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CRÓNICA Baztandarren Biltzarra

Elizondo brinda con sidra tras llevarse dos orejas en el desfile

Desfiló primero el joaldun. Le seguían la ikurriña, la bandera del Baztan y la de Nafarroa. Después, llegó el turno de la imaginación y de las dotes de interpretación de los vecinos del valle, que tuvieron como escenario las carrozas que han construido a lo largo del año y entre las que se intercalaron trikitilaris, dantzaris y gaiteros.

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Aritz INTXUSTA

El Baztandarren Biltzarra reunió ayer a miles de personas que esperaban la vistosa fiesta de hermanamiento de los 15 pueblos del valle del Baztan. Como todos los años, y ya van 46, cada localidad tiró la casa por la ventana. Sin embargo, de entre todas las carrozas, la que más aplausos recibió fue la de la comunidad de ecuatorianos que viven en el valle y que se animaron a participar en la fiesta de hermanamiento. Contaba de dos partes: un control de inmigración, con sus policías y la valla de una cárcel, y un enorme avión de aerolíneas «Lan», desde el que saludaban media docena de estos nuevos vecinos.

Los pueblos optaron por rememorar capítulos de su historia o los modos de vida tradicionales. Así, los de Azpilikueta rindieron homenaje a la lana. En sus carrozas había ovejas, una habitación con colchón de lana, unas jóvenes vareando y otras cardando y también dos mozos esquilando en vivo a dos latxas que no paraban de patalear. Almandoz se centró en los pastores y Amaiur alardeó del concurso de perros. Con frecuencia, los amaiurtarras extendían un vallado en plena calle y montaban un circuito con setos, mientras un pastor con su perro jaleaba el rebaño. Las ovejas se manejaban bastante bien, pero al final siempre acababan derribando los obstáculos.

Para simpática, la carroza de los de Erratzu, que finalmente se llevaron el tercer premio. Construyeron una iglesia sobre el remolque del pequeño tractor tras el que los jóvenes iban en procesión con una muñeca vestida de virgen entre rogativas y «Ora pronobis».

Por su parte, Ziga defendió el título conseguido el pasado año rememorando la brecha que se abrió entre ricos y pobres en el pueblo. La mitad iban disfrazados de ricos de los años cuarenta, mientras que el resto tiraba del carro como si fueran burros y, por si fuera poco, eran arreados por un cura que les abroncaba por sus pecados. Les valió el segundo premio.

El desfile continuaba con Arraioz y su homenaje fue para el contrabando, el modo de vida de muchos de sus habitantes durante generaciones. Daban miedo los guardias civiles con tricornio y perdigonera que arrestaban una y otra vez al mismo «contrabandista» que se escondía en una caseta en el monte.

Los jóvenes de Irurita, por su parte, almorzaban y bebían cerveza desde su carroza en recuerdo a la fundación del local Lagunarte Gure Kaiola, que se encuentra en la antigua pescadería del pueblo. Gartzain se centró en la cuadra y en las metas y los de Arizkun desfilaron sobre burros. Una discusión entre madre e hija fue el teatrillo con el que compitió Oronoz.

Behikaka y horca

Varios colectivos también se sumaron a la fiesta. La radio del valle, Xorroxin, presentó su carroza «Behikaka» tirada por bueyes. La radio animaba a comprar boletos para su sorteo y denunciaba la precaria situación económica que vive. «Xorroxin irratia, euskalduna hitza, bertarako bihotza» fue su lema. Un juez sobre un cadalso con horca fue el tema de Herri Ekimena para denunciar la represión de la izquierda abertzale.

Elizondo aportó seis carrozas. Destacaba, de entre todas, la plaza de toros de la cuadrilla Belatzak. Tenía una grada altísima, desde la que tocaba una charanga, y también burladeros desplegables. Se llevó el primer premio. Desde el punto de la mañana, Elizondo había amanecido lleno de carteles que anunciaban la gran corrida, con ganadería de Joxe Urrutia, para los diestros Sansi («El recortador del viento»), Mañu («El Jezulín del norte») y Oier («El ágil y veloz»). Los tres matadores se pegaron después todo el desfile saludando con su cohorte de mujeres con peineta. No andaban tan finos con la vaquilla.

Sin embargo, el primer premio en esta ocasión fue compartido con otra cuadrilla de Elizondo, Beti Zurrutak, que montó una sidrería de tamaño descomunal, con su prensa y una enorme rueda que hacían girar los mozos. Desde su carroza con dos pisos llovieron las manzanas hacia el público. Detrás de la sidrería, dos bueyes tiraban de una enorme kupela.

La jornada se remató con una multitudinaria comida de casi 1.800 comensales, incluyendo a las 120 personas que sirvieron la piperrada, la tortilla de patata y el chilindrón. Durante toda la mañana, el sol pegó con tanta fuerza que el mozo de Ziga disfrazado de cura acabó duchándose en la fuente de su carroza con sotana y todo.

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