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Ultimos osos del Pirineo occidental

El duro invierno no puede con el viejo Camille

El crudo invierno de este año no ha podido con el viejo Camille. El mítico oso pirenaico, el último de su estirpe en tierras vascas, ha sobrevivido en su guarida y ha afrontado la primavera recurriendo a proteínas animales. Tres ovejas muertas en el Valle de Erronkari confirman que Camille sigue en tierras navarras, a las que llegó hace once años.

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Iñaki VIGOR

El 29 de abril de 1998 los vecinos de Uztarroze se vieron sorprendidos por la noticia de que un oso había realizado un ataque al ganado la noche anterior. Aquella no fue la primera evidencia de la presencia de Camille en tierras navarras, pero sí la más sonada. Desde entonces, este macho solitario ha campeado en esta zona del Pirineo, quizás porque en la vertiente sur los rebaños de ovejas permanecen en el monte sin vigilancia, al contrario que en la vertiente norte, y le resulta más sencillo abastecerse de carne.

Dentro de unos días se cumplirán once años de aquel primer ataque, una larga década en la que Camille ha sido continuo motivo de controversia. Los ataques que ha venido realizando, entre quince y veinte al año, han motivado el rechazo de los ganaderos, pero también ha generado un amplio movimiento a favor de un animal salvaje que lleva milenios conviviendo en el Pirineo con el ser humano y que está al borde de la extinción.

Los guardas de Medio Ambiente del Gobierno de Nafarroa ya hallaron indicios sueltos de la presencia de Camille el pasado mes de febrero, y no han detectado nada extraordinario con respecto a años anteriores. A finales de otoño y comienzos del invierno el viejo oso dio muestras de que había bajado su actividad, porque redujo su zona de campeo y buscó un lugar más tranquilo en el que afrontar los rigores invernales. La prueba de ello fueron los pocos indicios hallados en su habitual territorio, estimado en unos 400 kilómetros cuadrados. También se cree que no ha podido superar la dermatitis que le afecta a los cuartos traseros, pero sí se sabe que no le ha influido de forma tan grave como se temió cuando fue descubierta esta enfermedad.

Aunque se trata de un animal muy esquivo, cuyos movimientos son muy difíciles de controlar, Camille hiberna todos los años, y éste no ha sido una excepción. Se sabe que este viejo animal ha utilizado diversas oseras para superar el letargo invernal, y que escoge zonas abruptas y rocosas, próximas a un sotobosque muy denso y normalmente orientadas al sur. Pero nadie sabe cuánto tiempo permanece en la osera. Eso depende de la dureza de cada invierno y de la grasa que haya podido acumular antes de la llegada del frío. Esa grasa la obtiene sobre todo de frutos secos grasos, principalmente bellotas de roble. El pasado otoño fue bastante malo para casi todos los frutos silvestres, con la excepción de las moras, y quizás Camille no pudo engordar tantos kilos como le hubiera gustado.

Los expertos saben que el periodo de hibernación del oso es muy variable. En la Cordillera Cantábrica, donde existen más de 120 ejemplares, se ha constatado que hay una franja de la población osezna que tiende a hibernar muy poco tiempo. Se trata de las hembras con crías. Las hembras paren en los meses de diciembre y enero, salen de la osera hacia mayo-junio y permanecen todo el verano y el otoño con las crías. Al llegar el invierno, unas y otras se aletargan en la osera, pero en primavera las madres echan a las crías y entran en celo. Cuando al año siguiente vuelven a hibernar, la madre ha tenido mucho desgaste con la crianza y no llega tan fuerte como un año en que no se ha reproducido. Si en invierno hay mucha bellota disponible en el monte, muchas de estas hembras se suelen mantener activas porque energéticamente les compensa, ya que no han podido acumular grasas suficientes antes del invierno.

En el caso de Camille, con la llegada de la primavera ha tenido que recurrir a la caza para poder recuperar las fuerzas perdidas en la hibernación, ya que en estos primeros meses del año todavía no hay suficiente hierba ni frutos silvestres de los que alimentarse. El primer ataque lo realizó en la noche del día 13 al 14 de este mes en una zona próxima a Garde, con el resultado de dos ovejas muertas. Sólo dos días después, en la noche del 15 al 16, dio muerte a otra oveja en la zona de Mintxate, en el término municipal de Izaba, y causó heridas a otras seis.

