El frente amplio de uruguay, �una nueva desilusi�n?
El 31 de octubre de 2004, se abri� una nueva etapa pol�tica en Uruguay con la primera victoria electoral de la izquierda en la historia del pa�s. El Frente Amplio, integrado por socialistas, comunistas, antiguos guerrilleros del MLN (tupamaros) y otros sectores progresistas, arrib� a la Presiden- cia gracias a los deseos de cambio acumulados en el pueblo, agotado tras sucesivos gobiernos conservadores y sus fracasadas recetas neoliberales.
Sergio LABAIEN
En estos cuatro a�os, la sociedad ha tomado aire bajo el mandato de Tabar� V�zquez y, si hacemos caso a las encuestas, su intenci�n es seguir respirando otro ratito. No obstante, el Frente Amplio termina la legislatura entre llamamientos a la unidad de la izquierda, quiz� porque �sta se haya desgastado o porque haya ciertas palabras, como desilusi�n, desenga�o o traici�n, que se escuchan con frecuencia en su base social.
La ley impide la reelecci�n presidencial, de forma que la coalici�n se halla inmersa en el proceso de elecci�n de su nuevo candidato para las elecciones de 2009. La pugna entre Danilo Astori, ex ministro de Econom�a, y Pepe M�jica, senador e hist�rico l�der tupamaro, se inclina a favor del segundo tras el congreso del Frente Amplio de diciembre. En �l, M�jica denunci� presiones y chantajes para �retirarlo� de la carrera presidencial, a la que dijo sumarse muy a su pesar y s�lo porque los compa�eros se lo pidieron, tal vez para que trate de corregir la deriva centrista del Gobierno, demasiado vertiginosa y notoria para muchos. Y con Astori a�n lo ser�a m�s, o as� debieron interpretarlo los delegados, porque el director de la pol�tica econ�mica gubernamental qued� tercero en la contienda. Un fracaso de Astori y una victoria de Mujica que, previsiblemente, se ratificar�n en las elecciones internas convocadas para junio.
Cr�ticas al Gobierno
Una corriente interna del Frente, el PST, razonaba su �no� a Astori mediante una abierta cr�tica a la pol�tica econ�mica impulsada por su Ministerio: Porque eligi� pagar la deuda externa antes que desarrollar pol�ticas de desarrollo social; porque la ha aumentado de 19.145 a 29.354 millones de d�lares; porque el PIB ha crecido al ritmo que baja el poder adquisitivo de los uruguayos; por la reforma tributaria que mantuvo el peso de los impuestos al consumo (igual que antes) y aument� los impuestos al trabajo frente a los del capital (peor que antes); porque las inversiones extranjeras no han generado desarrollo; porque el modelo exportador concentra el 90% de los ingresos en las diez empresas m�s concentradas...
Y todo con el ansiado Gobierno de izquierdas, que, si bien se ha mostrado m�s eficaz que sus predecesores y ha impulsado algunas pol�ticas esperanzadoras, lo ha hecho con tanta prudencia y a veces tan lento que ha terminado por exasperar a los sectores afectados. Interesantes proyectos sociales como el nuevo plan de sanidad no acaban de dar los frutos prometidos; ni la supuesta bonanza econ�mica se percibe en las clases populares; ni los sindicatos est�n contentos... S� que hubo avances en materia de derechos humanos, como el procesamiento de varios responsables de la dictadura (1973-1985) o la b�squeda de desaparecidos, pero finalmente se vieron eclipsados por la negativa del Gobierno a anular la Ley de Caducidad (1986), que naci� para dar impunidad a los represores y que ahora los sectores populares tratan de tumbar con una masiva recogida de firmas a favor de un refer�ndum.
Tambi�n fue muy contestado el veto presidencial que, hace unas semanas, ech� por tierra la Ley de Interrupci�n del Embarazo aprobada por el Parlamento. En un Estado hist�ricamente laico, Tabar� V�zquez puso su catolicismo y su potestad presidencial por encima de la mayor�a parlamentaria y del 60% de la ciudadan�a que, seg�n las encuestas, apoya la reforma legislativa que pretend�a acabar con los abortos clandestinos, el encarcelamiento de mujeres y su muerte en salas de operaciones improvisadas. ��Qu� desilusi�n!�, clamaban las pancartas. Pero el Arzobispo de Montevideo felicit� a V�zquez, quien, en una postura de fuerza, acab� d�ndose de baja del Partido Socialista en desacuerdo con su postura favorable a la despenalizaci�n.
Tambi�n estuvo cargado de simbolismo, y de cr�ticas, el triple agasajo a George W. Bush; primero en su visita a Mar del Plata, Argentina (2005), adonde acudi� una delegaci�n con el presidente a la cabeza; despu�s en el viaje de V�zquez a EEUU (2006); y, finalmente, cuando el mandatario estadounidense fue recibido en Uruguay (2007). Estos coqueteos con Bush generaron contradicciones en el partido y manifestaciones en la calle, algunas de las cuales terminaron en incidentes, discutidas intervenciones policiales, dos decenas de detenidos y cinco condenas de c�rcel. Estos encarcelamientos generaron nuevas protestas y se lleg� a procesar por �vilipendio a los s�mbolos patrios� a un sindicalista acusado de quemar unos papelitos que imitaban la bandera yanqui. Por �stos y otros episodios -como la detenci�n de 65 trabajadores (2006) que ocupaban y trataban de autogestionar la mayor imprenta del pa�s, cerrada meses atr�s-, sectores de izquierda acusan al Frente Amplio de utilizar los resortes del poder para criminalizar a los disconformes con sus pol�ticas, utilizando medidas represivas m�s contundentes incluso que las desplegadas por los gobiernos de derecha.
