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«Los seres humanos no estamos hechos para soportarnos los unos a los otros»

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Pedro Rivero

Director de «La crisis carnívora»

Pedro Rivero (Bilbo, 1969), presidente de la Asociación Profesional de Guionistas de Euskal Herria, verá estrenado su primer largometraje mañana en el festival Animabasauri y Animabasque, donde, además de concursar, inaugura el certamen. «La crisis carnívora» es una ácida comedia de animación en la que los animales protagonizan una fábula sobre la democracia y sus códigos de conducta.

Karolina ALMAGIA | BILBO

Hace ocho años, Pedro Rivero aparcó su labor como guionista de series de dibujos animados para sumergirse de lleno en este proyecto personal. Mañana, con más canas y ojeras, pero satisfecho con el resultado, verá estrenada «La crisis carnívora» en Basauri, a las 20.00 h., en el Social Antzokia. Enrique San Francisco, Alex Angulo, Pablo Carbonell, José Coronado y otros actores han puesto voz a los animales de esta corrosiva y ácida comedia realizada en animación flash. Llegará a las pantallas el 16 de mayo.

¿Cómo arrancó el proyecto?

La idea viene de unas tiras cómicas que hice para el periódico «Diario Vasco» hace diecisiete años. No hice muchas, pero sí las suficientes para idear el mundo en el que se desarrolla la película: una especie de sistema de relaciones entre animales basado en un pacto vegetariano.

¿Cómo llegó a convertirse en largometraje?

Retomé esta idea en un curso con unos profesores americanos. Allí elaboré la sinopsis y luego me animé a plantearlo como guión para presentarlo a unas ayudas del Gobierno Vasco. Cuando me dieron la ayuda me emocioné y pensé que quizás podría sacarlo adelante. Mi experiencia como guionista de encargo no estaba siendo muy satisfactoria y decidí hacerme responsable del resultado de este proyecto, fuese el que fuese.

¿Qué técnica han utilizado?

La animación flash, que es un programa que se usa en internet para pequeñas animaciones, pero que es limitado y se supone que no es factible para la gran pantalla. En ese sentido, esta apuesta es una bilbainada. La verdad es que te ahorras muchos costes y el resultado, si tienes un buen conocimiento del programa y lo trabajas bien, puede ser muy efectivo.

¿Cuántas personas han trabajado en la animación?

La película se animó en Barcelona con un equipo reducido. En el momento de mayor apogeo éramos catorce, mientras que en una producción convencional puede haber treinta o cuarenta dibujando, más otros tantos coloreando. Manejar un equipo pequeño me permitía una mayor comunicación con cada uno de los animadores para ir perfilando lo que quería.

El resto de la película se ha hecho en Bilbo.

Sí. La parte esencial fue el doblaje. Hemos trabajado como los americanos: primero graban las voces y luego animan los muñecos, así el personaje gana expresividad y la interpretación es más suelta. Todo ese trabajo se hizo en los estudios Bitart de Bilbao. En cuanto a la música, también la ha hecho un bilbaino, Dani Tejerina, músico habitual de la serie «Cálico electrónico». Es una música orquestada que recuerda a los spagetti-western.

¿Por qué ha llevado tanto tiempo su conclusión?

Hubo varias fases. Al principio pensamos hacer una película de animación tradicional y nos pasamos dos años buscando financiación. No lo conseguimos y reinventamos el proyecto. Nos decidimos por la animación flash, con lo que podíamos abaratar gastos hasta hacerlos asumibles. Y en 2005 nos lanzamos de lleno al proyecto. La animación se tardó en hacer nueve meses, pero, entre una cosa y otra, hemos estado dos años terminándola.

¿A qué público va dirigida?

Es una película de tono gamberro que va dirigida a todo el que tenga ganas de reírse. No es para niños, evidentemente, porque es muy iconoclasta y tiene un lenguaje un tanto abrupto y afilado, pero yo creo que tanto el público adolescente como el adulto encontrarán algo más bajo la superficie cómica.

¿Qué quiere contar `La crisis carnívora'?

El protagonista es una hiena, a la que pone voz Enrique San Francisco muy apropiadamente, que no está nada satisfecha con que exista un pacto vegetariano que impide comer carne y decide ir una noche al cementerio a comer animales. Y cuando llega se encuentra con que se le han adelantado, con lo cual se descubre que nadie está cumpliendo el pacto vegetariano y que todo es una sarta de mentiras. Al ser una fábula, lo puedes aplicar a cualquier tipo de sociedad o sistema político, ya sea en Euskadi, en España o en el Tibet. Pero para mí viene a ser una parodia del totem de la democracia, que se supone que es un bien intocable y lleno de virtudes y luego, a la hora de la verdad, todos nos la saltamos.

¿Qué papel representaría la hiena en esta sociedad?

En realidad, para mí es una víctima, aunque sea el catalizador de la historia. Es alguien a quien le someten a una realidad a la que no puede responder porque su naturaleza va en contra de ella. Y esto es lo que creo que nos sucede a los seres humanos: basta ir a una reunión de vecinos para darse cuenta de que no estamos hechos para poder soportarnos los unos a los otros.

¿Sigue siendo un riesgo estrenar en salas una película de animación para adultos?

Todavía hay miedo, porque lo cierto es que la animación sienta al público ante el televisor, pero no le lleva al cine. Por eso cuando se hacen versiones de «Los Simpsons» en cine, para aumentar la recaudación lo endulzan y convierten en algo mucho más ñoño.

Supongo que la experiencia habrá sido buena.

Interesante. Tanto como buena no sé, porque yo antes no tenía tantas canas ni tantas ojeras. Me ha costado parte de la salud, pero lo mejor ha sido el trabajo con la gente y los momentos irrepetibles que eso me ha dado.

 

FLASH

«Es el primer largometraje para cine realizado en animación flash. En ese sentido, esta apuesta ha sido una bilbainada»

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