No hay evidencias de que sea Neré

En un principio se especuló con que estos dos ataques pudieran haber sido obra de dos animales distintos, teniendo en cuenta que entre ambas zonas existe una distancia de unos quince o veinte kilómetros. Algunas fuentes atribuyeron ese segundo ataque a Neré, un gran macho esloveno que fue reintroducido en el Pirineo central-oriental y que poco a poco se ha ido desplazando hacia el Oeste para llegar hasta tierras vascas.

Neré ya dejó el pasado año abundantes indicios de sus incursiones por el Pirineo navarro, y los expertos que hacen seguimiento de estos animales protegidos le conocen bastante bien. Así, se sabe que la principal diferencia entre Camille y Neré es el tamaño, ya que al primero se le estima un peso aproximado de 125 kilos, muy inferior a los 200 que le atribuyen al oso de procedencia eslovena. Esa diferencia se refleja de forma nítida en el tamaño de las huellas, mucho más grandes en el caso de Neré.

Cuando se trata de dos animales de complexión similar resulta muy complicado individualizar a cada uno por sus huellas. En estos casos los guardas de Medio Ambiente tienen que seguir un protocolo que consiste en recoger muestras genéticas, pero teniendo cuidado de no contaminarlas con las suyas. Por este motivo, utilizan guantes, mascarillas y pinzas a la hora de recoger pelos y excrementos, que luego son enviados al Museo de Ciencias Naturales de Madrid para realizar los correspondientes análisis y determinar con qué oso se corresponden.

En estos dos recientes ataques de Garde y Mintxate las huellas encontradas apenas dejan dudas de que pertenecen a Camille. A diferencia de la nieve, donde se deforman mucho, el barro las ha conservado en esta oca- sión muy nítidamente, ya que había llovido de forma abundante. No obstante, habrá que esperar a los resultados de los análisis genéticos para poder confirmar de forma categórica que fue Camille.

Es cierto que Neré visitó el pasado año territorio navarro, pero eso no significa nada, ya que es un animal joven que se mueve muchísimo. Los expertos todavía no pueden asegurar si finalmente se asentará en el Pirineo vasco o proseguirá sus viajes erráticos por Huesca y Bearne, como ha venido haciendo en los últimos años. Además, hay que tener en cuenta que en primavera los osos entran en celo y su zona de campeo se agranda muchísimo, ya que recorren grandes distancias en busca de hembras.

El macho que se cruzó con cannelle

Precisamente es la ausencia de hembras en el núcleo occidental del Pirineo la que hace que Camille y Neré puedan compartir un mismo territorio sin que se produzcan enfrentamientos entre ellos. Suele ser habitual que si dos machos coinciden en la misma zona, tengan un comportamiento encaminado al marcaje de sus dominios, como realizar zarpazos en los áboles. Pero si no existe una hembra por la que competir, se toleran bastante bien, ya que cada uno suele vivir a su aire.

Las que realmente marcan el territorio osero son las hembras, ya que, si éstas desaparecen, los indicios de los machos suelen bajar o incluso desaparecer en esa zona. Así ha ocurrido en el Pirineo occidental, donde sólo quedan cuatro ejemplares, y los cuatro machos. Además de Camille y Neré, se encuentra Aspe Sudouest, un oso asentado en el valle de Aspe pero que el pasado año también realizó alguna incursión por territorio navarro.

El cuarto macho es Cannelito, un joven oso mitad pirenaico y mitad esloveno, ya que es el resultado del cruce entre Neré y Cannelle. Como se sabe, ésta se convirtió en la última hembra pirenaica, ya que un cazador francés la abatió a tiros el 1 de noviembre de 2004 en el Valle de Aspe. Aquella pérdida hizo que Neré comenzara a moverse de forma errática y a pasar de forma frecuente a la vertiente sur del Pirineo. Hace varios años ya se detectó su presencia en la selva de Oza, en el valle oscense de Hecho, y el año pasado se comprobó que había llegado a territorio navarro gracias a que sus huellas fueron halladas en la zona de Txamantxoia y Larra.

 
Cuatro machos y ni una sola hembra en el núcleo occidental

La conscuencia más grave de la pérdida de Cannelle fue que la población autóctona del oso pardo pirenaico quedó condenada a la extinción. En estos momentos, los cuatro machos existentes en el Pirineo occidental no tienen ninguna hembra con la que poder aparearse. Las más cercanas son las reintroducidas en el Pirineo central-oriental, como Louchon y Valle de Aran. Al contrario que los machos, las hembras tienen poca movilidad, y no es probable que se desplacen hasta tierras bearnesas, oscenses o vascas. Por ello, si no se reintroduce alguna hembra, la pervivencia de esta emblemática especie en el núcleo occidental va a resultar muy complicada. I. V.

