos de la escena.

La pareja puso en funcionamiento la máquina esquizofrénica en los primeros años ochenta, no llegando su primer disco hasta 1986, «Horror stories», donde convergían sus primeros amores musicales, la escena garagera, de la que aún quedan tintes en su música.

En la actualidad presentan «The Dwarves must die», álbum de quince títulos donde combinan jarkore, metal, surf, garage, hip hop..., pero todo acribillado por la actitud de esta pareja.

«Dominator» es una excelente dosis de punk-rock lacerado. «Blad» cruza death metal, speed y jarkore, para pasar a un sonido garagero en el corte siguiente, «Like you want». «Massacre» es hip hop, original. «Go» parece haber sido raptado del repertorio de los RIP del 85. La lección de jarkore melódico llega con «Another classic». La mejor forma de cabalgar sobre una ola la proponen con «Downey junior», impresionante mezcla surf de guitarras sesenteras y vigor. Concluyen disco con «Dwarves must die», de similares características a su antecesora.

Dwarves actúan mañana en Kafe Antzokia de Bilbo junto con Jetsex y Subzero. El sábado lo harán en Helldorado de Gasteiz con Porco Bravo como invitados.

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