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Marcelo Alvarez, Lander Garcia, Patxi Belasko Ahaztuak

Año de la victoria, 18 de julio

Este modelo de impunidad tiene ya 70 años de vida, 40 vividos bajo el régimen franquista y treinta bajo la democracia que se gestó con él, y no será fácil quebrarlo, máxime cuando éste tiene tan buenos valedores en esta misma democracia

Alguien, desde el anonimato de un correo electrónico, nos dice de ella. Era Teresa Bañez Torres y era natural de Cantiveros, pueblo de Ávila. Era hija de Casiano y de Juana, estaba casada y residía en Madrid. Tenía 48 años y había ingresado en la prisión de Ventas el 16 de Mayo de 1939. En esa misma prisión se suicidó un día de madrugada dejando un papel escrito. «Yo no he robado ni matado a nadie, me quito la vida porque después del bien que hice no me quiere nadie ni tengo a quién delatar». Era hace setenta años, a las tres de la madrugada de aquel otro 18 de Julio de 1939, año apellidado por los golpistas triunfantes como «año de la Victoria».

«No me quiere nadie ni tengo a quien delatar». Frase demoledora, más aún cuando la sabemos escrita en esas circunstancias y cuando al leerla intuimos un soplo de aquel inmenso desierto de soledad y miedo que encierra, de la desesperación a la que Teresa hubo de ser arrojada para señalar como causantes de su suicidio la ausencia de dos posibilidades tan contrapuestas como son la de amar y ser amada y la de delatar a alguien, ambas situadas en esos momentos como imprescindibles para seguir viviendo.

Estremece ciertamente pensar a qué nivel de miedo y de sentimiento de abandono fueron capaces de llevar a esta mujer y a tantos decenas de miles en toda la Península los adalides de la Nueva España pero también estremece ver cómo muchos de los que sobrevivieron a aquel infierno siguen hoy con los rescoldos quemantes de aquellas sensaciones adheridos a su existencia y a su forma de ver el mundo y las cosas, inclusive su propia vida, su propia experiencia vital en lo personal y a menudo en lo político, en lo social, en lo colectivo.

Creemos que son éstas algunas de las reflexiones que no podemos ni debemos dejar de lado cuando nos hallamos una vez más en este 18 de julio, y cuando la tozuda realidad del genocidio franquista y la del modelo español de impunidad con que se sigue agrediendo a las víctimas del mismo no hace sino aparecer una y otra vez. En cuanto a la primera, sobran las disquisiciones acerca de su realidad y de su alcance: los siete cuerpos hallados en las riberas del Urumea en Donosti hace pocas semanas y los más de treinta hallados en la fosa de Milagros, en Burgos esta misma semana, no hacen sino certificarla una vez más y desgraciadamente no será ni mucho menos la última.

En cuanto al modelo español de impunidad y a pesar de las apariencias, hay elementos que nos marcan claramente la necesidad de reforzar la lucha contra él, pues no se anula sólo con palabras y disquisiciones su lógica tendencia a asentarse, perpetuarse y en mucho casos profundizarse por activa -por lo que se hace- o por pasiva -por lo que no se hace-. Este modelo de impunidad tiene ya 70 años de vida, 40 vividos bajo el régimen franquista y treinta bajo la democracia que se gestó con él, y no será facil quebrarlo, máxime cuando éste tiene tan buenos valedores en esta misma democracia. No se puede pensar otra cosa, cuando vemos a las jerarquías eclesiásticas vascas y a los mandatarios políticos institucionales vascos celebrando un funeral por víctimas del franquismo bajo las alas del aguila imperial fascista sin ningún incomodo. No se puede pensar otra cosa, cuando en el pleno del Ayuntamiento de Barakaldo hay mayoría para mantener de forma honorífica en su salón de plenos los retratos de los alcaldes fascistas, o cuando se sigue silenciando o intentando eliminar de la memoria democrática y antifascista a centenares de luchadores y resistentes encuadrados en el maquis o en las organizaciones armadas que combatieron contra el franquismo, o cuando se decreta la eliminación de placas en honor de aquéllos que combatieron contra el fascismo mientras se mantienen e incluso se reponen placas y monumentos en honor de los criminales golpistas como el general Yagüe... Si a todo esto le sumamos hechos como el rechazo desde las altas instituciones políticas españolas a la posibilidad de persecución de los delitos de Lesa Humanidad y a la aplicación de la Jurisdicción Universal para este tipo de delitos, si además contemplamos la denegación a la viuda de José Luis Bravo, resistente antifranquista fusilado el 27 de septiembre de 1975, aduciendo su pertenencia a una «organización terrorista» siguiendo escrupulosamente su tipificación franquista, o si ademas vemos que el Ararteko en un reciente informe aboga sin empacho por dedicar calles a torturadores como Melitón Manzanas o a mandatarios fascistas del nivel de Luis Carrero Blanco... pues la realidad de la vigencia y saludable estado de este modelo español de impunidad es tan elocuente como preocupante, tan preocupante como pensar en la incidencia que la perpetuación consciente de ese modelo por parte de los responsables políticos e institucionales actuales ha de tener forzosamente en nuestro modelo político y social, en nuestros derechos y posibilidades democráticas.

Es este 18 de Julio del año 2009 cuando a la vista de todo ello creemos necesario que todos reflexionemos sobre la necesidad de desenterrar y recuperar mucho más que los huesos de los nuestros que eran la esperanza democrática, el futuro democrático aquel 18 de Julio de 1936 y que por eso fueron presos, exiliados o sepultados junto a sus sueños de justicia y de libertad.

Mientras esos sueños y esos valores no sean desenterrados junto con sus huesos, mientras no sean sacados también «al aire puro de vivir», activados en la potencialidad y en la practica política, social, económica, cultural, democrática,... cotidiana seguirán estando unos y otros -huesos y valores- estrictamente muertos y sea el 18 de Julio que sea y el año que sea solo serán, para desgracia de todos los espíritus libres, una mera proongación de aquel otro 18 de Julio, de aquel «año de la victoria».

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