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Txanba Payés Cantautor y poeta salvadoreño residente en Euskal Herria

La directiva de la vergüenza

¿Qué hay detrás? El proceso de desaceleración de la economía neoliberal, el aumento de partidos racistas de extrema derecha y neofascistas en la Unión o, simplemente, el cierre de las fronteras a las personas migrantes que vienen del Sur

Por fin han aprobado la directiva de la vergüenza en el Parlamento Europeo. Lo han hecho aún sabiendo que, con ello, violaban los derechos más elementales de las personas. Los migrantes, ahora, por «migrar» y por querer mejorar sus vidas, son delincuentes. La directiva prevé la repatriación al país de origen y éstos son sus principales contenidos:

«Retención». Comunicada la expulsión, el internamiento en un centro -nunca cárcel- podrá ser decidido en caso de ¿riesgo de fuga? o si el inmigrante sin papeles rechaza su repatriación. «Duración de la retención». Se establece un periodo máximo de internamiento de seis meses, ampliable a 18 en caso de ¿falta de cooperación? Tras esos 18 meses, si no se ha producido la expulsión, el inmigrante debe quedar libre. «Prohibición de entrada». Tras su expulsión, el inmigrante no podrá entrar en Europa en un plazo de cinco años (más, si se aprecia que supone una ¿amenaza grave? para el orden y la seguridad). «Menores». Los menores no acompañados y las familias con menores serán internados ¿como último recurso y durante el menor tiempo posible? No obstante, los menores no acompañados podrán ser expulsados a países donde no tengan tutor o familia.

La Directiva tiene como objetivo -dicen- armonizar las políticas sobre el tratamiento que debe darse a los inmigrantes sin papeles que lleguen a territorio europeo. Si ese es el objetivo final, me río de ello, porque sólo veo un fin: criminalizar a las personas por ejercer un derecho inherente al ser humano, migrar. Y si alguien todavía no ve la comparación o similitudes con un campo de concentración es porque no ha visto el verdadero meollo de esta Directiva de la vergüenza.

¿Qué hay detrás? El proceso de desaceleración de la economía neoliberal, el aumento de partidos racistas de extrema derecha y neofascistas en la Unión o, simplemente, el cierre de las fronteras a las personas migrantes que vienen de los países del Sur.

Los problemas que se derivan de la desaceleración económica repercutirán en la pauperización de un sector amplio de la sociedad de la UE. Y antes de que estallen conflictos sociales, quienes pagan los platos rotos son precisamente los migrantes, aquéllos que han estado manteniendo su nivel de vida con contratos basura algunos, y otros, una mayoría, trabajando como esclavos para empresarios sin escrúpulos que se han estado beneficiando de esa supuesta migración sin papeles que hoy se quiere atajar.

Si tras la aprobación de esta directiva se esconden argumentos racistas y xenófobos, la situación es aún más grave para el futuro de esta rancia y opulenta Europa, porque a quienes se les está cerrando las fronteras es solamente a quienes proceden de los países del Sur.

También en ese juego racista entran partidos políticos que se autonominan como defensores de los derechos humanos, que se dicen progresistas y de izquierdas. Es el caso del PSOE, que ha sido uno de los que más ha defendido y presionado (según el autor de la norma, el alemán Manfred Weber) para endurecer esta Directiva. ¿Y es este partido el que en Euskal Herria se llena la boca de mociones éticas en ayuntamientos? ¿de qué ética?

Si en el fondo de esta directiva está cerrar las fronteras sobre todo a la migración proveniente de los países del Sur (entiéndase: África, América latina y Asia), la situación de xenofobia y racismo es aún más grave. A los colectivos, en su mayoría procedentes de países «pobres», se nos está cerrando las fronteras. Se aplicará la mano dura del fascismo a quien se atreva, arriesgando su vida, a llegar a vivir y trabajar por una vida con más dignidad. Y lo hacen sabiendo que ya cuentan dentro de la Unión con mano de obra barata de países como Rumanía, Polonia... que además de ser «blancos» son europeos, y están dispuestos a trabajar como mano de obra barata.

Qué poca memoria histórica tienen estos países que no hace mucho han estado viajando precisamente a los países de donde proceden la inmensa mayoría de las personas a las que hoy, con esta directiva, se les niega el derecho de venir, a pesar de que huyen de una situación social económica, política y de guerras, muchas veces impuestas por los países más ricos del planeta. Cuando no hace mucho han ido a saquear, a robar, y a esquilmar las riquezas que tienen los Países del Sur. A los dirigentes del PSOE se les olvida que cuando Colón viajó en busca de nuevas tierras, sus tripulantes, todos, eran presidiarios. Entre asesinos y ladrones estuvo el tan manido descubrimiento de América. Mientras, quienes ahora llegan, trabajan en lo que no quieren los nacionales.

Cualquiera que sea el motivo para votar esta directiva, merece todo el rechazo ético y moral por parte de quienes no nos sentimos identificados con su argumentos de fondo, sean los que sean. Porque con el argumento de atajar la migración ilegal se favorecen posiciones de partidos de la extrema derecha racista de la que hoy, sí, se puede decir vieja y rancia Europa.

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