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Alizia Stürtze Historiadora

El poder habla en prosa...

Ylos trabajadores y pueblos en lucha por su liberación y su dignidad también. Sólo que se trata, o debería de tratarse, de una prosa radicalmente diferente. La última ocasión en que tuve el honor de estar con Alfonso Sastre recordaba, con mirada divertida y sonrisa pícara, a M. Jourdain, ese rico burgués con deseos de ascender en la rígida escala social de la Francia del siglo XVII que ridiculizó Molière en su «El burgués gentilhombre», y que se sorprendía muy gratamente cuando su «maestro de Filosofía» le hacía descubrir que, sin él saberlo, llevaba 40 años hablando en prosa y que en prosa hablaba cuando decía: «Nicole, tráeme las pantuflas y el gorro de dormir».

Al igual que M. Jourdain, Rubalcaba (aunque quizá no se haya parado a pensarlo) también habla en prosa, y Zapatero, y Urkullu, y Sanz, y Rosa Díez, y Jiménez Losantos y hasta Iturgaiz cuando nos «deleita» con su incomprensible «euskañol» o Aznar cuando, tras su bigote fascista, se expresaba en spanglish. En prosa escriben Savater y Pedro J. y en prosa dan las «informaciones» en televisión y nos inundan con crímenes execrables y terribles casos de pederastia, para fomentar en la población, convertida en verdugo, un sentido medieval de la venganza. En prosa interrogan en comisaría y en prosa realiza la Audiencia Nacional sus inquisitoriales procesos contra la izquierda abertzale. En prosa oculta EITB los espléndidos datos obtenidos por II-SP en Nafarroa y en prosa nos transmiten el pucherazo de las elecciones europeas del 7-J, invitándonos a transigir con algo tan indigno, social e individualmente, como es el fraude electoral. Gracias a su control del poder y de la información, utilizan la prosa para fabricar mentiras, ocultar, engañar, manipular, anestesiar, alienar, paralizar, confundir, censurar, insultar, provocar peligrosas reacciones emocionales, crear rumores, tapar sus constantes bandazos, sembrar terror, demonizar... y justificar la represión de todo aquel que se mantenga despierto, vivo, activo y confiado en sus percepciones, sus pensamientos, su autoestima y su sed de verdad, de igualdad y de justicia.

A sabiendas de que, como decía Heidegger, «las palabras son a menudo en la historia más poderosas que las cosas y los hechos», usan, además del burdo insulto y de la más burda ilegalidad democrática, una calculada y repetitiva prosa como modo de perpetuarse en el poder y como letal armamento verbal contra toda disidencia.

Afortunadamente, como comprendió hasta el petimetre M. Jourdain, todos tenemos la capacidad de hablar y escribir en prosa, y son muchos los que lo hacen desde un inquebrantable deseo de justicia, igualdad y libertad. Usando una prosa liberadora, han logrado los groenlandeses en referéndum su derecho a la independencia. Con una prosa preñada de dignidad, los indígenas peruanos se enfrentan a las nuevas leyes que promueven la minería extranjera en el bosque tropical; la transparente y veraz prosa de personas dignas, éticas, comprometidas, «rojas» e inter-nacionalistas como Alfonso Sastre ha sabido abrir las compuertas tras las que Madrid, con la colaboración del PNV y de Aralar (a quien, por cierto, en esta ocasión no han felicitado ni Sanz ni Rubalcaba), pretendía apresar hasta ahogarlas las justas exigencias de cambio socioeconómico y de independencia de un aluvión de abertzales (patriotas) de izquierdas fieles a sus ideas, y de otro montón de anticapitalistas defensores del derecho de autodeterminación de los pueblos, y cuyo número, al parecer, ha asustado suficientemente al Estado como para tenerlo que esconder chapuceramente bajo la alfombra.

Con su prosa concisa, Arnaldo Otegi explica en rueda de prensa que la izquierda abertzale ha dado dos saltos importantes (el de la huelga del 21-M y el de las elecciones del 7-J) en la visibilización de ese importante bloque popular que demanda un cambio económico y social, y que ahora se trata de ir fortaleciendo, ampliando y dotando de una estrategia eficaz.

