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Un potente terremoto deja al menos 170 muertos en Baluchistán

Los servicios de emergencia paquistaníes han recuperado al menos 170 cadáveres entre los escombros en la región de Ziarat, en el Baluchistán bajo administración paquistaní, azotado en la madrugada de ayer por un potente terremoto de 6,4 grados en la escala Richter, aunque es probable que el número de muertos aumente ya que se cree que muchas personas permanecen aún enterradas bajo las ruinas de sus viviendas.
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«La ciudad ha quedado arrasada. No se ve ninguna casa en pie. Hay destrucción por todas partes», explicó Adbul Rahim Ziyawal, miembro de los servicios de rescate de Wam, la localidad más afectada por el terremoto que en la madrugada de ayer azotó la escarpada región de Ziarat, en Baluchistán, cerca de la frontera con Afganistán, donde las excavadoras seguían ayer removiendo los restos en busca de supervivientes.

Los equipos de rescate habían recuperado por la tarde al menos 170 cadáveres entre las ruinas dejadas por el terremoto de 6,4 grados en la escala de Richter, tras el que se registraron una veintena de réplicas, la más fuerte de 6,2 grados. Sin embargo, es probable que el número de víctimas mortales aumente, porque muchas personas siguen enterradas bajo los escombros.

El seísmo dejó también decenas de heridos y provocó corrimientos de tierras que destruyeron 1.500 viviendas y dañaron carreteras, por lo que los servicios de emergencia trataban de llegar a algunas zonas remotas de difícil acceso en las montañas de Ziarat, donde viven alrededor de 50.000 personas.

12.000 personas sin hogar

Además de trabajar en la búsqueda de supervivientes y ayudar a los heridos, los equipos de rescate y las autoridades trataban de prestar atención a unas 12.000 personas que se quedaron sin hogar y a las que las réplicas obligaron a permanecer fuera de sus casas a temperaturas bajo cero. Según el alcalde de Ziarat, Dilawar Kakar, se requería con urgencia ropa y se necesitarían al menos 10.000 tiendas de campaña y sólo se habían recibido unas 3.000.

Los terremotos destruyeron ocho pueblos, según las autoridades locales, y sorprendieron a sus habitantes cuando dormían y sus viviendas fueron arrastradas por los desprendimientos. Durante las horas siguientes equipos de socorro y lugareños removieron con sus propias manos las ruinas en busca de supervivientes. Al menos 140 de las víctimas mortales fueron halladas de Wam y enterradas de forma inmediata, tal y como exige la tradición musulmana.

El pueblo de Wam contaba con varios centenares de pequeñas casas construidas con tierra seca. Casi todas se hundieron con la primera sacudida.

«Dormía con mi mujer y mis hijos cuando tuvo lugar una primera sacudida, a las 4.30. Salimos y un poco más tarde, cuando creímos que el peligro había pasado, volvimos a entrar», cuenta Malik Abdul Hamid, un profesor de 35 años que perdió a quince miembros de su familia en Wam. «Pero media hora después oímos un estruendo y todo se puso a temblar. Fue como una explosión, las casas se cayeron y enterraron a la gente», recuerda.

El alcalde de Ziarat declaró a France Presse que, según el balance provisional, habían muerto al menos 170 personas y 400 más habían resultado heridas. «Casi todas las casas fueron destruidas por alguno de los dos seísmos», señaló. Varios edificios se hundieron en la propia Ziarat y la carretera hacia Quetta, capital de Baluchistán, presentaba numerosas grietas y bloques de roca caídos desde las alturas.

Pakistán se ve frecuentemente sacudido por seísmos. El más grave, de 7,6 grados, mató en octubre de 2005 en Cachemira, a 74.000 personas y dejó a 3,5 millones sin hogar.

Divididos entre Pakistán, Irán y Afganistán

Baluchistán es un territorio de un tamaño superior al Estado español, con una población de unos diez millones de habitantes distribuidos entre tres estados: Pakistán, Irán y Afganistán.

El Baluchistán paquistaní es un terreno árido y muy montañoso con gran escasez de agua y tiene alrededor de siete millones de habitantes. En el iraní, siempre azotado por vientos y también muy árido, habitan unos dos millones de personas. Una zona del sur de Afganistán es también Baluchistán.

Pese a ser un territorio muy árido, en sus tierras hay enormes riquezas en gas y petróleo y grandes recursos mineros, por lo que ni Pakistán ni Irán ni Afganistán están dispuestos a satisfacer sus demandas de independencia, que no fueron atendidas en el proceso de descolonización de mediados del siglo pasado. En 1947, un día antes de que se proclamara la independencia de India y Pakistán, el Khan de Kalat declaró la de Baluchistán, que Islamabad se comprometió a respetar, pero no tardó en enviar a su Ejército y hacerse con el control.

Las revueltas y alzamientos se han sucedido en las últimas décadas y, en los últimos años, el protagonismo lo ha adquirido el Ejército de Liberación Baluchi.

Islamabad ha intentado reiteradamente, sin conseguirlo, presentar al movimiento independentista baluchi como fruto de «las estrategias del terror» y en línea con las directrices de Al-Qaeda. Hasta el momento el movimiento independentista baluchi ha tenido un claro contenido secular y las influencias del la concepción más rigorista del islam no han tenido eco entre sus filas, pero tiene el problema de ser utilizada por agentes extranjeros, como India y EEUU, contra sus enemigos.

Pero ninguno de estos estados permitirá la separación de sus provincias baluchis, porque además de la pérdida económica bajo su administración hay otros pueblos que demandan también su independencia, como kurdos y cachemires. GARA

Inmerso en una grave crisis política y al borde de la bancarrota

Pakistán se encuentra inmerso desde hace meses en una grave crisis política y azotado por una ola de violencia que las elecciones, el nuevo Gobierno y la dimisión del presidente, Pervez Musharraf, no lograron resolver y que ahora se ve agravada por las dificultades financieras que atraviesa el país y que lo han situado al borde de la bancarrota.

A finales de semana se espera una declaración oficial, pero mientras los medios de comunicación mencionaban una intervención inminente del Fondo Monetario Internacional, después de que Islamabad reconociera necesitar 3.500 millones de euros para administrar su crisis de la balanza de pagos. GARA

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