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«Por primera vez en veinte años, Nicaragua tiene un norte»

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Ainara LERTXUNDI

william grigsby
periodista y militante del frente sandinista de nicaragua

William Grigsby dirige la emisora de radio Primerísima, propiedad de los trabajadores, y la revista «Correa». Desde su posición como analista político y militante del Frente Sandinista, aborda en esta entrevista a GARA los retos del Gobierno de Daniel Ortega, sus aciertos y retos por cumplir en un país que, tras una cruenta guerra y 17 años de neoliberalismo, afronta una situación social «catastrófica».

La guerra y diecisiete años de gobiernos neoliberales dejaron a Nicaragua en una situación «catastrófica» de la que intenta recuperarse. «Aunque el camino es difícil y está lleno de contradicciones, se están sentando las bases para que pueda iniciar el camino del desarrollo», afirma el periodista y militante sandinista William Grigsby.

El 10 de enero de 2007, Daniel Ortega juró su cargo como presidente tras ganar las elecciones, celebradas en noviembre de 2006, con el 37,99% de los votos. ¿Cómo valora la labor del Gobierno en este periodo?

La llegada al Gobierno del Frente Sandinista ha dado la oportunidad al país para reiniciar su proceso de liberación nacional, interrumpido con la derrota del Frente Sandinista en 1990. Este proceso tiene, básicamente, dos aspectos; uno de carácter económico-social y otro político.

En estos 17 años, Estados Unidos logró profundizar la dependencia económica de Nicaragua con los mercados norteamericanos y la atadura con el sistema capitalista internacional. Esto ha causado dificultades al Gobierno para sentar las bases de la independencia nacional.

En lo político, ha recuperado la independencia en política exterior e interior, por lo que Nicaragua ha vuelto a tener un sitio en la esfera internacional, que le caracteriza por su solidaridad con las luchas de otros pueblos.

A nivel económico y social, el avance es más lento pese a que se ha incorporado al ALBA, el paso estratégico más importante que ha dado en los últimos 20 años. Gracias a esta alianza, ha superado la crisis energética y petrolera, y ha encontrado financiamientos alternativos.

En estos 30 meses, el Gobierno del Frente Sandinista ha logrado recuperar los derechos sociales para las mayorías empobrecidas. El 17 de julio, Nicaragua será declarada libre de analfabetismo, según los criterios de la UNESCO. Ya se ha recuperado la salud gratuita para todo el mundo, hay financiamiento para la pequeña y mediana producción campesina, y existe un plan concreto para sacar del hambre a miles de familias.

Quizás una de las cosas más importantes es que, por primera vez en 20 años, Nicaragua tiene un norte; la recuperación de la actividad agrícola y ganadera. Siempre ha sido un país agrícola y ganadero, pero había perdido esa esencia porque el neoliberalismo de EEUU había asignado a Nicaragua la tarea de ser simplemente consumidores.

Este año, en plena crisis del capitalismo, la agricultura nicaragüense va a crecer un 5%.

Mantiene, por tanto, una visión positiva del mandato de Ortega.

El Gobierno está haciendo lo mejor que puede en medio de las difíciles circunstancias en las que le ha tocado trabajar. En primer lugar, es minoría parlamentaria, lo que le dificulta aprobar su agenda legislativa y avanzar en una serie de temas que requieren de reformas en el Estado o de nuevas leyes.

En segundo lugar, el entorno es muy difícil por la crisis del capitalismo mundial.

Además, el neoliberalismo dejó al país en una situación de catástrofe social. El 27% de la población sufre de desnutrición crónica; hasta hace un par de años, más de un centenar de niños morían al nacer -se ha conseguido reducir esta cifra a 76 niños-; había una elevada tasa de mortalidad infantil que superaba los índices internacionales, teníamos un país analfabeto, más del 50% de la gente tenía desempleo real, aunque en este momento el índice va a subir con la crisis. En resumen, teníamos un país postrado social y económicamente.

¿Qué diagnóstico hace de las municipales de 2008?

