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Las campanas repicaron en Durango, en homenaje a los muertos de la Guerra del 36

Ayer se cumplían 71 años desde que el centro urbano de Durango fuese arrasado por más de 11 toneladas de bombas arrojadas desde trimotores italianos de la aviación fascista. Murieron 294 personas. La localidad rindió ayer homenaje a todos sus fallecidos en la Guerra del 36.

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Poco después de las 8.30 de la mañana del 31 de marzo de 1937, en plena contienda bélica tras el golpe fascista contra la República, las campanas de la iglesia de Santa Ana repicaban sin descanso en un vano intento por alertar a la población del peligro que se cernía sobre Durango. No pudieron evitar la tragedia.

Pocos minutos después, trimotores italianos descargaban en dos pasadas y sobre un tramo muy concreto, de la calle Kurutziaga hasta la estación junto a la plaza Ezkurdi, más de 11 toneladas de bombas, sembrando pánico y muerte entre centenares de indefensos vecinos. Entre las ruinas y el fuego dejaron la vida casi trescientas personas. En el curso de la guerra, la cifra de durangarras muertos alcanzaría los 400.

71 años después, las campanas volvieron a sonar ayer en Durango, en esta ocasión para recordar y rendir homenaje a esos cuatro centenares de muertos, en el marco de los actos de conmemoración del mortal bombardeo, que se han desarrollado estos días en la localidad.

Toti Martínez de Lezea

El cementerio fue uno de los escenarios donde se desarrollaron ayer los actos, con fuerte presencia institucional -Izaskun Bilbao, presidenta del Parlamento de Gasteiz; Gabriel Inclán, consejero de Sanidad; Ana Madariaga, presidenta de Juntas Generales de Bizkaia; y los alcaldes de Durangaldea- y de antiguos combatientes y supervivientes del bombardeo.

Una de las protagonistas fue la escritora Toti Martínez de Lezea, que recientemente ha escrito un cuento ambientado en este ataque aéreo y que leyó un escrito en el que «maldijo» las guerras y la violencia, y recordó una fatídica jornada en la que en Durango «el aire se llenó de llanto».

Junto al monolito en memoria de las víctimas de esta masacre y la capilla que preserva los nombres de las casi 400 víctimas que la guerra dejó en esta localidad (en ambos bandos), los asistentes guardaron un minuto de silencio, que finalizó con tres toques de campanas.

Tras este gesto, se sucedieron varias ofrendas florales en las que participó el alcalde de Durango, Juan José Ziarrusta, quien insistió en la necesidad de fomentar la «paz y la reconciliación», lamentó que todas las guerras sólo lleven a la «venganza y a la destrucción» y apuntó que, además de recordar a los fallecidos, en su mayor parte civiles, es preciso concienciar a las nuevas generaciones de los «horrores» de los conflictos bélicos.

llanto

Toti Martínez de Lezea recordó la fatídica jornada en la que se produjo el bombardeo, aquel 31 de marzo de 1937 en el que en Durango «el aire se llenó de llanto». La escritora alavesa maldijo las guerras y la violencia.

INVESTIGACIÓN

ANV no participó en la ofrenda floral. Aunque apoya el recuerdo de las víctimas, valora que se deben investigar las circunstancias que rodearon las muertes, en vez de situar a todos los fallecidos durante la guerra en la misma placa.

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