Sin embargo, además de los pasos que conciernen al ámbito estrictamente político, y desde esa transversalidad que menciona el dirigente abertzale, parece también imprescindible ir echando ya los cimientos de esa Batalla de Ideas a través de la cual, como en Cuba y Venezuela, podamos ir elaborando nuestro socialismo del s. XXI, para ir haciendo frente, junto a otros pueblos, a la globalización neoliberal fascista.

«... Y todo como el diamante,/Antes que luz es carbón» versificaba el gran José Martí, para quien el primer trabajo del ser humano es reconquistarse, y para quien ser culto, recibir durante toda la vida el sol y el rocío de la cultura y la educación, es el único modo de ser libre. «Las ideas son el arma esencial en la lucha de la humanidad por su propia existencia», repite incansablemente Fidel Castro. Y, como dice Alfonso Sastre, esas ideas (esa prosa revolucionaria) hay que elaborarlas, no desde la abstracción, sino desde la discusión, la experimentación, la reflexión y la crítica.

Ser de la izquierda abertzale o de la izquierda radical no nos libra de haber interiorizado la venenosa prosa capitalista que, como un ácido, ha ido socavando nuestra alma solidaria y revolucionaria. Entre nosotros también existe esa crisis de ideas de la que se lamenta Hugo Chávez, lo que sin duda alguna dificulta el verdadero avance. En la actual situación de degradación del pensamiento, de corrupción de los valores, de crisis socioeconómica e ideológica y de asesinato programado de la vida en este planeta, hemos tragado también esa mentirosa conexión entre educación y acceso al mercado o entre calidad de vida y capacidad de consumo... Nos hemos vuelto incultos, hemos perdido sabiduría, hemos desatendido valores como la ética, la autoestima, la verdad, la humildad, la generosidad, la voluntad, el sentido de la responsabilidad y el rigor, el amor y la ternura. Hemos asumido que educarse para la vida no es aprender a pensar y sentir, es decir, desarrollar tanto la inteligencia intelectual como la emocional, sino poseer conocimientos tecnológicos e idiomáticos. Nuestra prosa se ha empobrecido de modo alarmante, básicamente porque no tenemos ideas que transmitir, ni capacidad para hacerlo. El «¡ha sido la hostia!» lo mismo nos vale para un roto que para un descosido, para explicar que la policía ha repartido candela a mansalva o que la manifestación ha sido un rotundo éxito.

Dice Fidel Castro, uno de los principales estrategas de la Batalla de Ideas, que «no hay problema sin solución; de lo que se trata es de encontrar alternativas». El derecho a votar dignamente y siguiendo nuestra conciencia, que Rubalcaba nos quiso robar con su prosa reaccionaria, Sastre y el resto de compañeros nos lo restituyeron con la suya, diametralmente opuesta, auténtica, diáfana, comprometida y llena de futuro y de promesas. Ahora, desde ese trampolín y con la fuerza y experiencia acumuladas, nos ha llegado el momento de ponernos a trabajar en las ideas. Todos nosotros, pero muy especialmente las nuevas generaciones, necesitamos formación política, profundización en nuestras raíces y memoria históricas, foros de elaboración y crítica de herramientas prácticas para la lucha sociopolítica, estudio y comprensión, desde el inter-nacionalismo, de la geoestrategia imperialista y de la lucha de otros pueblos por sus derechos.

Desde la profunda convicción, en estos tiempos difíciles, de que no existe poder en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas, iniciemos ya nuestra propia Batalla de Ideas. Vayamos enriqueciendo nuestra propia prosa hacia la liberación nacional y social. Hagamos, como decía Martí, de cada uno de nosotros una antorcha.

Como antorcha ha sido (y será) la generosidad internacionalista de los compañeros de II-SP, a quienes mando desde esta página mi humilde y agradecido abrazo solidario.

Al tiempo que invito a todos los demócratas, entre otros a esos «progresistas» sectores informativos como EITB o Mediapro, tan preocupados por el fraude que pueda haber ocurrido en Irán, de manos del «malvado» Ahmadineyad, a que inscriban su nombre y documento nacional de identidad en www.egianahidugu.org para pedir que se clarifiquen todas las dudas sobre las elecciones del 7-J en relación con Iniciativa Internacionalista. Al fin y al cabo, en lo que a democracia se refiere, Euskal Herria nos pilla mucho más cerca que Irán y, por ello, las sospechas de fraude (y su ocultación mediática) alcanzan un mayor grado de gravedad.

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