Que las políticas del Gobierno han logrado conquistar el voto de la gente. También dejaron ver la debilidad de EEUU y la Unión Europea en su estrategia contra el Gobierno. A sabiendas de que no podían ganarle al Frente Sandinista, desataron toda una campaña siete meses antes de las elecciones para deslegitimar lo que a todas luces era previsible; el triunfo sandinista, que ganó en 109 de 154 municipios. Dijeron que iba a haber fraude y que los comicios no eran creíbles. Fíjate qué casualidad, la consigna de la oposición derrotada el 9 de noviembre de 2008 era «¿Dónde está mi voto?», la misma consigna que en Irán. Yo no creo en casualidades. Se lo quisieron hacer al presidente de Ecuador, Rafael Correa. De hecho, un sector de la oposición sigue diciendo que hubo fraude. Nadie lo toma en cuenta porque carece de seriedad.

En ocasiones y, sobre todo las nuevas generaciones, se olvida que Nicaragua vivió una cruenta guerra. ¿Cómo afronta el proceso de recuperación?

Nicaragua perdió dos generaciones: la primera en la guerra que duró de 1974 a 1990, y la segunda entre 1990 y 2007.

Fueron dos maneras de perder diferentes. La primera fue por muerte, por los que quedaron lisiados de por vida y por los daños ecológicos y en la infraestructura productiva. Hubo cerca de 60.000 muertos y otros tantos lisiados; estamos hablando de 120.000 personas, el 90% o más varones. Ello significó una pérdida irreparable para el país en términos económicos, sociales y familiares.

De 1990 a 2007, el neoliberalismo revirtió todos los cambios que había hecho la Revolución en la educación pública y convirtió las escuelas y colegios de secundaria en aulas para crear consumidores, obediencia y servilismo. El resultado lo vemos hoy en día. Tenemos una generación de muchachos que no están capacitados para dirigir la sociedad o la economía.

Hay quien considera que, realmente, se han perdido más de dos generaciones porque son 1.300.000 los nicaragüenses expulsados por el capitalismo y que actualmente viven en Costa Rica, EEUU u otros países de centroamérica. Ése es el soporte principal de la economía.

El desafío de este Gobierno es resolver el hambre, recuperar los derechos sociales y poner al país en pie para iniciar un camino de independencia.

¿Cuál sería su radiografía de la situación nicaragüense?

Calamidad social, mayorías empobrecidas y un país que busca huir del atraso sobre la base de sus propios recursos en alianza con otros pueblos. Nicaragua va por un buen camino, aunque sea difícil y lleno de contradicciones y complejidades. Se están sentando las bases para que a medio plazo pueda iniciar el camino del desarrollo.

Una de las primeras iniciativas del Gobierno fue la puesta en marcha del programa Hambre Cero. ¿Qué frutos ha dado?

Consiste en capitalizar a los campesinos que tienen al menos dos hectáreas de tierra. Se les entrega una vaca parida, una chancha, aves de corral, semillas de arroz, frijoles y maíz, asistencia técnica y financiamiento para iniciar la producción. En los dos primeros años, se han beneficiado 32.000 familias, lo que equivale a más de 150.000 personas que han superado el hambre con este programa específico para propietarios de tierras.

Queda pendiente, y creo que ha sido una debilidad del plan del Gobierno, el 20% de la población que vive en el campo y no tiene tierra; que sólo dispone de su fuerza de trabajo. No hay todavía un programa específico para incorporarlos a la sociedad como fuerza de trabajo cualificada o con los derechos sociales correspondientes.

La derogación del aborto terapéutico ha generado fuertes críticas de asociaciones de mujeres. ¿Cómo interpreta esta decisión del Gobierno?

Es un retroceso. Hemos ido atrás en más de cien años, porque ese era un derecho reconocido por el Código Penal de 1895. No estamos hablando del aborto per se, sino de una medida terapéutica para salvarle la vida a una mujer, que tiene legítimo derecho a la defensa. Eso fue confiscado por un acuerdo político entre la derecha, el Frente Sandinista y las jerarquías católica y evangelista. Dicho esto, que es inaceptable e inadmisible, también es cierto que, si bien el Código Penal actual castiga a las mujeres y médicos que practican el aborto terapéutico, en la práctica no se aplica porque el Gobierno no tiene voluntad política para hacerlo. En Nicaragua funcionan muchas clínicas donde se practican todo tipo de abortos y el Gobierno sabe cuáles son y no pasa nada, siguen funcionando. No obstante, el Frente Sandinista está obligado a utilizar todas las palancas del poder que tiene en sus manos para que ese derecho vuelva a ser restituido a la sociedad.

