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Exponen la obra de Daumier, maestro de la caricatura política

La Biblioteca Nacional de París recupera, a través de una exposición que permanecerá abierta hasta el 8 de junio, la figura y la obra del caricaturista político del siglo XIX Honoré Daumier, quien, tras conocer la fama y también la cárcel, murió pobre y ciego.

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GARA | PARÍS

La muestra, organizada con motivo del bicentenario del nacimiento de Honoré Daumier (1808-1879), consta de unas 220 piezas que ponen de relieve la modernidad de la obra de un artista comprometido. De hecho, la exposición evidencia, según destacan los organizadores, las innovaciones técnicas, estilísticas y estéticas que aportó Daumier a la caricatura.

En 1816, el padre de Daumier, un vidriero que soñaba con ser poeta y que nunca alcanzó el Parnaso, se trasladó con su familia desde Marsella a París. Honoré tenía entonces ocho años.

En la capital, a pocos metros del Museo del Louvre, Honoré, que empezó a ganarse la vida como bedel, decidió estudiar dibujo, y empezó así una carrera que le llevaría a convertirse en uno de los caricaturistas más influyentes de la historia en el Estado francés.

Desde los veintiún años hasta su muerte, con algunas interrupciones, trabajó como dibujante para publicaciones como «La Silhouette», el primer semanario satírico ilustrado francés, «Charivari» o «La Caricature».

Precisamente la aparición en esta última publicación, en 1932, de una viñeta de Luis Felipe representado como Gargantúa hizo que Daumier acabara en la cárcel, donde permaneció recluido seis meses.

Falta de reconocimiento

Su influencia en el arte de la viñeta política fue tan significativa que todavía hoy hay quienes, cuando piensan en la Asamblea Nacional, evocan su imagen de «Le ventre legislatif», en la que los parlamentarios aparecen representados como hombres orondos de macabra expresión.

Aunque Daumier se ganó una reputación como caricaturista, nunca llegó a ser reconocido como «un artista de verdad», en una época en la que destacaban maestros románticos como Eugène Delacroix, Gustave Courbet o Aimé Millet.

Amigo de escritores y pintores, el dibujante recuperó su vena política, de la que se había distanciado, gracias a la Revolución de 1948, que forzó la abdicación de Luis Felipe.

Su personaje Ratapoli, un agente de la propaganda de Napoleón III, volvió a enfrentar a Daumier con la censura, por lo que el periódico «Charivari», para el que producía una viñeta diaria (fue el primero en hacer algo parecido), decidió despedirle para calmar los ánimos.

Ése fue el comienzo del declive del dibujante, quien, al no poder pagar el alquiler del estudio del que disponía en París, se vio obligado a trasladarse a las afueras, a Valmondois, donde se consagró a la pintura.

Daumier, que vivió los últimos años de su vida gracias a una modesta pensión del Gobierno, murió prácticamente ciego, poco después de que sus amigos, encabezados por Victor Hugo, le organizasen una exposición retrospectiva que apenas tuvo eco.

Los restos de Honoré Daumier descansan en el cementerio parisino de Père-Lachaise, donde está enterrado junto a sus amigos pintores Corot y Daubigny, así como a muchas otras celebridades, desde Balzac o Wilde a Jim Morrison.

DESPIDO Y DECLIVE

Su personaje de Ratapoli, un agente de Napoleón III, lo enfrentó con la censura. El periódico «Charivari» terminó despidiéndolo.

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