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La respuesta (a nuestros males) está en el viento

«El incidente»

Si ya de por sí los estrenos de Shyamalan suelen generar expectación, qué no decir de «El incidente», película que llega precedida de una campaña de gran impacto visual ,que ha provocado verdadera inquietud. La rebelión de la naturaleza vuelve a adquirir una alarmante preponderancia como amenaza de primer orden, en plena era del cambio climático.

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Mikel INSAUSTI | DONOSTIA

Shyamalan viene manteniendo un interesante pulso con la crítica y el público, porque es un autor fiel a sí mismo, lo que le hace estar reñido con los premios y la comercialidad. Siempre se le ha comparado con Hitchcock, por un empeño en convertirle oficialmente en el nuevo maestro del suspense, pero se resiste a que le cuelguen esa etiqueta, y de ahí que sus películas provoquen tanta sorpresa como decepción.

La contradicción procede de su doble engañosa filiación cinematográfica, ya que se trata de un creador personal que hace obras de género. El espectador habitual de las películas de terror necesita establecer una conexión con lo que ocurre en pantalla, a la vez que experimenta sensaciones concretas como el miedo. Con Shyamalan dicha complicidad no es posible, debido a que el cineasta de origen indio habla de sí mismo, de sus propios temores no superados de la infancia. Para él, lo de hacer cine no deja de ser una terapia particular, así que los que se sientan en la butaca como mucho pueden llegar a coincidir con algunas de sus inquietudes. Tal fenómeno se dio de forma equívocamente mayoritaria con «El sexto sentido», título a partir del cual se generó la idea de que Shyamalan podía hacer películas participativas en las que el público se integrara dentro del espectáculo audiovisual. Sin embargo, no es así, puesto que su cine está hecho para ser admirado. Una admiración que, evidentemente, no se ha dado en las posteriores películas de igual manera, lo que ha hecho surgir sucesivos motivos de desencuentro entre el artista y quienes pretenden imponerle una forma de ver las cosas, como si el oficio fílmico estuviera sujeto a la ley de la oferta y la demanda. A Shyamalan hay que reconocerle el mérito de no haberse estancado en «El sexto sentido» repitiendo una fórmula de éxito, para preferir arriesgar y jugársela en cada uno de sus nuevos proyectos. Otra cuestión bien distinta es que su mundo interior nos tenga que atraer en cada una de sus manifestaciones, por cuanto se trataría de juzgarlas por separado y sin encasillamientos o valoraciones preconcebidas.

Como todo autor que se precie, Shyamalan mantiene unas constantes temáticas a lo largo de su filmografía, que, a mi modo de ver, están relacionadas siempre con la búsqueda de la inocencia perdida. En «Los primeros amigos» quedó plasmada de una forma más directamente infantil, para, en sus siguientes largometrajes, adquirir una dimensión fantástica inquietante. Pero en el fondo es lo mismo, por lo que no se entiende la extrañeza generalizada ante «La joven del agua», otra muestra palpable de que para disfrutar con Shyamalan hay que adoptar su mirada, que en este caso es la de un niño. Cuantos vieron su anterior realización con ojos de adulto salieron del cine escarmentados y diciendo a voz en grito que el cineasta no les volvería a engañar. Es mentira, puesto que con «El incidente» van a caer otra vez, porque el ser humano es curioso por naturaleza y Shyamalan sabe excitar esa curiosidad como nadie. Estoy convencido de que los trailers colgados en internet, así como los adelantos que se han podido ver en los cines, son mejores que la propia película. Es imposible resistirse a la atracción que despiertan, al misterio que los envuelve. Quiero decir con esto que estamos ante un cineasta diferente, que no hace películas redondas o perfectamente acabadas, sino que lanza propuestas sugerentes que producen no pocos trastornos. El buen seguidor de Shyamalan sabe de sobra que lo que va a ver es otro cuento de los que se leen a los niños antes de dormir, a sabiendas de que a la mañana siguiente, al abrir los ojos, los ogros ya no estarán en el dormitorio. A la oscuridad siempre le sigue la luz.

Los trailers de «El incidente» quieren reflejar un estado de confusión, que es el que se deriva de la propia situación actual de incertidumbre que vive la sociedad industrializada con respecto a la conservación del planeta. Una confusión extensible a las primeras críticas de la película que se han colado en la red, que van desde la indignación a la aprobación. Está claro que no hay término medio y que cada cual deberá comprobar por si mismo el grado de identificación que logra esta vez con la última locura de Shyamalan. No hay que llamarse a engaño por el hecho de que «El incidente» sea la primera película del cineasta no autorizada para menores, simplemente debido a que muestra más muertes que en todas sus anteriores realizaciones juntas. La idea de los suicidios en masa se imponía como detonante de la acción, en cuanto que, para reflejar el peligro que corre la tierra, había que colocar en primer término el poder destructivo de la especie humana, y cómo éste se vuelve contra ella misma.

