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Una propuesta artística analiza el papel de la violencia y el placer como motores de la vida

La mayoría de las mujeres en México tiene gran capacidad para asumir la contradicción que implica la convivencia del placer y la violencia, según afirma la artista catalana Mireia Sallarès.

M. Mateos-Vega (LA JORNADA) | MEXICO DF

Durante el desarrollo de su proyecto, en el que lleva embarcada cuatro años, las ideas de placer y violencia encontraron un punto de unión en una expresión no menos provocadora: «la muerte chiquita», como se conoce en tierras mexicanas al orgasmo. En una entrevista con «La Jornada», la catalana Mirella Sallarès explica que en 2006 obtuvo una beca para realizar una obra en el Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes, gracias a un intercambio con el Centro Cultural Hangar, de Barcelona. «En mente, más que ideas teóricas tenía la intención de trabajar a partir de historias de vida, porque la realidad me interesa por lo misterioso que contiene», explica la artista.

El hilo conductor serían esos dos temas que, en su opinión, son los motores de la vida: violencia y placer, pero en un contexto femenino. «El tema del orgasmo me gustaba por el concepto de los franceses: petite mort, el cual viene de la época de los libertinos, del Marqués de Sade y compañía, con toda su connotación oscura. Pero cuando descubro que aquí existe la expresión, `la muerte chiquita', que no es tan obvia, me intereso en ella».

Con un neón que colocó en el desierto en Ciudad Juárez, Mireia Sallarès comenzó así un periplo por diversos espacios, no sólo fotografiando mujeres, sino entrevistándolas para un documental acerca de su experiencia en torno a la violencia y el orgasmo El resultado fue una obra multidisciplinaria con tres patas: una película, un libro-memoria donde se detalla toda la experiencia y una instalación que actualmente se presenta en Casa Vecina (México DF).

«Hay sorpresas, como hablar de la violencia que se genera en las propias mujeres contra ellas mismas. México es un espejo en el que me vi, creo que todas las historias humanas son un patrimonio que debería proteger la Unesco, porque de los otros aprendemos. Me gustaría que todo este material retumbara en muchas personas, no porque hubieran tenido historias de abuso sexual, sino porque estas mujeres dicen frases que nos recuerdan algún tipo de violencia».

«Las mujeres reabren temas, cuentan historias de vida de muchos embates -agrega-. Fui un personaje más y me llevo como regalo el descubrir que la mayoría de mujeres que he visto en México tiene gran capacidad para asumir la contradicción, y lo digo como algo positivo, aunque se que al mismo tiempo está cabrón. Ellas me compartieron su neta, su miedo en algunos aspectos, sus ganas de hablar, su madurez al asumir que placer y violencia son dos cosas que forman parte de la vida, y que las mujeres son muy autogeneradoras de violencia, que son unas hijas de la chingada con ellas mismas y que el patriarcado no se para hasta que realmente seamos solidarias».

FEMINICIDIO

«Me fui a Ciudad Juárez, Chihuahua, con un letrero de neón fucsia con esa frase a ponerlo en el desierto, donde han aparecido cuerpos de mujeres asesinadas; entonces, todo el proyecto tuvo otra dimensión».

VALENTÍA

El público se enfrenta, sobre todo, a las reflexiones y testimonios de mujeres que poseen «mucha valentía a pesar del miedo, mucha generosidad a pesar de lo íntimo y muchas ganas de cambiar las cosas, porque sigue ganando la violencia» deplora Sallarès.

Treinta testimonios de mujeres con Ciiudad Juárez como fondo

«Las Muertes Chiquitas» es resultado de cuatro años de trabajo de Mireia Sallarès, un proyecto interdisciplinario concentrado en las entrevistas a más de treinta mujeres de México de diferentes zonas del país; mujeres de diversas edades, estratos sociales, profesiones y religiones. Sus historias de vida nos llevan a conocer sucesos relacionados con los feminicidios de Ciudad Juárez, con las prostitutas de barrios marginados, con profesoras de universidad, exiliadas de guerras europeas, cero positivas y homosexuales o transexuales, ex guerrilleras de los años setenta, burguesas, indígenas, estudiantes, madres, abuelas, hijas... mujeres. La artista detalla que la mayoría de sus treinta entrevistadas confesó que la peor violencia que vivieron es la que ellas mismas ejercieron en su contra. La conclusión más importante que Sallès espera compartir con el público, es descubrir que una mujer que vive o ha vivido plenamente su placer, en libertad absoluta, lo ha pasado mal. Toda la información sobre este proyecto está colgada en internet en lasmuerteschiquitas. blogspot.com. Es un proyecto global con una exposición, una película documental de cinco horas que estos días se proyecto en el antiguo cine ópera de DF y que también se puede ver en YouTube, y un libro .GARA

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