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Tasio Erkizia militante de la izquierda abertzale

La consulta y una foto clarificadora

Los días 6 y 7 de agosto, la foto de portada en la gran mayoría de los medios de comunicación fue la de los dirigentes del tripartito vascongado junto con los de Aralar ante el Tribunal Constitucional de Madrid. Una foto significativa por la actitud sumisa que mostraron en sus declaraciones ante la máxima representación judicial del Estado, y muy clarificadora en cuanto al contenido y los objetivos reales de la consulta.

El lehendakari de las tres provincias vascongadas, cuando presentó ante la sociedad su famoso Plan Ibarretxe, argumentaba que constituía un instrumento inmejorable para superar el conflicto y crear las bases para la convivencia en nuestro pueblo, un instrumento para la paz. Y además, afirmaba con rotundidad estar dispuesto a llegar a la confrontación con el Estado, en caso de que éste tratara de impedir por la fuerza la realización de la consulta.

Durante meses, Ibarretxe ha tratado de presentar su proyecto como un instrumento de gran alcance político y clave para el futuro. Un proyecto que iba a marcar un antes y un después, que supondría marcar una dinámica sin posibilidad de marcha atrás. Horas de televisión y radio, páginas y más portadas en la prensa escrita explicando las bondades de dicho plan. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo se va desinflando el globo. Las cosas se limitan a su verdadera dimensión.

Ante las primeras declaraciones y negativas de los partidos e instituciones de ámbito estatal, comenzó a tambalear su aparente firmeza y supuesta voluntad de liderar una confrontación democrática con el Estado español. Muchas veces le hemos escuchado enfatizar sobre la realización de la consulta cueste lo que cueste, con afirmaciones como «me marcho a casa si no es posible realizarla». Sin embargo, poco faltó para que sus propios compañeros de partido, como Azkuna o José Luis Bilbao, se encargaran de descalificar cualquier planteamiento que acarreara enfrentamiento para con las autoridades de Madrid; y la dirección del propio partido, bien controlada por Urkullu y Ortuzar, le hacía saber que nada de veleidades con actitudes de insumisión, dejándolo claro: «Siempre hemos sido respetuosos con la ley española y lo seguiremos siendo».

Todos sabíamos que Ibarretxe no tiene competencias más que en los tres territorios de la Comunidad Autónoma que preside, pero en sus primeras explicaciones no descartaba intervenciones que pudieran abarcar al resto de los territorios. Sin embargo, en la medida que pasaba el tiempo no solamente se ha aclarado que se limitaba a los tres territorios históricos, sino que su partido ha dejado muy clarito que Nafarroa es provincia «del entorno» y que Lapurdi, Baxenafarroa y Xiberoa son «transfronterizos», y que en consecuencia su proyecto margina expresamente más de la mitad del territorio vasco. Vamos, el PNV, una vez más, deja en evidencia que carece de un proyecto para Euskal Herria y que sólo se limita a gestionar los territorios en los que tiene capacidad de intervención institucional y, por ende, intereses económicos.

El progresivo desinfle ha sido evidente. La aparente firmeza y convencimiento que al comienzo manifestaba Ibarretxe se ha convertido en la actualidad en una palmaria falta de norte y en desorientación. Si el primer Plan Ibarretxe terminó en el cajón de los olvidos, el segundo lleva el mismo camino, pero de manera más escandalosa y grave por el momento político en el que se produce. Tras el portazo que dio en Loiola el partido de Ibarretxe, colaborando directamente con el PSOE en hacer fracasar una de las mejores oportunidades para superar el conflicto, a muchos de sus seguidores les hizo soñar que en esta ocasión «su» lehendakari podría ofrecer un camino firme y serio para liderar un «encuentro» entre los partidos políticos vascos y abrir nuevos cauces para superar las distintas expresiones de violencia que de manera dolorosa se dan en nuestro pueblo. El fracaso actual aumenta la desorientación y el desánimo en las propias bases de su partido, que ven en su dirección una patente falta de proyecto político y capacidad de liderar a nuestra sociedad.

Ahora, la centralidad no la ocupan la posible confrontación con el Estado ni las supuestas bondades del Plan Ibarretxe para superar el conflicto. La foto del jueves era la de unos partidos que mendigaban a las instituciones políticas y judiciales de Madrid que les permitieran hacer la consulta. Su actitud no ha sido la de reclamar los derechos de Euskal Herria, sino mostrar docilidad al Estado.