Joaquín Anaut, ganadero roncalés: «En esta zona de Garde es donde más actúa el oso»

A sus 69 años de edad, Joaquín Anaut sigue trabajando con un rebaño de unas 450 ovejas en Garde, un pueblo bastante aislado y rodeado de densos bosques. Como todos los días, la mañana del pasado día 14 este ganadero roncalés fue a la borda que tiene a unos diez minutos del pueblo, al lado de la carretera que enlaza Garde con la localidad oscense de Anso a través del puerto de Matamachos. Nada más llegar a la nave ganadera, Joaquín Anaut ya sospechó que «algo raro» había ocurrido.

«Aquel día vi el ganado desbarajustado -relata-. Las ovejas solían bajar todos los días al corral, pero aquel día no bajaron. Yo las solía dejar por las tardes pastando en el monte, y a la mañana siguiente las encontraba en el corral. Ese día no las encontré y sospeché que algo había pasado. Primero pensé que, como había habido tormenta, no habrían bajado por eso. Pero luego empezamos a mirar por los alrededores y encontramos una oveja muerta. Se conoce que el oso las estuvo esperando por la tarde, cuando volvían al corral».

La zona donde se produjo el ataque del oso se conoce como Belkoj. Aquella noche había llovido y las huellas del plantígrado quedaron perfectamente marcadas y muy claras, según pudieron comprobar al día siguiente los guardas de Medio Ambiente del Gobierno de Nafarroa. Tras realizar las correspondientes mediciones de las pisadas y de recoger muestras de pelos y excrementos, la primera conclusión que sacaron fue que el autor del ataque había sido el viejo Camille.

«Éste es el primer ataque de esta temporada, pero el pasado año tuve trece o catorce ataques -recuerda Joaquín Anaut-. En esta zona de Garde es donde más actúa el oso. Aquí suele pegar todos los años, y también en la zona de Izaba».

¿Y por qué Camille tiene preferencia por esta zona? «Yo creo que viene por aquí porque tiene la guarida por estas tierras -responde este ganadero de Garde-. Además, son unos montes en los que tiene mucha defensa. Por aquí no suele andar nadie, el animal está tranquilo y además encuentra ovejas para comer».

Aunque reconoce que las ayudas del Gobierno de Nafarroa (300 euros por las molestias ocasionadas y unos 150 euros por cada oveja muerta) le compensan en el aspecto económico, Joaquín Anaut se muestra claramente contrario a la presencia de osos en estos parajes. «Las ovejas las pagan bien, pero sólo pagan por las que aparecen muertas, no por las que desaparecen. Si no se presenta la oveja muerta, no hay nada que hacer, no pagan nada. Pero lo peor es la extorsión de tener que estar pendiente del oso. Yo no lo quiero. Lo que pasa es que está aquí, ¡y a ver quién lo quita! Esto es lo que hay», comenta con resignación.

Gracias a los comentarios que se hacen en el valle, supo que dos días después del ataque a su rebaño hubo otro similar en Mintxate, en término municipal de Izaba. Cuando tienen ocasión, los ganaderos perjudicados suelen comentar este tipo de ataques, pero no se plantean tomar medidas. «Yo no veo ninguna solución, porque estamos pocos ganaderos y tenemos muy poca fuerza. Si la Administración quiere que siga el oso y la gente también, ¡a ver qué puedes hacer contra eso! -exclama-. Por mucho que digas que no, es una guerra que la tienes perdida de antemano. No hay nada que hacer».

Este ganadero también ha tenido alguna vez ataques de perros al ganado, pero afirma que es «completamente distinto». Aunque Medio Ambiente no paga los ataques cometidos por perros, porque no se trata de animales protegidos, este veterano ganadero teme más los ataques del oso: «A veces hay algún ataque de perros, pero cada vez menos. En esta zona el que ataca es el oso, no el perro».

«Lo malo es que te sorprenda»

Joaquín Anaut fue uno de los pocos privilegiados que en mayo del pasado año tuvo oportunidad de ver a Camille a poca distancia, cuando el guarda Josu Antón obtuvo fotografías del oso que mostraban claramente la dermatitis que sufre en los cuartos traseros.

«Fue a principio de temporada -recuerda Anaut-, cuando Camille andaba comiendo la carroña de una vaca y estaba continuamente en el mismo sitio. Lo vimos tres o cuatro veces a bastante distancia. Nosotros veíamos al oso, pero él a nosotros no. ¿Qué se siente al ver un bicho así? Como estábamos resguardados, pues nada, no hay ningún problema. Lo malo es que te sorprenda en el monte». I. V.

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