Ra�ces participativas
Por encima de los aspectos concretos en los que el Frente Amplio se haya olvidado de reivindicaciones hist�ricas o promesas electorales, quiz� lo que m�s indigna a los cr�ticos son las formas. Porque, tras d�cadas de dictaduras y gobiernos de derechas, resulta que la vieja familia de izquierdas tambi�n es acusada de tratar de erosionar, como los anteriores, los espacios de democracia popular que todav�a se mantienen en muchos �mbitos de la sociedad uruguaya.
Para entender la importancia de la cuesti�n, debemos reparar en las fort�simas ra�ces participativas de la tradici�n pol�tica del pa�s. El sistema electoral, por ejemplo, es un caso seguramente �nico. El voto es obligatorio y queda registrado en un documento oficial, la credencial c�vica, imprescindible para realizar gestiones como sacar un pasaporte o inscribirse en la Universidad. Adem�s, no s�lo se vota al partido, tambi�n a la corriente interna, as� que los comicios definen el reparto de esca�os de cada formaci�n pol�tica y, dentro de ellas, el n�mero de electos que obtendr� cada sector.
El sistema educativo es otro de los �mbitos que, hist�ricamente, ha mantenido unas notables cotas de democracia participativa. De esta forma, la Universidad de la Rep�blica se rige mediante un sistema de cogobierno de docentes, estudiantes y licenciados, representados democr�ticamente en un �rgano aut�nomo que dirige los destinos de las facultades: Pol�tica educativa, reparto de cargos, r�gimen interno... Y la �nica injerencia del Gobierno s�lo puede venir de la asignaci�n presupuestaria, que es una de sus pocas competencias.
Debido a esta peculiar naturaleza del sistema pol�tico-social uruguayo, y a sus ra�ces laicas y participativas, �ste fue el primer pa�s en legalizar el divorcio (1907), uno de los pioneros en establecer el sufragio femenino, el primero que instaur� un sistema educativo gratuito, obligatorio y laico (1877), y el precursor en Latinoamerica del reconocimiento y legalizaci�n de las uniones civiles, incluyendo parejas del mismo sexo. Y es por esta tradici�n horizontal e igualitaria, incrustada en el pueblo y orgullo de la izquierda, por lo que han causado tanto enojo las decisiones unilaterales del presidente; o el desprecio de las resoluciones del Parlamento; o los intentos de hurtar el debate, la voz y el voto popular.
La reforma educativa
La �ltima pol�mica ha venido de la mano de una reforma educativa que desconoce las principales demandas sindicales y que deja la gesti�n de la ense�anza secundaria en manos del Ejecutivo, frente a la autonom�a y el cogobierno que ped�an estudiantes y docentes. As�, todos los sindicatos se oponen a la ley y hasta la Universidad de la Rep�blica pidi� la retirada del proyecto, pero eso no impidi� que �ste se aprobara con el apoyo de 16 de los 17 senadores del Frente Amplio, ya que s�lo la representante del Partido Comunista discrep� de la l�nea oficial. As�, en aquella sesi�n del Senado se represent� una vez m�s la aparente dicotom�a entre lo que piensa la izquierda social y lo que hace la pol�tica. Y no fue s�lo eso, ya que un grupo de docentes accedi� a la tribuna y expres� su protesta, silbando y lanzando octavillas, hasta que aparecieron las fuerzas de seguridad y se desat� un forcejeo que deriv� en una fenomenal pelea, captada con detalle por todas las c�maras de televisi�n y repetida hasta la saciedad en los noticieros. Los sindicatos apoyaron inmediatamente a los docentes y criticaron a la Polic�a y al Gobierno por la violencia del desalojo. Pero el Ejecutivo, espoleado por la derecha y los medios de comunicaci�n, pidi� su procesa- miento y cuatro de ellos acaban de ser condenados por un delito de atentado a la autoridad, en un nuevo episodio de criminalizaci�n de la protesta social, denuncian.
�El Frente, al centro?
Ante este panorama, cabr�a interpretar que el Frente Amplio siente prietas las filas por la izquierda, ante la casi absoluta falta de alternativas pol�ticas por este lado, y dirige la mirada hacia los caladeros del centro, como tratando de no irritar demasiado a las clases medias y acomodadas para asegurarse la victoria en 2009. Porque �stas tambi�n sintieron la ilusi�n por el cambio, y muchos votaron por V�zquez, pero ahora podr�an verse atra�dos por los mensajes alarmistas de la derecha, que clama por el desgobierno y el caos que, aseguran, asola al pa�s.
Las encuestas dan una importante ventaja al Frente Amplio de cara a las elecciones de octubre de 2009. Y todo hace suponer que M�jica ser� un presidente distinto en esta Latinoam�rica convulsa: Un mandatario que transgreda protocolos, que se amarre a su origen humilde y que, como grita una pintada en Montevideo, descarte las corbatas por considerarlas nudos en el cuello. Pero lo importante ser� el rumbo que d� a su mandato, comprobar si marca algo m�s que un nuevo estilo o si, por el contrario, acumula nuevas decepciones sobre las de su predecesor, no vaya a ser tan hist�rico y querido tupamaro quien acabe de enterrar las utop�as de varias generaciones de uruguayos.
Las encuestas dan una clara ventaja al Frente Amplio de cara a las elecciones de octubre de 2009 y todo hace suponer que Pepe M�jica ser� un presidente distinto en esta convulsa Latinoam�rica.