Muerte, viento y abejas

La idea de la naturaleza que se rebela contra la mala gestión de los humanos, harta de ser explotada sin control, está omnipresente en todo el cine de ciencia-ficción de posguerra, sobre todo en las películas de serie B de los años 50. Hoy en día tal vez sea una amenaza más apocalíptica, suscitada por el cada vez más preocupante fenómeno del cambio climático, que ya no hay escéptico que se lo salte. Shyamalan quería inspirarse en clásicos como «La invasión de los ladrones de cuerpos», pero cambiando la forma de esa amenaza, sin darle una procedencia externa como pudiera ser la extraterrestre, que ya la utilizó en la fallida «Señales». No cabe duda de que fue Hitchcock el que, ya en los 60, mejor supo ilustrar la proximidad de la hipotética hecatombe en «Los pájaros», mediante la simple alteración del comportamiento de una especie animal. Shyamalan acude de nuevo al maestro del suspense para provocar inquietud en base a ciertos síntomas reales, de los que aparecen todos los días en las noticias. En concreto fue a fijarse en la repentina mortandad de las abejas, que en los EE.UU. ha alcanzado unos índices alarmantes que ni los entomólogos son capaces de explicar.

¿Por qué mueren las abejas? Eso es lo que se pregunta el protagonista de «El incidente», un profesor de ciencias a cuyos alumnos no les interesan las cuestiones relacionados con nuestro futuro, por la sencilla razón de que viven al día de forma totalmente despreocupada. Lo irónico es que ya es demasiado tarde para hacerse preguntas sin respuesta inmediata, porque ya no hay tiempo para más avisos y el fin se ha desencadenado de repente. El caos y la autodestrucción se apoderan de la gente en lo que parece una maldición bíblica, de la que tal vez sólo se puedan salvar los puros de espíritu, los seres no contaminados. El guión inicial de Shyamalan, titulado «The Green Effect», fue rechazado por resultar ya obvio en su enunciado. Eran las plantas las que habían dejado de generar oxígeno y, en su lugar, estaban expulsando unas neurotoxinas letales para los humanos. En el argumento definitivo, es el viento el que adquiere mayor protagonismo, en cuanto elemento propagador que enloquece a las personas. El viento resulta todavía más perturbador si cabe, por su casi invisible capacidad para causar estragos.

Estreno

Título original:

«The Happening».

Dirección y guión:

Night Shyamalan

Producción: M. N.Shyamalan, Barry Mandel y Sam Mercer.

Fotografía: Tak Fujimoto.

Música: James Newton Howard.

Intérpretes: Mark Wahlberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo, Spencer Breslin, Betty Buckley, Ashlyn Sánchez, Victoria Clark, M. Night Shyamalan.

País: EE.UU, 2008.

Duración: 91 minutos.

Género: Ciencia-ficción.

La cuestionada inocencia de Mark Wahlberg

Hay quien afirma que el primer actor elegido para protagonizar «El incidente» fue Donnie Wahlberg, pero que en la Fox prefirieron a su hermano Mark, que ahora es bastante más conocido. El principal requisito para el papel era el de la inocencia, todo un reto para un actor que en su etapa juvenil fue delincuente y sufrió prisión. Sin embargo, Donnie ya trabajó con Shyamalan en «El sexto sentido». También en la música se le adelantó, pues New Kids On The Block fueron anteriores a Marky Mark. Mark tiene fama de tipo duro y luce mejor en el cine negro violento, como en el reciente thriller «La noche es nuestra».

M.I.

LA IDEA

La idea se le ocurrió a Shyamalan mientras conducía a través de la campiña de Nueva Jersey. «Iba de camino a Nueva York -recuerda- era un día precioso y los árboles sobresalían en la autopista, cuando de repente me dije a mí mismo: `¿Qué ocurriría si la naturaleza se volviera un día contra nosotros?'».

MOVIMIENTO

El rodaje comenzó el 6 de agosto de 2007, justo nueve años después de que empezara la producción de «El sexto sentido». Rodada secuencialmente, los 44 días de rodaje transcurrieron a una velocidad de vértigo, cambiando de localización cada unos pocos días. La idea era mantener viva la sensación de gente huyendo.

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