Como periodista, ¿cuál debería ser el papel de los medios?

El primer desafío de los medios que no estamos sometidos a la dictadura mediática universal es la calidad. El segundo, conquistar televidentes, oyentes o lectores en base a esa calidad y a la veracidad, y no tener miedo a tomar posición política. No podemos ofrecer al público un producto mal hecho, porque la gente aprecia la calidad. Muchas veces, los medios alternativos nos conformamos con muy poco y aún así queremos que la gente nos escuche, lea y vea.

Debemos llegar al convencimiento de que la noticia es lo que menos importancia tiene. Tenemos que profundizar en la creación de contenidos propios, desde series, películas hasta programas culturales. Debemos dejar la marginalidad a la que nosotros mismos nos hemos sometido. En muchas ocasiones, nos consideramos muy buenos porque nos oyen los familiares o amigos. Eso es absolutamente ineficaz. Se nos olvida que, a fin de cuentas, un medio de comunicación es eso: comunicación. Si no hay gente que te oiga, escuche y lea, difícilmente vas a tener eficacia.

Entre 1990 y 2000 hubo una disputa silenciosa entre el imperialismo norteamericano y el europeo por el mercado latinoamericano. A partir de 2005, empiezan a actuar de manera conjunta. Los dos tienen un mismo discurso y estrategia, que pasa por la recolonización.

 

«Aunque se disfrace, sigue siendo lobo»

Se ha referido a los años oscuros de Nicaragua, en los que predominó la injerencia de la CIA, y a su dependencia hacia Washington. ¿Considera que Barack Obama puede desterrar esas viejas prácticas que imperaron en la década de los 70 en Latinoamérica?

El lobo aunque se disfrace de oveja, sigue siendo lobo. En mi opinión, Obama es el mejor político para salvar el imperialismo norteamericano. En América Latina han cambiado los discursos, pero no los hechos. El ejemplo más significativo es Cuba. Obama mantiene la guerra contra la isla, si bien en campaña prometió poner fin a esta guerra. Más aún, la Corte Suprema acaba de ratificar una condena inmoral e injusta contra los cinco presos políticos cubanos. El de Obama puede parecer un discurso muy bonito y su sonrisa muy agradable, pero en el fondo, los hechos son idénticos a la política de George W. Bush.

En marzo de 2008, América Latina dio una enorme lección. Cuando Colombia invadió Ecuador, hubo una reunión del Grupo de Río y, por primera vez en la historia, una controversia latinoamericana fue resuelta por los latinoamericanos sin la intervención estadounidense. Están ocurriendo cosas muy novedosas al margen de la voluntad estadounidense. Además, EEUU ya no tiene manos libres para operar militarmente en la región y es muy difícil que pueda generar condiciones políticas internacionales que justifiquen una invasión militar.

Sin embargo, han arreciado las denuncias de intentos de magnicidio contra Evo Morales y Hugo Chávez.

La CIA ha cambiado su estrategia de penetración. En Bolivia, por ejemplo, lo intentó por la vía de las ONG. Tras su fracaso, llegaron los intentos de magnicidio. En Venezuela, no prosperaron ni el golpe de Estado ni los paros petroleros ni los planes para matar a Chávez. En Cuba hizo exactamente lo mismo. A. L.

 
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«De 1990 a 2007, el neoliberalismo revirtió todos los cambios de la Revolución y convirtió las escuelas en aulas para crear consumidores y obediencia»

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«Más de 150.000 personas han superado el hambre con este programa para propietarios de tierras. Queda pendiente el 20% de la población que vive en el campo y no tiene tierra»

ABORTO

«El Frente Sandinista está obligado a utilizar todas las palancas del poder para que ese derecho vuelva a ser restituido a la sociedad»

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«El desafío de este Gobierno es resolver el hambre, recuperar los derechos sociales y poner al país en pie para iniciar un camino de indepedencia»

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