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Raimundo Fitero

La mascarilla

Uno de los iconos de la propaganda sanitaria globalizada es el uso de mascarillas para protegerse de los contagios indefinidos. Ver a soldados, policías, voluntarios repartiendo por las calles, por los lugares de concentración de masas en México, no produce otra cosa que una angustia de baja intensidad. Si se contribuye a esta tensión con la difusión de unas fotos de jóvenes besándose por la calle con las mascarillas puestas, podemos acelerar nuestras sensaciones de estar siendo timados.

Si se trata de una pandemia como dejan entrever algunas apariciones de mandatarios gubernamentales, de miembros de agencias sanitarias, ¿la solución es una simple mascarilla? La prevención es la primera barrera contra toda contaminación vírica, pero en ocasiones parece que se busca más un espectáculo, crear una alarma, por si acaso, que decisiones realmente lógicas para conseguir que se eviten los contagios. Y su simbología está en las mascarillas universalizadas.

Lo único cierto es que se habla de una gripe porcina que ya ha causado cerca de un centenar de muertos y miles de afectados, que se ha detectado de manera muy concentrada en México, pero que ya han sido calificados casos en otros países y que parece ser que hasta en Euskal Herria hay un probable caso de esta gripe. No debe ser una casualidad que esta nueva alerta universal sea de una afección gripal ligada a un animal doméstico, ya que todavía nos suenan los peligros de la gripe aviar, y ahora son los cerdos los que parecen ser los transmisores de esta epidemia. Si la carne de cerdo debe desaparecer de la dieta por precaución tenemos un grave problema de alimentación en la parte cristiana del globo terráqueo.

Las vacas locas fueron las primeras que nos cuestionaron nuestros hábitos alimentarios, pero ahora las vacas tienen su mapa genético desarrollado, el genoma de la vaca lechera dicen que va a contribuir a tratamientos para mejorar sus prestaciones. A lo mejor logran aquello de la canción y dan leche merengada. Hasta que nos pasen la gripe vacuna. Habrá que ponerse la mascarilla hasta en el cerebro para no contaminarse con tanto abuso productivista en las granjas.

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