Foto tan triste como clarificadora. Pocas veces se han desplazado tantos dirigentes de partidos políticos hasta Madrid para no mencionar los derechos que nos asisten como nación diferenciada y al mismo tiempo mostrar explícitamente su sumisión a las leyes de Madrid. Que si las preguntas tienen rango exclusivamente de consulta y no conllevan ninguna consecuencia legal; que si entra dentro de las competencias que marca la Constitución; que si ellos no propugnan ningún cambio que supere el marco de la legalidad actual, etc. ¿Se puede expresar un mensaje más sumiso y obediente para con las directrices que nos imponen desde el Estado ?¿Creen que desde esas actitudes de sometimiento pueden obligar al tándem PSOE-PP a cambiar de actitud? Y además, con ese contenido, qué función tiene la consulta sino la de ponerle celofán abertzale al proyecto regionalista del PNV?

En la comparecencia de Madrid nadie habló del derecho a decidir de nuestro pueblo ni de la necesidad de abrir vías de diálogo serias para buscar el camino del entendimiento desde el respeto mutuo. Criticaron a Zapatero pero nadie habló con claridad de que es imprescindible reformar en profundidad la Constitución porque el texto actual niega al pueblo vasco su derecho a su propia existencia, ni del modelo centralista de Estado ni de su carácter represor. Fueron la voz sumisa y acomplejada.

¿Y qué hacía Patxi Zabaleta en Madrid defendiendo una iniciativa que excluye expresamente a Nafarroa? Él, que tantas veces había repetido en Herri Batasuna que sin Nafarroa no era posible construir Euskal Herria, ¿cuáles son en la actualidad sus objetivos políticos? ¿Acaso también Aralar comparte la definición del PNV por el que dicho herrialde es sencillamente «el entorno» de la Comunidad Autónoma de las tres provincias?

Y desde Gasteiz el argumento más repetido por la portavoz del Gobierno es la manida referencia a ETA. Que si la prohibición de la consulta da alas a ETA; que si Zapatero es capaz de hablar con ETA por qué no con un Gobierno elegido por la ciudadanía; que si de esta manera a ETA se le carga de razones, etcétera. ¿Pero no son ustedes los que repiten hasta la saciedad que es necesario hacer política sin contar con la organización armada? No escondan su falta de audacia y valentía para hacer frente al Estado que nos oprime echando las culpas al resto. Ya es hora de que cada cual asuma sus responsabilidades y ustedes reconozcan que por la vía de la dependencia no se avanza en la construcción de nuestro pueblo sino que progresivamente se anulan las señas de identidad del mismo.

A estas alturas, nadie cree en la voluntad de confrontación de Ibarretxe ni en sus promesas de defender hasta el final de sus fuerzas el derecho a decidir de nuestro pueblo. Y él mismo apenas las menciona. Pero, evidentemente, la ciudadanía no tiene tan mala memoria y sus repetidas promesas no las puede olvidar. No es la primera vez que el lehendakari de las tres provincias empeña su palabra y este nuevo fraude es de graves consecuencias. Es posible que sea su propio partido el auténtico responsable de esta nueva claudicación, pero las rotundas afirmaciones públicamente realizadas conllevan mucha responsabilidad personal, difíciles de olvidar tan rápida y ligeramente.

La izquierda abertzale desde el principio ha criticado abiertamente esta nueva iniciativa frustrada. Y la ha criticado porque no contemplaba a todo el territorio vasco; era un plan exclusivamente partidista en el que se excluía incluso en las aportaciones en el Parlamento al resto de los partidos y no se realizaba ningún esfuerzo por aglutinar las nuevas fuerzas políticas y sociales; no se vislumbraba ninguna voluntad de plantear con valentía el derecho a decidir de los vascos, si era necesario hasta llegar a la confrontación con el Estado; y, sobre todo, porque se percibía en todo el proceso un objetivo claramente electoralista.

Ante el panorama actual, ¿alguien duda de la intencionalidad electoral y oportunista del Plan Ibarretxe? En la comparecencia de Madrid a los dirigentes de los cuatro partidos solamente les faltó pedir expresamente: «Levanten por favor la suspensión cautelar al objetivo de realizar un campaña favorable para arrebatar los votos de la izquierda abertzale».

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