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Maite SOROA

Justificar las prohibiciones

Resulta dif�cil, justo es reconocerlo, abanderar los derechos y libertades y sentirse al tiempo en la obligaci�n de justificar y explicar c�mo se cercenan unos y otros a una parte de la sociedad. Eso es lo que le toc� ayer al editorialista de �Noticias de Gipuzkoa� al abordar la en�sima prohibici�n de una manifestaci�n de la izquierda abertzale por parte del inefable consejero Balza.

Contaba el escriba jelkide que �en esta ocasi�n han sido familiares de presos vascos los que han convocado una manifestaci�n en Donostia `en apoyo a los derechos de los presos pol�ticos vascos' a celebrar el pr�ximo d�a 14 de septiembre, domingo, fecha que coincide con la celebraci�n de la segunda jornada de regatas en la bah�a de La Concha, jornada en la que est� prevista la afluencia masiva de personas�. Y ahora nos suelta el discurso de los derechos: �por supuesto, la libre expresi�n de las ideas y el derecho a manifestarse por ellas es una reivindicaci�n absolutamente democr�tica sea quien sea el que la convoque�.

Pero -siempre hay un pero- el editorialista del Grupo Noticias advierte que �en esta ocasi�n el Departamento de Interior del Gobierno Vasco ha resuelto la prohibici�n del acto bas�ndose en la presunci�n de des�rdenes p�blicos seg�n la triste experiencia de a�os anteriores�. �Esta s� que es buena! �Cree el editorialista que ya hemos olvidado el penoso espect�culo que protagonizaron cientos de ertzainas armados hasta los dientes contra quienes iniciaron de manera absolutamente pac�fica una manifestaci�n en el Boulevard? �Cree que se han borrado las im�genes de la detenci�n -y encarcelamiento- de Juan Mari Olano por el mero hecho de sostener una pancarta? �Qui�n protagoniz� los graves des�rdenes p�blicos? �No hubo alg�n periodista de �Noticias de Gipuzkoa� que pueda cont�rselo al editorialista?

Pero de lo que se trata, ante el atropello de libertades y derechos, es de echar la pelota al tejado ajeno y por eso concluye la memorable pieza asegurando que �mientras los convocantes de este tipo de actos no garanticen de forma solvente el respeto a la libre circulaci�n de las personas y a la integridad de los bienes p�blicos ser� dif�cil que puedan autorizarse�. Mejor hiciera el editorialista en dirigir esos consejos a Balza. Pero, claro, �a ver qui�n se atreve a levantarle la voz al se�orito!

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